RELATO 9
Magnus creía que muchas cosas antiguas eran creaciones de perdurable belleza. Las
Pirámides, David de Miguel Ángel, Versalles, Él mismo.
Sin embargo, sólo porque algo estaba viejo y repleto de años de tradición no lo hacía una
obra de arte. Ni siquiera si eras Nephilim y pensabas que tener la sangre del Ángel significa que tus
cosas son mejores que las de cualquier otra persona.
La Academia de Cazadores de Sombras no era una creación de perdurable belleza. La
Academia era un basurero.
Magnus no disfrutaba el campo a principios de primavera, cuando terminaba de verdad, a
finales del invierno. Todo el paisaje era tan monocromático, como una vieja película. Los campos
grises oscuros bajo un cielo gris pálido, y los árboles, despojadas garras grises bajo las nubes de
lluvia. La Academia igualaba su entorno, en cuclillas en el paisaje como un gran sapo de piedra.
Magnus había estado ahí un par de veces antes, visitando a sus amigos. A él no le había
gustado el lugar, recordó caminarlo tiempo atrás bajo los ojos fríos de los estudiantes que habían
sido entrenados en la oscuridad.
Al menos en ese entonces el lugar no había estado cayéndose. Magnus se quedó mirando
una de las esbeltas torres que estaban en cada una de las cuatro esquinas de la Academia. No se
sostenía de forma recta; de hecho, se veía como un pariente pobre de la Torre Inclinada de Pisa.
Magnus la miro, se concentró y chasqueó los dedos. La torre volvió a estar en su lugar,
como si fuera una persona agachada que había sido enderezada de repente. Ya está. Hubieron una
serie de débiles gritos que salían de las ventanas de la torre. Magnus no se había dado cuenta que
había gente dentro. No le parecía posible ya que se veía totalmente inseguro.
Bueno, los habitantes de la torre que antes se apoyaban para caminar pronto se darían
cuenta que les había hecho un favor. Magnus miró al ángel, situado por encima de la puerta. El
ángel lo miró, poseía una ardiente espada y una mirada dura, como si él no aprobara la forma de
vestir de Magnus y estaba a punto de pedir que la cambie.
Magnus caminó bajo el ángel crítico hacia el pasillo de piedra, silbando suavemente. La
sala estaba vacía. Todavía era muy temprano en la mañana, lo que tal vez explicaba por qué todo
el paisaje estaba gris. Magnus esperaba que el día se iluminara antes de que llegara Alec.
Había dejado a su novio en Alicante, en la casa de su padre. La hermana de Alec, Isabelle,
estaba quedándose allí también. Magnus había dormido con inquietud en la casa del inquisidor la
noche pasada, se fue con la excusa que tenía que desayunar solo. Durante años, Robert y Maryse
Lightwood habían arreglado sus vidas para no verse nunca, a excepción de cuando hubiera que
pagar las cuentas de la luz.
Magnus estaba bastante seguro de que Robert y Maryse hubieran deseado volver el
tiempo atrás. Magnus sabía que ellos nunca lo hubieran aceptado para su hijo, y aun si hubieran
elegido a un hombre, ciertamente no sería un subterráneo. Menos uno que sabía sobre sus días en
El Círculo junto con Valentine, de los que ambos no estaban orgullosos.
Magnus lo sabía. Podía amar a un cazador de sombras, pero era imposible a todos. Él
esperaba evitarlos cortésmente por muchos más años, y cuando sea necesario, tolerar
cortésmente a los padres de Alec. Era un precio muy pequeño a pagar para estar con él.
Justo ahora había escapado de Robert Lightwood, con la excusa de inspeccionar las
habitaciones. Magnus había pedido a la Academia que preparara las habitaciones. Y el estado del
resto de la Academia, Magnus tenía presentimientos oscuros alrededor de estas habitaciones.
Corrió a la ligera por las escaleras en ese silencio, haciéndose eco del lugar. Sabía a dónde
iba. Había accedido a venir a dar una serie de conferencias, a petición de su vieja amiga Catarina
Loss, pero él era, después de todo, el Gran Brujo de Brooklyn y tenía ciertas normas. No tenía
ninguna intención de dejar a su novio por semana. Él había dejado claro que necesitaba una suite
para sí mismo y para Alec, y que la suite tenía que incluir una cocina. Él no iba a comer cualquiera
de las comidas que Catarina había descrito en sus cartas. Si era posible, tenía la intención de evitar
incluso ver a cualquiera de las comidas que Catarina había descrito.
El mapa que Catarina había dibujado era exacto: Encontró sus habitaciones en la parte
superior del edificio. Las habitaciones del ático conectadad podrían, Magnus adivinó,
posiblemente formar una suite. Y había una pequeña cocina, aunque Magnus temía que no la
habían renovado desde los años 1950. Había un ratón muerto en el fregadero.
Tal vez alguien lo había dejado allí para darles la bienvenida. Tal vez era un regalo festivo.
Magnus vagó por las habitaciones, agitando una mano que animó a las ventanas y provoco que las
encimeras se lavasen. Chasqueó los dedos y envió el ratón muerto como un regalo a su gato,
Presidente Miau. Maia Roberts, la líder de la manada Nueva York de hombres lobos, se había
ofrecido a cuidarlo, el esperaba que Maia supiera que buen cazador su gato es.
Luego abrió la pequeña nevera. La pesada puerta se cayó, hasta que Magnus le dio una
severa mirada y saltó de nuevo. Magnus miró el interior del refrigerador, un gesto con su mano
libre, y vio a su satisfacción que ahora estaba llena de muchos artículos para alimentarse.
Alec nunca tendría que saberlo, y Magnus enviaría el dinero a Whole Foods después de
todos modos. Barrió a través de la habitaciones una vez más, añadió cojines para las sillas de
madera desnudas, tristes y amontonó sus mantas multicolores desde su casa en la cama con dosel.
