RELATO 10
"Creo que deberíamos tener un funeral", George Lovelace, dijo, la voz le tembló en la última
palabra. "Uno adecuado."
Simon Lewis hizo una pausa en sus labores y miró hacia su compañero de cuarto. George era el
tipo de chico que Simón hubiera odiado a primera vista, con ese brillo de bronce, los abdominales,
y que según algunas chicas y chicos su enloquecedor acento escocés sexy, debería tener un
cerebro del tamaño de una rata y una personalidad nada atractiva. Pero George volvió su cabeza
hacia Simón. En ese mismo momento estaba limpiando algo que se parecía sospechosamente a
una lágrima.
"¿Estas. . . llorando?”Preguntó Simón, incrédulo.
"Por supuesto que no." George limpio sus ojos furioso. "Bueno, en mi defensa" añadió, sonando
ligeramente avergonzado, "la muerte es una cosa terrible."
"Es una rata muerta," Simon señaló. "Una rata muerta en tu zapato, debo añadir." Simon y George
habían descubierto que la clave para una relación feliz entre compañeros de cuarto era una clara
división del trabajo. Así que George estaba a cargo de la eliminación de todas las criaturas, ratas,
lagartos, cucarachas. Simón se encarga de todo lo que se había arrastrado dentro de los artículos
de ropa y se estremeció al recordar el momento en que se dieron cuenta de esta mano de obra
incluía buscar bajo las almohadas. "Además, para que conste, sólo uno de nosotros ha sido
realmente una rata, y él no es exactamente el que esta llorando".
"Podría ser la última rata muerta que enco
Llamaron a todas sus ratas Jon Cartwright, un hecho que llevó volverse loco al original Jon
Cartwright. Simón sonrió al pensar en ello, la frente de su compañero de clase engreído al ras de la
ira, mientras que las venas de su musculoso cuello empezaban a palpitar.
Tal vez George tenía razón. Tal vez, algún día, podrían incluso extrañar a las ratas.
Simon nunca antes había puesto demasiado esfuerzo en imaginar su graduación, y mucho menos
la noche anterior. Así como bailes escolares estos eventos parecían pertenecer a otra especie de
adolescente – aquellos que tenían espirito escolar, los deportistas y las líderes de torcida que él
conocía solamente por las películas. Nada de fiestas con barriletes de cerveza para él, nada de
tristes momentos de adiós o pésimos enganches alimentados por nostalgia y cerveza barata. Dos
años atrás si él se preocupase en pensar sobre eso, Simon probablemente llegaría a la conclusión
de que el pasaría la noche como pasaba la mayoría de las noches en Brooklyn, con Eric y los chicos
en el Java Jones, consumiendo gran cuantidades de café y trocando ideas de nombres para la
banda. Ratas Muertas Furtivas, Simon pensó por hábito. O quizás Funerales de Ratas.
Claro, todo eso ocurrió cuando el todavía creía que después de la escuela vendría la universidad y
después el estrellato de rock… o por lo menos un trabajo moderadamente cool en una grabadora
moderadamente cool. Antes de saber que existían demonios, antes de saber que existía una raza
de guerreros súper poderosos y con sangre de ángel empeñados en batalla eterna con esos
demonios – y definitivamente antes de él ser voluntariado para juntarse a ellos.
Entonces en lugar del Java Jones, el estaba en la sala de estudiantes de la Academia, intentando
leer en la luz de velas, estornudando por lo equivalente o dos siglos de polvo acumulado, y
evitando los ollares íntimos de los nobles Shadowhunters del pasado cuyos retratos rellenaban las
paredes, sus expresiones pareciendo decir, ¿Cómo puedes imaginar que podría ser uno de
nosotros? Al revés de Eric, Matt y Kirk que Simon conocía desde la primaria, el se encontraba con
amigos que había conocido apenas cortos años antes, uno de los cuales tenían un extraño y gran
afecto por ratas, y otro que compartía su nombre con ellas. Y al revés de imaginarse como
estrellas de rock, estaban todos preparándose para una vida de batallas contra males
multidimensionales. Eso todo si ellos sobreviviesen a la graduación.
Y asumir que él iba a sobrevivir no era una suposición segura de hacer.
“¿Cómo piensas que va a ser?” Marisol Garza preguntó, situada en los musculosos brazos de Jon
Cartwright aparentando estar casi feliz allá. “La ceremonia, quiero decir. ¿Qué piensas que vamos
tener que hacer?”
Jon, así como Julie Beauvale y Beatriz Mendoza, descienden de un gran linaje de Shadowhunters.
Para ellos, mañana seria solamente un día más, el adiós oficial a sus vidas de estudiantes. Tiempo
de parar de entrenar y empezar a batallar.
Pero para George, Marisol, Simon, Sunil Sadasivan y un pequeño grupo de otros estudiantes
mundanos, mañana planeaba sobre ellos como lo día en que ellos Ascenderían.
Nadie tenía certeza de lo que aquello significaba: Ascensión. Mucho menos lo que aquello traería.
No les habían dicho mucho: que ellos iban a beber del Mortal Cup. Que ellos iban, como el
primero de la raza, Jonathan Shadowhunther, beber la sangre de un ángel. Que ellos iban, si
tuviesen suerte, ser transformados en Shadowhunters de verdad. Que ellos iban a decir adiós a
sus vidas mundanas y comprometerse a una vida sin miedos a servicio de la humanidad.
O si tuviesen mucha mala suerte, ellos iban a morir, una inmediata y presumiblemente macabra
muerte.
No hacia exactamente una tarde festiva.
“Estoy solamente preguntándome lo que va a estar en el Mortal Cup” Simon dijo “¿No piensan
que va a ser sangre de verdad, no?”
“¿Pero no es esta tu especialidad Lewis?” Jon dijo con desdén
George suspiró melancólico “La última vez que Jon haz una broma estúpida de vampiro.”
“Yo no contaría con eso” Simon murmuró. Marisol golpeo el hombro de Jon. “Cállate tonto” ella
dijo. Pero dijo con un tono demasiado amoroso si preguntasen a Simon.
“Te apuesto que es agua” Beatriz dijo, siempre la pacificadora. “Agua que tienes que fingir ser
sangre o que el Mortal Cup transforma en sangre, o algo así.”
“No importa lo que está dentro” Julie dijo en su mejor ‘yo sé de todo’ voz, a pesar de que ella
claramente no sabía más que todos ellos “El Mortal Cup es mágico. Podrías probablemente beber
kétchup del y aun iba a funcionar.”
“Entonces espero que sea café” Simon dijo, ahora en vez de suspirar de forma melancólica. La
Academia era en zona libre de cafeína. Sería un mejor Cazador de Sombras si pudiera Ascender
con cafeína."
"Sunil dijo que escuchó que es agua del lago Lyn" dijo Beatriz escépticamente. Simon esperaba
que estuviera en lo correcto siendo escéptico, pues su último encuentro con el agua del lago había
sido un tanto inquietante. Y dado que un desconcertante porcentaje de mundanos morían durante
la Ascensión, le parecía que la Copa no necesitaba de ninguna ayuda extra para lograrlo.
"¿Dónde está Sunil de todas formas?" preguntó Simon. No tenían planes para juntarse esta noche,
pero la Academia ofrecía un limitado número de actividades recreacionales-por lo menos si no
disfrutabas pasando tu tiempo libre atrapado accidentalmente en los calabozos o acompañando a
la mágica babosa gigante que se rumoraba que andaba por los corredores en las madrugadas.
La mayoría de las noches de los últimos meses, Simon y sus amigos terminaban aquí, hablando
sobre sus futuros, y esperaba que esta noche fuera lo mismo.
Marisol, quien conocía mejor a Sunil, se encogió de hombros. "Quizá está considerando sus
opciones." Eso era lo que la decana Penhallow les había pedido al grupo de los mundanos, que
pasaran su última tarde pensando en ello, asegurándoles que no habría problema de que
decidieran no continuar a último minuto.
"Humillación. Vergüenza de por vida por su cobardía mundana y culpa por gastar nuestro valioso
tiempo" les había dicho Scarsbury, y luego, cuando la decana lo miró severamente, dijo "Pero
seguro, no hay problema".
"Bueno, ¿no debería estar considerándolo?" preguntó Julie. "¿No deberían estarlo considerándolo
todos ustedes? No es como ir a la escuela de doctores y tomar el juramento de hipocresía o algo.
No pueden cambiar su decisión".
"Primero que todo, se llama juramento hipocrático" dijo Marisol.