La misión ‘decoración de emergencia’ había resultado bien, al menos ya no se veía todo
tan triste. Descendió a la sala principal de la Academia, con la esperanza de encontrarse con
Catarina o ver a Alec. No había ni rastro de ellos, por lo que a pesar de sus dudas, Magnus fue a
comprobar si Catarina estaba en el comedor.
Ella no estaba allí, pero había unos pocos estudiantes Nephilim dispersos comiendo su
desayuno. Magnus supuso, que las pobres criaturas se habían levantado temprano para lanzar
jabalinas o algún otro ejercicio desagradable.
Había una chica rubia delgada acumulando una sustancia gris que podría haber sido
gachas o huevos fritos. Magnus miró horrorizado en silencio mientras ella lo llevaba hacia una
mesa, actuando como si realmente tuviera la intención de comer.
Entonces ella notó a Magnus.
"Oh, hola," dijo la rubia, parando en seco como si hubiera sido golpeada por un camión
bonito.
Él le dio su sonrisa más encantadora. ¿Por qué no? "Hola."
Magnus había estado por las calles antes de que las calles fueran inventadas. Estaba
familiarizado con lo que significaba esa mirada. La gente lo había desnudado con la mirada antes.
Estaba impresionado con la intensidad de esta mirada en particular. Era más extraño que la gente
lograra arrancarle la ropa del cuerpo y mandarla a volar a varias esquinas de la habitación con los
ojos. Ni siquiera era ropa particularmente emocionante. Magnus había decidido vestirse con
silenciosa dignidad, como correspondía a un educador, y se había puesto una camisa negra y
pantalones a medida. También, para lograr ese toque de educador elegante, se había puesto una
corta túnica por sobre la camisa, pero el brillante hilo dorado que la componía era muy sutil.
“Tú debes ser Magnus Bane,” la rubia dijo. “He escuchado mucho sobre ti por Simon.”
“No lo puedo culpar por alardear,” dijo Magnus.
“Estamos tan contentos de tenerte aquí,” continuó la rubia. “Soy Julie. Soy básicamente la
mejor amiga de Simon. No me molestan los Subterraneos.”
“Cuan agradable para nosotros Subterraneos,” murmuró Magnus.
“Estoy muy entusiasmada por tus clases. Y por pasar tiempo juntos. Tú, yo, y Simon.”
“Eso sí que será una fiesta,” dijo Magnus. Ella lo estaba intentando, al menos, y no todos
los Nefilim lo hacían. Y mencionaba a Simon a cada rato, a pesar de que Simon era un mundano.
Además, la atención era halagadora. Magnus sonrió un poco más.
“Espero ansioso conocerte mejor, Julie.”
Es posible que hubiese malinterpretado la sonrisa. Julie estiró una mano como para tomar
la de Magnus, y dejó caer su bandeja. Ambos miraron al cuenco roto y su triste y gris contenido.
“Es mejor así,” dijo Magnus con convicción.
Gesticuló, y el enchastre desapareció. Luego gesticuló hacia la mano extendida de Julie, y
un cuenco con yogurt de arándanos y una pequeña cuchara aparecieron en ella.
“Oh!” exclamó Julie. “Oh, wow, gracias.”
“Bueno, considerando que la alternativa era volver y conseguir más de la comida de la
Academia,” dijo Magnus, “creo que me debes un gran favor. Posiblemente me debas tu
primogénito. Pero no te preocupes, no estoy en busca del primogénito de nadie.”
Julie rió. “Quieres sentarte?”
“Gracias por la oferta, pero en realidad, estaba buscando a alguien.”
Magnus analizó la habitación, la cual estaba lentamente llenándose. Aún no veía a
Catarina, pero en la puerta vio a Alec, quien tenía el aire de alguien recién llegado y hablaba con
un mundano indio que parecía tener alrededor de dieciséis años.
Cruzó miradas con Alec y sonrió.
“Allí está mi ‘alguien’,” dijo. “Un encanto conocerte, Julie.”
“Igualmente, Magnus,” le aseguró.
Cuando Magnus estaba llegando a Alec, el otro chico estrechó la mano de Alec. “Solo
quería decir gracias”, el chico dijo, y se retiró, asintiendo la cabeza hacia Magnus.
“Lo conoces?” preguntó Magnus.
Alec lucía ligeramente aturdido. “No,” dijo. “Pero él sabía todo acerca de mi. Estábamos
hablando de- de todas las maneras que hay de ser un Cazador de Sombras, entiendes?”
“Mírate,” dijo Magnus. “Mi novio famoso, una inspiración para las masas.”
Alec sonrió, un poco avergonzado pero mayormente divertido. “Así que, esa chica estaba
coqueteando contigo.”
“De verdad?” preguntó Magnus. “Cómo lo notaste?”
Alec le dirigió una mirada escéptica.
“Bueno, es algo que suele pasar. He estado en este mund
Años antes no hubiese podido, ni lo hubiese hecho, bromear con Alec de esa forma. Para
Alec el amor era nuevo, avanzando a los tumbos a través de su miedo a quien era y que sentía, y
Magnus había sido tan cuidadoso con él cómo podía, con miedo de lastimar a Alec y de arruinar
ese sentimiento entre ambos, nuevo para Magnus tanto para Alec. Era una alegría reciente poder
bromear con Alec y saber que no lo lastimaría, ver a Alec pararse de una forma diferente a lo que
solía ser, fácil y casual y seguro de sí mismo, sin el pavoneo de su parabatai pero con una
seguridad propia.
El comedor de piedra tenuemente iluminado, el estrépito de los estudiantes hablando y
chismeando, se desvanecieron, pasando a ser solo un fondo con respecto a la sonrisa de Alec.
“Esto,” dijo Alec. Atrajo a Magnus hacia él tomando el frente de su túnica, apoyándose
sobre el marco de la puerta y atrayendo lentamente a Magnus cerca para besarlo.