"Y se llama escuela de medicina" agregó Jon, luciendo orgulloso de sí mismo. Marisol le había
estado enseñando sobre la vida mundana. Contra su voluntad, o al menos eso era lo que Jon les
hacía creer.
"Segundo, ¿por qué pensaría que alguno de nosotros nos gustaría cambiar de opinión? ¿Estás
planeando cambiar de opinión sobre ser una Cazadora?"
Julie lució sorprendida por la idea. "Soy una Cazadora de Sombras. Debería ser que me preguntes
si planeo cambiar de opinión en seguir con vida."
"¿Qué te hace creer que es diferente con nosotros?" dijo Marisol con rudeza. Ella era la menor de
todos por dos años y la más pequeña por unos cuantos centímetros, pero a veces Simon pensaba
que a veces era la más valiente. Ella sería por quien Simon apostaría en una pelea. (Marisol sabía
pelear, y cuando era necesario, peleaba sucio.)
"Ella no quiso decir nada con eso" dijo Beatriz gentilmente.
"Realmente no" dijo Julie rápidamente.
Simon sabía que era verdad. Julie no podía evitar parecer como una snob odia-mundanos en
algunas ocasiones, no más de lo que Jon podía evitar parecer como-bueno, como un idiota en
algunas ocasiones. Esos eran ellos, y Simon se dio cuenta, inesperadamente, de que no los
cambiaría. Para bien o para mal, estos eran sus amigos. En dos años habían enfrentado muchas
cosas junto: demonios, hadas, Delaney Scarsbury, la "comida" del comedor. Eran casi como la
familia. Podrían no agradarte todo el tiempo, pero, llegado el momento, los defenderías hasta la
muerte.
Aunque esperaba que no llegara a tales extremos.
"Vamos, ¿no estás un poco nervioso?" preguntó Jon. "¿Quién puede recordar la última vez que
alguien Ascendió? Se escucha un poco ridículo si lo piensas: un trago de la Copa y-poof-Lewis es un
Cazador."
"No es ridículo para mí" dijo Julie suavemente, y todos se callaron. La madre de Julie había sido
Convertida durante la Guerra Oscura. Un trago de la Copa Infernal de Sebastián y se había
convertido en una Oscurecida. El cuerpo de una persona, nada más que un cuenco vacío para los
planes malvados de Sebastian.
Todos sabían lo que un trago podía hacer.
George se aclaró la garganta. No podía soportar el silencio por más de treinta segundos, esa era
una de las cosas que más extrañaría Simon al no vivir con él.
"Bien, yo estoy listo para reclamar mi derecho de nacimiento" dijo animadamente. "¿Creen que
me volveré insoportablemente arrogante con un solo trago o tendré que pedirle a Jon me ayude?"
"No es arrogancia si estás en lo correcto" dijo Jon, sonriendo, y así, la noche volvió a su curso
normal.
Simon intentó prestar atención a la conversación de sus amigos e hizo lo que pudo para no pensar
en la pregunta de Jon, sobre si debería o no estar nervioso-si debería pasar su última noche en
sobria consideración de sus "opciones".
¿Qué opciones? Después de dos años en la Academia, después de todo su entrenamiento y
estudio, después de haber jurado querer ser un Cazador, ¿simplemente podría retractarse?
¿Cómo podría decepcionar a Clary e Isabelle así?... Y si lo hacía, ¿cómo podrían amarlo de nuevo?
Trató de no pensar sobre qué tan difícil sería para ellas amarlo-o al menos apreciarlo-si algo salía
mal en la Ceremonia y terminaba muerto.
Trató de no pensar en todas las otras personas que lo amaban, aquellas que, de acuerdo a las
Leyes de los Cazadores, se suponía que no vería de nuevo. Su madre. Su hermana.
Marisol y Sunil no tenían a nadie que los esperara en casa, algo que siempre le había parecido
triste a Simon. Pero quizá era más fácil, alejarte cuando no dejabas nada atrás. Luego estaba
George, el afortunado-sus padres adoptivos eran Cazadores, incluso si nunca hubieran levantado
una espada. Él sería capaz de regresar a casa para almorzar los domingos, tampoco tendría que
elegir un nuevo apellido.
George si había estado burlando de él últimamente, diciendo que Simon tampoco debería tener
mucho problema eligiendo uno nuevo. "Lightwood se escucha bien, ¿no crees?" le gustaba decir.
Simon era muy bueno fingiendo sordera.