La boca de Alec era suave y segura, el beso lento, sus fuertes manos sosteniendo a
Magnus cerca, apretándolo a lo largo de la cálida línea de su cuerpo. Detrás de los párpados
cerrados de Magnus, la mañana se transformó de gris a dorada. Alec estaba allí. Incluso una
dimensión infernal, Magnus recordó, era increíblemente mejorada por la presencia de Alec. La
Academia de Cazadores de Sombras iba a ser una pavada.
***
Simon llegó tarde al desayuno y encontró a Julie incapaz de hablar de nada más que
Magnus Bane.
“Los Brujos son sexies,” dijo en el tono de alguien que acaba de tener una revelación.
“La Señorita Loss es nuestra profesora, y estoy tratando de comer.” Beatriz miró sin ánimo
a su plato.
“Los vampiros son desagradables y están muertos, los hombres lobos son desagradables y
peludos, y las hadas son traicioneras y dormirían con tu madre,” dijo Julie. “Los Brujos son los
subterraneos sexies. Piénsalo. Todos ellos tienen problemas con sus padres. Y Magnus Bane es el
más sexy de todos ellos. Él puede ser El Gran Brujo de mis pantalones.”
“Uh, Magnus tiene un novio,” dijo Simon.
Había un brillo terrorífico en los ojos de Julie. “Hay montañas que quieres subir aunque
haya carteles de ‘no pasar’.”
“Creo que eso es desagradable,” dijo Simon. “Ya sabes, de la mimsa forma que crees que
son los vampiros.”
Julie le hizo una mueca. “Eres tan sensible, Simon. Por qué tienes que ser siempre tan
sensible?”
“Eres tan terrible, Julie,” dijo Simon. “Por qué tienes que ser siempre tan terrible?”
Alec había estado con Magnus, reportó Julie. Simon estaba pensando más en ello que en
lo terrible de Julie, lo cual no era nada nuevo después de todo. Alec se quedaría en la Academia
por semanas. Usualmente veía a Alec en grupos de personas, y nunca parecía ser el momento
correcto para hablar con él. Ahora era el momento correcto. Ya era hora de que lo hablaran, ese
problema entre ellos del cual Jace había hecho mención tan oscuramente. No quería que hubiese
nada mal entre él y Alec, el cual parecía una buena persona por lo que Simon podía recordar. Alec
era el hermano mayor de Isabelle, e Isabelle era- estaba casí seguro- la novia de Simon.
Quería que ella lo fuera.
“Deberíamos intentar de practicar un poco de arquería antes de la clase?” preguntó
George.
“Eso es charla de deportista, George,” dijo Simon. “Te pedí que no hicieras eso. Pero
seguro.”
Todos se pusieron de pie, empujando sus cuencos a un lado, y caminaron hacia las puertas
principales de la Academia, con intenciones de ir a los campos de entrenamiento. Ese era el plan,
pero ninguno logró llegar a los campos de entrenamiento ese día. Ninguno logró siquiera atravesar
la puerta de entrada de la Academia. Todos quedaron de pie frente al primer escalón, en un
horrorizado grupo.
En el primer escalón de piedra de la escalera había un bulto, envuelto en una vellosa
frazada amarilla. Los ojos de Simon le fallaron de una forma que no tenía nada que ver con sus
lentes, y todo que ver con su pánico, rehusandose a registrar lo que estaba frente a él. Es un bulto
de basura, se dijo Simon a sí mismo. Alguien había dejado un paquete de basura en la puerta.
Excepto que el paquete se estaba moviendo, en pequeños e incrementales movimientos.
Simon observó el movimiento inquieto debajo de la frazada, miró con relucientes ojos para espiar
aquel velloso y amarillo nido, y su mente aceptó lo que estaba viendo, al mismo tiempo que otro
shock le asaltó.
Un pequeño puño emergió desde las frazadas, agitándose como en protesta a todo lo que
estaba sucediendo.
El puño era azul, el rico color naval del mar cuando es profundo y estas en un bote cuando
cae la tarde. El azul del traje de Capitan America.
“Es un bebé,” Beatriz dijo, casi sin aire. “Es un bebé Brujo.”
Había una nota clavada a la frazada amarilla del bebé. Simon la vió en el preciso momento
en el que el viento la atrapó, quitándola de la frazada y arrojandola lejos. Simon tomó la nota del
frío apretón del viento y observó lo escrito en ella, un rápido garabato en un arrancado pedazo de
papel.
La nota decía: ¿Quien podría amarlo?
***
“Oh no, es azul el bebé.” Dijo George. “Que vamos a hacer?”
Frunció el ceño, como si la rima no hubiese sido intencional. Luego se arrodilló, porque
George era el no-tan-secreto sentimental del grupo, y torpemente tomó el bulto amarillo en sus
brazos. Se puso de pie, su cara pálida, sosteniendo al bebé.
“¿Que vamos a hacer?” Beatriz trinó, haciendo eco de lo que había dicho George. “¿Que
vamos a hacer?”
Julie estaba apretada contra la puerta. Simon la había visto personalmente cortar la
cabeza de un demonio enorme con un cuchillo muy pequeño, pero parecía que moriría de terror si
alguien le pedía que sostuviera al bebé.
“Se lo que tengo que hacer,” dijo Simon.
Iría a buscar a Magnus, pensó. Sabía que Magnus y Alec habían llegado y estaban
despiertos. Necesitaba hablar con Alec de todas formas. Magnus había arreglado la amnesia
demoníaca de Simon. Magnus había existido por siglos. Era el adulto más adulto que Simon
conocía. Un bebé brujo abandonado en esta fortaleza de Cazadores de Sombras era un problema
que Simon no sabía cómo arreglar, y sentía que necesitaba un adulto. Simon ya estaba por irse.
“Debería darle al bebé respiración boca a boca?” preguntó George.
Simon se congeló. "No, no hagas eso. El bebé está respirando. El bebé está respirando,
¿verdad?"
Todos se pusieron de pie y miraron el pequeño paquete. El bebé hizo un gesto con el puño
de nuevo. Si el bebé se movía, pensó Simon, el bebé debía estar respirando. Ni siquiera iba a
pensar en bebés de zombies en ese momento.
"¿Debo conseguirle una botella de agua caliente al bebé ?", Dijo George.
Simon respiró hondo. "George, no pierdas la cabeza", dijo. "Ese bebé no es azul porque
tiene frío o porque no puede respirar. Los bebés Mundanos no se ponen de ése tipo de azul por
esas cosas. Ese bebé es azul porque es un brujo, al igual que Catarina".
"No es igual a la Sra Loss", dijo Beatriz en una voz aguda. "La Sra. Loss es más de un azul
cielo, mientras que este bebé es más de un color azul marino."
"Tú pareces saber mucho", George decidió. "Tú debes sostener al bebe."
"¡No!" Beatriz graznó.
Ella y Julie levantaron las manos en señal de rendición. En lo que a ellas respectaba, estaba
claro, George sostenía un bebé y no debía hacer nada precipitado.
"Todo el mundo quédese donde está," dijo Simon, tratando de mantener su voz calmada.
Julie se animó. "Oooh, Simon," dijo ella. "Buena idea."
Simon huyó a través del pasillo y subió las escaleras, moviéndose a un ritmo que habría
sorprendido su malvado profesor de gimnasia Cazador de Sombras. Scarsbury nunca le había
proporcionado ese tipo de motivación. Sabía que Magnus y Alec se habían insatalado en una suite
de lujo en los áticos. Al parecer, tenía incluso una cocina separada.
Simon siguió andando, sabiendo que iba a llegar a los áticos en algún momento. Llegó a los
áticos, oyó un murmurar y un movimiento detrás de la puerta, y abrió la puerta de par en par.
Luego se frenó, detenido en su segundo umbral del día.
Había una sábana sobre Alec y Magnus, pero Simon podía ver lo suficiente. Podía ver los
blancos hombros con runas y cicatrices de Alec y una salvaje propagación del pelo negro de
Magnus en la almohada. Podía ver a Alec congelándose, a continuación, volvió la cabeza y le dió
Simon una mirada de horror absoluto. Los dorados ojos de gato de Magnus brillaron por encima
del hombro pálido de Alec. Sonaba casi divertido cuando preguntó:
"¿Te puedo ayudar"
"Oh, Dios mío," dijo Simon. "Oh wow. Oh wow, realmente lo siento ".
"Por favor, vete", dijo Alec con voz tensa y controlada.
"¡Muy bien!", Dijo Simon. "¡Por supuesto!" Hizo una pausa. "No puedo irme."
"Créeme", dijo Alec. "Puedes."
"¡Hay un bebé abandonado en la escalinata de la Academia y creo que es un brujo!" Simon
espetó.
"¿Por qué crees que el bebé es un brujo?" Preguntó Magnus. Él era el único en la
habitación que estaba calmado.
"Um, porque el bebé es de color azul marino."
"Eso es una evidencia bastante convincente", Magnus admitió. "¿Podrías darnos un
momento para vestirnos?"
"¡Sí! ¡Por supuesto! ", Dijo Simon. "Una vez más, lo siento mucho."
"Vete ahora," Alec sugirió.
Simon se fue.
Después de un corto tiempo, Magnus salió de la suite del ático vestido en ropa negra
ceñida y una túnica de color oro brillante. Su pelo aún estaba destrozado, yendo en todas
direcciones, como si Magnus hubiese sido atrapado en una pequeña tempestad personal, pero
Simon no iba a objetar el cabello de su potencial salvador.
"Realmente lo siento, de nuevo," dijo Simon.
Magnus hizo un gesto vago. "El ver tu cara no fue el mejor momento de mi día, Simon,
pero estas cosas pasan. Es cierto que nunca le han ocurrido a Alec antes, así que él necesita unos
minutos más. Muéstrame donde está el niño."
"Sígueme", dijo Simon.
Corrió por las escaleras más rápido de lo que las había subido, tomando de dos a la vez.
Encontró el cuadro en el umbral al igual que lo había dejado, Beatriz y Julie eran la audiencia
horrorizada por el aterrorizado e inexperto agarre de George. El paquete ahora estaba haciendo
un sonido bajo y lastimero.
"¿Qué te tomó tanto tiempo?" Beatriz silbó.
Julie aún parecía muy agitada, pero se las arregló para decir: "Hola, Magnus."
"Hola de nuevo, Julie," dijo Magnus, una vez más, la única persona tranquila en la
habitación. "Déjame sostener al bebé."
"Oh, gracias," George respiró. "No es que no me guste el bebé. Pero no tengo ni idea de
qué hacer con él ".
George parecía haberse unido a él en el tiempo que le tomó a Simón a subir y bajar las
escaleras. Miró al bebé afectuosamente, sosteniendo el paquete por un momento, y luego
mientras se lo entregaba a Magnus, perdió el balance y casi dejó caer el bebé en el suelo de
piedra.
"¡Por el Ángel!" Julie exclamó con las mano apretadas contra su pecho. Magnus tomó el
agarre y cogió al niño, sosteniendo la manta envuelta muy estrecha contra su pecho bordado en
oro. Magnus sotuvo al bebé con más experiencia que George, lo que significaba que Magnus
apoyaba la cabeza del bebé, y parecía como si hubiera sostenido un bebé una o dos veces en su
vida. Parecía que George nunca iba a ganar ningún campeonato de cargar bebés.
Con una mano brillante con anillos, Magnus bajó la manta un poco hacia atrás, y Simon
contuvo el aliento. Los ojos de Magnus viajaron sobre el bebé, sobre sus manos y pies
imposiblemente pequeños, sobre los grandes ojos en su pequeña cara, y sobre los rizos en su
cabeza, de un azul tan oscuro que eran casi negros.
El sonido constante de la queja del bebé se levantó un poco, quejándose con más fuerza, y
Magnus alisó la manta en su lugar.
"Es un chico," dijo Magnus.