Sin embargo, el rubor le subía por las mejillas al pensar: Lightwood tal vez... Algún día. Si se atrevía
a tener esperanza.
Mientras tanto, había pensado en un nuevo nombre propio, uno para su nuevo Cazador de
Sombras, que era tan infatigable como todo lo demás en este proceso.
"Um, ¿puedo entrar?" Una delgada niña de alrededor de trece años estaba en la puerta. Simon
pensó que su nombre era Milla, pero no estaba seguro, pues nunca llegó a conocer a muchos de
ellos. Ella tenía la confusa mirada de un mundano, uno que, incluso después de todos estos meses,
no podía creer que estaba realmente aquí.
"Es propiedad pública" dijo Julie, con un arrogante-o incluso más-arrogante-que-lo-usual, tono en
su voz. Julie amaba tener autoridad sobre los nuevos niños.
La niña se acercó a ellos asustadizamente. Simon se preguntó a sí mismo cómo alguien como ella
terminaba en la Academia-luego se dio cuenta. Era mejor no juzgar por las apariencias.
Especialmente debido a cómo él lucía cuando llegó dos años antes, tan delgado que sólo podía
ponerse trajes de combate del tamaño de una niña. "Estás pensando como un Cazador" se dijo a sí
mismo.
Era divertido que eso nunca se escuchara como algo bueno.
"Él me dijo que te diera esto" susurró la niña, entregándole un papel doblado a Marisol, y luego se
hizo atrás. Marisol, se dio cuenta Simon, era un tipo de heroína para los mundanos más pequeños.
"¿Quién lo hizo?" preguntó Marisol, pero la niña ya se había ido. Marisol se encogió de hombros y
abrió la nota, su expresión decayendo mientras leía la nota.
Marisol sacudió la cabeza.
Jon tomó su mano, y Simon esperó a que ella lo abofeteara, pero en su lugar solamente lo apretó
fuerte. "Es de Sunil" dijo con voz enojada. Le pasó la nota a Simon. "Creo que 'consideró sus
opciones.'"
"No puedo hacerlo" decía la nota. "Sé que probablemente me hace un cobarde, pero no puedo
beber de esa Copa. No quiero morir. Lo siento. ¿Te despides de todos por mí? Y buena suerte.
Se pasaron la nota uno por uno, como si necesitaran ver las palabras en blanco y negro antes de
que pudieran creerlo. Sunil se había ido.
"No podemos culparlo" dijo Beatriz finalmente. Todos puedes haces sus propias decisiones."
"Yo lo culpo" dijo Marisol. "Nos está haciendo lucir mal."
Simon no pensó que esa fuera la razón por la que estuviera molesta, no exactamente. Él también
estaba molesto, no porque pensara que Sunil fuera un cobarde o porque los hubiera traicionado.
Simon estaba enojado porque había puesto mucho esfuerzo en tratar de no pensar sobre lo que
podría pasar, o en cómo esta era su última oportunidad para irse, y ahora Sunil había hecho lo
imposible.
Simon se levantó. "Creo que necesito tomar aire."
“¿Quieres compañía, amigo?” Preguntó George.
Simon nego con la cabeza, sabiendo que George no se ofendería. Era otra de las cosas que los
hacía grandes compañeros—cada uno sabía cuando dejar al otro tranquilo.
“Los veré en la mañana,” Dijo Simon. Julie y Beatriz sonrieron y le desearon buenas noches, e
incluso Jon le brindó un saludo sardónico. Pero Marisol no lo miraba, y Simon se preguntó si
pensaba que el sería el siguiente en huir.
Quería asegurarle que no era una posibilidad. Quería jurar, que en la mañana, el estaría allí con
ellos en el salón del Concejo, listo para acercar la copa a sus labios sin reservaciones. Pero jurar era
algo serio para los Cazadores de Sombras. Nunca jurabas a menos que estuvieras totalmente
seguro.
Entonces Simon dijo buenas noches y dejo a sus amigos atrás.
* * *
Simon se preguntó si, en la historia del tiempo, alguien dijo, “Necesito aire,” y lo dijo de veras. En
realidad, eso era usado solamente como un código para decir “Necesito estar en otro lado.” Lo
que necesitaba Simon. El problema era que ningún lugar se sentía como el lugar correcto para
estar—entonces, sin una mejor idea, decidió que su dormitorio era suficiente. Por lo menos allí
podía estar solo.