"Aw, un niño", dijo George.
Pirámides, David de Miguel Ángel, Versalles, Él mismo.
Sin embargo, sólo porque algo estaba viejo y repleto de años de tradición no lo hacía una
obra de arte. Ni siquiera si eras Nephilim y pensabas que tener la sangre del Ángel significa que tus
cosas son mejores que las de cualquier otra persona.
La Academia de Cazadores de Sombras no era una creación de perdurable belleza. La
Academia era un basurero.
Magnus no disfrutaba el campo a principios de primavera, cuando terminaba de verdad, a
finales del invierno. Todo el paisaje era tan monocromático, como una vieja película. Los campos
grises oscuros bajo un cielo gris pálido, y los árboles, despojadas garras grises bajo las nubes de
lluvia. La Academia igualaba su entorno, en cuclillas en el paisaje como un gran sapo de piedra.
Magnus había estado ahí un par de veces antes, visitando a sus amigos. A él no le había
gustado el lugar, recordó caminarlo tiempo atrás bajo los ojos fríos de los estudiantes que habían
sido entrenados en la oscuridad.
Al menos en ese entonces el lugar no había estado cayéndose. Magnus se quedó mirando
una de las esbeltas torres que estaban en cada una de las cuatro esquinas de la Academia. No se
sostenía de forma recta; de hecho, se veía como un pariente pobre de la Torre Inclinada de Pisa.
Magnus la miro, se concentró y chasqueó los dedos. La torre volvió a estar en su lugar,
como si fuera una persona agachada que había sido enderezada de repente. Ya está. Hubieron una
serie de débiles gritos que salían de las ventanas de la torre. Magnus no se había dado cuenta que
había gente dentro. No le parecía posible ya que se veía totalmente inseguro.
Bueno, los habitantes de la torre que antes se apoyaban para caminar pronto se darían
cuenta que les había hecho un favor. Magnus miró al ángel, situado por encima de la puerta. El
ángel lo miró, poseía una ardiente espada y una mirada dura, como si él no aprobara la forma de
vestir de Magnus y estaba a punto de pedir que la cambie.
Magnus caminó bajo el ángel crítico hacia el pasillo de piedra, silbando suavemente. La
sala estaba vacía. Todavía era muy temprano en la mañana, lo que tal vez explicaba por qué todo
el paisaje estaba gris. Magnus esperaba que el día se iluminara antes de que llegara Alec.
Había dejado a su novio en Alicante, en la casa de su padre. La hermana de Alec, Isabelle,
estaba quedándose allí también. Magnus había dormido con inquietud en la casa del inquisidor la
noche pasada, se fue con la excusa que tenía que desayunar solo. Durante años, Robert y Maryse
Lightwood habían arreglado sus vidas para no verse nunca, a excepción de cuando hubiera que
pagar las cuentas de la luz.
Magnus estaba bastante seguro de que Robert y Maryse hubieran deseado volver el
tiempo atrás. Magnus sabía que ellos nunca lo hubieran aceptado para su hijo, y aun si hubieran
elegido a un hombre, ciertamente no sería un subterráneo. Menos uno que sabía sobre sus días en
El Círculo junto con Valentine, de los que ambos no estaban orgullosos.
Magnus lo sabía. Podía amar a un cazador de sombras, pero era imposible a todos. Él
esperaba evitarlos cortésmente por muchos más años, y cuando sea necesario, tolerar
cortésmente a los padres de Alec. Era un precio muy pequeño a pagar para estar con él.
Justo ahora había escapado de Robert Lightwood, con la excusa de inspeccionar las
habitaciones. Magnus había pedido a la Academia que preparara las habitaciones. Y el estado del
resto de la Academia, Magnus tenía presentimientos oscuros alrededor de estas habitaciones.
Corrió a la ligera por las escaleras en ese silencio, haciéndose eco del lugar. Sabía a dónde
iba. Había accedido a venir a dar una serie de conferencias, a petición de su vieja amiga Catarina
Loss, pero él era, después de todo, el Gran Brujo de Brooklyn y tenía ciertas normas. No tenía
ninguna intención de dejar a su novio por semana. Él había dejado claro que necesitaba una suite
para sí mismo y para Alec, y que la suite tenía que incluir una cocina. Él no iba a comer cualquiera
de las comidas que Catarina había descrito en sus cartas. Si era posible, tenía la intención de evitar
incluso ver a cualquiera de las comidas que Catarina había descrito.
El mapa que Catarina había dibujado era exacto: Encontró sus habitaciones en la parte
superior del edificio. Las habitaciones del ático conectadad podrían, Magnus adivinó,
posiblemente formar una suite. Y había una pequeña cocina, aunque Magnus temía que no la
habían renovado desde los años 1950. Había un ratón muerto en el fregadero.
Tal vez alguien lo había dejado allí para darles la bienvenida. Tal vez era un regalo festivo.
Magnus vagó por las habitaciones, agitando una mano que animó a las ventanas y provoco que las
encimeras se lavasen. Chasqueó los dedos y envió el ratón muerto como un regalo a su gato,
Presidente Miau. Maia Roberts, la líder de la manada Nueva York de hombres lobos, se había
ofrecido a cuidarlo, el esperaba que Maia supiera que buen cazador su gato es.
Luego abrió la pequeña nevera. La pesada puerta se cayó, hasta que Magnus le dio una
severa mirada y saltó de nuevo. Magnus miró el interior del refrigerador, un gesto con su mano
libre, y vio a su satisfacción que ahora estaba llena de muchos artículos para alimentarse.
Alec nunca tendría que saberlo, y Magnus enviaría el dinero a Whole Foods después de
todos modos. Barrió a través de la habitaciones una vez más, añadió cojines para las sillas de
madera desnudas, tristes y amontonó sus mantas multicolores desde su casa en la cama con dosel.
La misión ‘decoración de emergencia’ había resultado bien, al menos ya no se veía todo
tan triste. Descendió a la sala principal de la Academia, con la esperanza de encontrarse con
Catarina o ver a Alec. No había ni rastro de ellos, por lo que a pesar de sus dudas, Magnus fue a
comprobar si Catarina estaba en el comedor.
Ella no estaba allí, pero había unos pocos estudiantes Nephilim dispersos comiendo su
desayuno. Magnus supuso, que las pobres criaturas se habían levantado temprano para lanzar
jabalinas o algún otro ejercicio desagradable.
Había una chica rubia delgada acumulando una sustancia gris que podría haber sido
gachas o huevos fritos. Magnus miró horrorizado en silencio mientras ella lo llevaba hacia una
mesa, actuando como si realmente tuviera la intención de comer.
Entonces ella notó a Magnus.
"Oh, hola," dijo la rubia, parando en seco como si hubiera sido golpeada por un camión
bonito.
Él le dio su sonrisa más encantadora. ¿Por qué no? "Hola."
Magnus había estado por las calles antes de que las calles fueran inventadas. Estaba
familiarizado con lo que significaba esa mirada. La gente lo había desnudado con la mirada antes.
Estaba impresionado con la intensidad de esta mirada en particular. Era más extraño que la gente
lograra arrancarle la ropa del cuerpo y mandarla a volar a varias esquinas de la habitación con los
ojos. Ni siquiera era ropa particularmente emocionante. Magnus había decidido vestirse con
silenciosa dignidad, como correspondía a un educador, y se había puesto una camisa negra y
pantalones a medida. También, para lograr ese toque de educador elegante, se había puesto una
corta túnica por sobre la camisa, pero el brillante hilo dorado que la componía era muy sutil.
“Tú debes ser Magnus Bane,” la rubia dijo. “He escuchado mucho sobre ti por Simon.”
“No lo puedo culpar por alardear,” dijo Magnus.
“Estamos tan contentos de tenerte aquí,” continuó la rubia. “Soy Julie. Soy básicamente la
mejor amiga de Simon. No me molestan los Subterraneos.”
“Cuan agradable para nosotros Subterraneos,” murmuró Magnus.
“Estoy muy entusiasmada por tus clases. Y por pasar tiempo juntos. Tú, yo, y Simon.”
“Eso sí que será una fiesta,” dijo Magnus. Ella lo estaba intentando, al menos, y no todos
los Nefilim lo hacían. Y mencionaba a Simon a cada rato, a pesar de que Simon era un mundano.
Además, la atención era halagadora. Magnus sonrió un poco más.
“Espero ansioso conocerte mejor, Julie.”
Es posible que hubiese malinterpretado la sonrisa. Julie estiró una mano como para tomar
la de Magnus, y dejó caer su bandeja. Ambos miraron al cuenco roto y su triste y gris contenido.
“Es mejor así,” dijo Magnus con convicción.
Gesticuló, y el enchastre desapareció. Luego gesticuló hacia la mano extendida de Julie, y
un cuenco con yogurt de arándanos y una pequeña cuchara aparecieron en ella.
“Oh!” exclamó Julie. “Oh, wow, gracias.”
“Bueno, considerando que la alternativa era volver y conseguir más de la comida de la
Academia,” dijo Magnus, “creo que me debes un gran favor. Posiblemente me debas tu
primogénito. Pero no te preocupes, no estoy en busca del primogénito de nadie.”
Julie rió. “Quieres sentarte?”
“Gracias por la oferta, pero en realidad, estaba buscando a alguien.”
Magnus analizó la habitación, la cual estaba lentamente llenándose. Aún no veía a
Catarina, pero en la puerta vio a Alec, quien tenía el aire de alguien recién llegado y hablaba con
un mundano indio que parecía tener alrededor de dieciséis años.
Cruzó miradas con Alec y sonrió.
“Allí está mi ‘alguien’,” dijo. “Un encanto conocerte, Julie.”
“Igualmente, Magnus,” le aseguró.
Cuando Magnus estaba llegando a Alec, el otro chico estrechó la mano de Alec. “Solo
quería decir gracias”, el chico dijo, y se retiró, asintiendo la cabeza hacia Magnus.
“Lo conoces?” preguntó Magnus.
Alec lucía ligeramente aturdido. “No,” dijo. “Pero él sabía todo acerca de mi. Estábamos
hablando de- de todas las maneras que hay de ser un Cazador de Sombras, entiendes?”
“Mírate,” dijo Magnus. “Mi novio famoso, una inspiración para las masas.”
Alec sonrió, un poco avergonzado pero mayormente divertido. “Así que, esa chica estaba
coqueteando contigo.”
“De verdad?” preguntó Magnus. “Cómo lo notaste?”
Alec le dirigió una mirada escéptica.
“Bueno, es algo que suele pasar. He estado en este mund
Años antes no hubiese podido, ni lo hubiese hecho, bromear con Alec de esa forma. Para
Alec el amor era nuevo, avanzando a los tumbos a través de su miedo a quien era y que sentía, y
Magnus había sido tan cuidadoso con él cómo podía, con miedo de lastimar a Alec y de arruinar
ese sentimiento entre ambos, nuevo para Magnus tanto para Alec. Era una alegría reciente poder
bromear con Alec y saber que no lo lastimaría, ver a Alec pararse de una forma diferente a lo que
solía ser, fácil y casual y seguro de sí mismo, sin el pavoneo de su parabatai pero con una
seguridad propia.
El comedor de piedra tenuemente iluminado, el estrépito de los estudiantes hablando y
chismeando, se desvanecieron, pasando a ser solo un fondo con respecto a la sonrisa de Alec.
“Esto,” dijo Alec. Atrajo a Magnus hacia él tomando el frente de su túnica, apoyándose
sobre el marco de la puerta y atrayendo lentamente a Magnus cerca para besarlo.
La boca de Alec era suave y segura, el beso lento, sus fuertes manos sosteniendo a
Magnus cerca, apretándolo a lo largo de la cálida línea de su cuerpo. Detrás de los párpados
cerrados de Magnus, la mañana se transformó de gris a dorada. Alec estaba allí. Incluso una
dimensión infernal, Magnus recordó, era increíblemente mejorada por la presencia de Alec. La
Academia de Cazadores de Sombras iba a ser una pavada.
***
Simon llegó tarde al desayuno y encontró a Julie incapaz de hablar de nada más que
Magnus Bane.
“Los Brujos son sexies,” dijo en el tono de alguien que acaba de tener una revelación.
“La Señorita Loss es nuestra profesora, y estoy tratando de comer.” Beatriz miró sin ánimo
a su plato.
“Los vampiros son desagradables y están muertos, los hombres lobos son desagradables y
peludos, y las hadas son traicioneras y dormirían con tu madre,” dijo Julie. “Los Brujos son los
subterraneos sexies. Piénsalo. Todos ellos tienen problemas con sus padres. Y Magnus Bane es el
más sexy de todos ellos. Él puede ser El Gran Brujo de mis pantalones.”
“Uh, Magnus tiene un novio,” dijo Simon.
Había un brillo terrorífico en los ojos de Julie. “Hay montañas que quieres subir aunque
haya carteles de ‘no pasar’.”
“Creo que eso es desagradable,” dijo Simon. “Ya sabes, de la mimsa forma que crees que
son los vampiros.”
Julie le hizo una mueca. “Eres tan sensible, Simon. Por qué tienes que ser siempre tan
sensible?”
“Eres tan terrible, Julie,” dijo Simon. “Por qué tienes que ser siempre tan terrible?”
Alec había estado con Magnus, reportó Julie. Simon estaba pensando más en ello que en
lo terrible de Julie, lo cual no era nada nuevo después de todo. Alec se quedaría en la Academia
por semanas. Usualmente veía a Alec en grupos de personas, y nunca parecía ser el momento
correcto para hablar con él. Ahora era el momento correcto. Ya era hora de que lo hablaran, ese
problema entre ellos del cual Jace había hecho mención tan oscuramente. No quería que hubiese
nada mal entre él y Alec, el cual parecía una buena persona por lo que Simon podía recordar. Alec
era el hermano mayor de Isabelle, e Isabelle era- estaba casí seguro- la novia de Simon.
Quería que ella lo fuera.
“Deberíamos intentar de practicar un poco de arquería antes de la clase?” preguntó
George.
“Eso es charla de deportista, George,” dijo Simon. “Te pedí que no hicieras eso. Pero
seguro.”
Todos se pusieron de pie, empujando sus cuencos a un lado, y caminaron hacia las puertas
principales de la Academia, con intenciones de ir a los campos de entrenamiento. Ese era el plan,
pero ninguno logró llegar a los campos de entrenamiento ese día. Ninguno logró siquiera atravesar
la puerta de entrada de la Academia. Todos quedaron de pie frente al primer escalón, en un
horrorizado grupo.
En el primer escalón de piedra de la escalera había un bulto, envuelto en una vellosa
frazada amarilla. Los ojos de Simon le fallaron de una forma que no tenía nada que ver con sus
lentes, y todo que ver con su pánico, rehusandose a registrar lo que estaba frente a él. Es un bulto
de basura, se dijo Simon a sí mismo. Alguien había dejado un paquete de basura en la puerta.
Excepto que el paquete se estaba moviendo, en pequeños e incrementales movimientos.
Simon observó el movimiento inquieto debajo de la frazada, miró con relucientes ojos para espiar
aquel velloso y amarillo nido, y su mente aceptó lo que estaba viendo, al mismo tiempo que otro
shock le asaltó.
Un pequeño puño emergió desde las frazadas, agitándose como en protesta a todo lo que
estaba sucediendo.
El puño era azul, el rico color naval del mar cuando es profundo y estas en un bote cuando
cae la tarde. El azul del traje de Capitan America.
“Es un bebé,” Beatriz dijo, casi sin aire. “Es un bebé Brujo.”
Había una nota clavada a la frazada amarilla del bebé. Simon la vió en el preciso momento
en el que el viento la atrapó, quitándola de la frazada y arrojandola lejos. Simon tomó la nota del
frío apretón del viento y observó lo escrito en ella, un rápido garabato en un arrancado pedazo de
papel.
La nota decía: ¿Quien podría amarlo?
***
“Oh no, es azul el bebé.” Dijo George. “Que vamos a hacer?”
Frunció el ceño, como si la rima no hubiese sido intencional. Luego se arrodilló, porque
George era el no-tan-secreto sentimental del grupo, y torpemente tomó el bulto amarillo en sus
brazos. Se puso de pie, su cara pálida, sosteniendo al bebé.
“¿Que vamos a hacer?” Beatriz trinó, haciendo eco de lo que había dicho George. “¿Que
vamos a hacer?”
Julie estaba apretada contra la puerta. Simon la había visto personalmente cortar la
cabeza de un demonio enorme con un cuchillo muy pequeño, pero parecía que moriría de terror si
alguien le pedía que sostuviera al bebé.
“Se lo que tengo que hacer,” dijo Simon.
Iría a buscar a Magnus, pensó. Sabía que Magnus y Alec habían llegado y estaban
despiertos. Necesitaba hablar con Alec de todas formas. Magnus había arreglado la amnesia
demoníaca de Simon. Magnus había existido por siglos. Era el adulto más adulto que Simon
conocía. Un bebé brujo abandonado en esta fortaleza de Cazadores de Sombras era un problema
que Simon no sabía cómo arreglar, y sentía que necesitaba un adulto. Simon ya estaba por irse.
“Debería darle al bebé respiración boca a boca?” preguntó George.
Simon se congeló. "No, no hagas eso. El bebé está respirando. El bebé está respirando,
¿verdad?"
Todos se pusieron de pie y miraron el pequeño paquete. El bebé hizo un gesto con el puño
de nuevo. Si el bebé se movía, pensó Simon, el bebé debía estar respirando. Ni siquiera iba a
pensar en bebés de zombies en ese momento.
"¿Debo conseguirle una botella de agua caliente al bebé ?", Dijo George.
Simon respiró hondo. "George, no pierdas la cabeza", dijo. "Ese bebé no es azul porque
tiene frío o porque no puede respirar. Los bebés Mundanos no se ponen de ése tipo de azul por
esas cosas. Ese bebé es azul porque es un brujo, al igual que Catarina".
"No es igual a la Sra Loss", dijo Beatriz en una voz aguda. "La Sra. Loss es más de un azul
cielo, mientras que este bebé es más de un color azul marino."
"Tú pareces saber mucho", George decidió. "Tú debes sostener al bebe."
"¡No!" Beatriz graznó.
Ella y Julie levantaron las manos en señal de rendición. En lo que a ellas respectaba, estaba
claro, George sostenía un bebé y no debía hacer nada precipitado.
"Todo el mundo quédese donde está," dijo Simon, tratando de mantener su voz calmada.
Julie se animó. "Oooh, Simon," dijo ella. "Buena idea."
Simon huyó a través del pasillo y subió las escaleras, moviéndose a un ritmo que habría
sorprendido su malvado profesor de gimnasia Cazador de Sombras. Scarsbury nunca le había
proporcionado ese tipo de motivación. Sabía que Magnus y Alec se habían insatalado en una suite
de lujo en los áticos. Al parecer, tenía incluso una cocina separada.
Simon siguió andando, sabiendo que iba a llegar a los áticos en algún momento. Llegó a los
áticos, oyó un murmurar y un movimiento detrás de la puerta, y abrió la puerta de par en par.
Luego se frenó, detenido en su segundo umbral del día.
Había una sábana sobre Alec y Magnus, pero Simon podía ver lo suficiente. Podía ver los
blancos hombros con runas y cicatrices de Alec y una salvaje propagación del pelo negro de
Magnus en la almohada. Podía ver a Alec congelándose, a continuación, volvió la cabeza y le dió
Simon una mirada de horror absoluto. Los dorados ojos de gato de Magnus brillaron por encima
del hombro pálido de Alec. Sonaba casi divertido cuando preguntó:
"¿Te puedo ayudar"
"Oh, Dios mío," dijo Simon. "Oh wow. Oh wow, realmente lo siento ".
"Por favor, vete", dijo Alec con voz tensa y controlada.
"¡Muy bien!", Dijo Simon. "¡Por supuesto!" Hizo una pausa. "No puedo irme."
"Créeme", dijo Alec. "Puedes."
"¡Hay un bebé abandonado en la escalinata de la Academia y creo que es un brujo!" Simon
espetó.
"¿Por qué crees que el bebé es un brujo?" Preguntó Magnus. Él era el único en la
habitación que estaba calmado.
"Um, porque el bebé es de color azul marino."
"Eso es una evidencia bastante convincente", Magnus admitió. "¿Podrías darnos un
momento para vestirnos?"
"¡Sí! ¡Por supuesto! ", Dijo Simon. "Una vez más, lo siento mucho."
"Vete ahora," Alec sugirió.
Simon se fue.
Después de un corto tiempo, Magnus salió de la suite del ático vestido en ropa negra
ceñida y una túnica de color oro brillante. Su pelo aún estaba destrozado, yendo en todas
direcciones, como si Magnus hubiese sido atrapado en una pequeña tempestad personal, pero
Simon no iba a objetar el cabello de su potencial salvador.
"Realmente lo siento, de nuevo," dijo Simon.
Magnus hizo un gesto vago. "El ver tu cara no fue el mejor momento de mi día, Simon,
pero estas cosas pasan. Es cierto que nunca le han ocurrido a Alec antes, así que él necesita unos
minutos más. Muéstrame donde está el niño."
"Sígueme", dijo Simon.
Corrió por las escaleras más rápido de lo que las había subido, tomando de dos a la vez.
Encontró el cuadro en el umbral al igual que lo había dejado, Beatriz y Julie eran la audiencia
horrorizada por el aterrorizado e inexperto agarre de George. El paquete ahora estaba haciendo
un sonido bajo y lastimero.
"¿Qué te tomó tanto tiempo?" Beatriz silbó.
Julie aún parecía muy agitada, pero se las arregló para decir: "Hola, Magnus."
"Hola de nuevo, Julie," dijo Magnus, una vez más, la única persona tranquila en la
habitación. "Déjame sostener al bebé."
"Oh, gracias," George respiró. "No es que no me guste el bebé. Pero no tengo ni idea de
qué hacer con él ".
George parecía haberse unido a él en el tiempo que le tomó a Simón a subir y bajar las
escaleras. Miró al bebé afectuosamente, sosteniendo el paquete por un momento, y luego
mientras se lo entregaba a Magnus, perdió el balance y casi dejó caer el bebé en el suelo de
piedra.
"¡Por el Ángel!" Julie exclamó con las mano apretadas contra su pecho. Magnus tomó el
agarre y cogió al niño, sosteniendo la manta envuelta muy estrecha contra su pecho bordado en
oro. Magnus sotuvo al bebé con más experiencia que George, lo que significaba que Magnus
apoyaba la cabeza del bebé, y parecía como si hubiera sostenido un bebé una o dos veces en su
vida. Parecía que George nunca iba a ganar ningún campeonato de cargar bebés.
Con una mano brillante con anillos, Magnus bajó la manta un poco hacia atrás, y Simon
contuvo el aliento. Los ojos de Magnus viajaron sobre el bebé, sobre sus manos y pies
imposiblemente pequeños, sobre los grandes ojos en su pequeña cara, y sobre los rizos en su
cabeza, de un azul tan oscuro que eran casi negros.
El sonido constante de la queja del bebé se levantó un poco, quejándose con más fuerza, y
Magnus alisó la manta en su lugar.
"Es un chico," dijo Magnus.
"Aw, un niño", dijo George.
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