Ese era el plan.
Pero cuando entró a la habitación, encontró a una chica sentada en su cama. Una pequeña
pelirroja cuya cara se iluminó cuando lo vio.
De todas las cosas extrañas que le han ocurrido a Simon en estos ultimos años, lo más extraño era
que esto—chicas hermosas esperándolo en su habitación con impaciencia—ya no parecía extraño
en absoluto.
“Clary,” dijo abrazándola fuertemente. Era todo lo que necesitaba decir, porque esa era la cosa de
tener una mejor amiga. Ella sabía exactamente cuando el necesitaba verla y cuan agradecido y
aliviado estaba—sin tener que decir nada.
Clary le sonrió y guardó su stele en su bolsillo. El Portal que había creado todavía estaba
temblando sobre la decrepita pared de piedra, la cosa más brillante en la habitación.
“Sorprendido?”
“Querías verme por última vez antes de ponerme todo musculoso y pelea-demonios?” Jugueteo
Simon.
“Simon, sabes que Ascender no va a ser como ser mordido por una araña radioactiva, ¿no?"
“¿Entonces estas diciendo que no voy a poder ir de un edificio a otro colgado de una telaraña? ¿Y
no me dan un Batimovil? Quiero un reembolso.”
“En serio, Simon—”
“En serio, Clary. Se lo que significa Ascender.”
Las palabras salieron pesadas entre ellos, y como siempre, Clary escuchó lo que él no decía: Que
esto era demasiado grande como para hablar seriamente. Que bromear era, por el momento, lo
mejor que podía hacer.
“Además, Lewis, ya estas bastante musculoso.” Tocó sus bíceps, los cuales, no pudo evitar notar,
estaban cercanos a abultarse. “Un poco más y tendrás que comprar ropa nueva.”
“¡Nunca!” dijo indignado, alisando su camiseta, que tenía una docena de agujeros en el algodon y
decía ESTOY VESTIDO DE MI MISMO en letras demasiado esfumadas para leer.
“¿Ha venido Isabelle contigo?” Dijo tratando de mantener la ilusión fuera de su voz.
palabra. "Uno adecuado."
Simon Lewis hizo una pausa en sus labores y miró hacia su compañero de cuarto. George era el
tipo de chico que Simón hubiera odiado a primera vista, con ese brillo de bronce, los abdominales,
y que según algunas chicas y chicos su enloquecedor acento escocés sexy, debería tener un
cerebro del tamaño de una rata y una personalidad nada atractiva. Pero George volvió su cabeza
hacia Simón. En ese mismo momento estaba limpiando algo que se parecía sospechosamente a
una lágrima.
"¿Estas. . . llorando?”Preguntó Simón, incrédulo.
"Por supuesto que no." George limpio sus ojos furioso. "Bueno, en mi defensa" añadió, sonando
ligeramente avergonzado, "la muerte es una cosa terrible."
"Es una rata muerta," Simon señaló. "Una rata muerta en tu zapato, debo añadir." Simon y George
habían descubierto que la clave para una relación feliz entre compañeros de cuarto era una clara
división del trabajo. Así que George estaba a cargo de la eliminación de todas las criaturas, ratas,
lagartos, cucarachas. Simón se encarga de todo lo que se había arrastrado dentro de los artículos
de ropa y se estremeció al recordar el momento en que se dieron cuenta de esta mano de obra
incluía buscar bajo las almohadas. "Además, para que conste, sólo uno de nosotros ha sido
realmente una rata, y él no es exactamente el que esta llorando".
"Podría ser la última rata muerta que enco
Llamaron a todas sus ratas Jon Cartwright, un hecho que llevó volverse loco al original Jon
Cartwright. Simón sonrió al pensar en ello, la frente de su compañero de clase engreído al ras de la
ira, mientras que las venas de su musculoso cuello empezaban a palpitar.
Tal vez George tenía razón. Tal vez, algún día, podrían incluso extrañar a las ratas.
Simon nunca antes había puesto demasiado esfuerzo en imaginar su graduación, y mucho menos
la noche anterior. Así como bailes escolares estos eventos parecían pertenecer a otra especie de
adolescente – aquellos que tenían espirito escolar, los deportistas y las líderes de torcida que él
conocía solamente por las películas. Nada de fiestas con barriletes de cerveza para él, nada de
tristes momentos de adiós o pésimos enganches alimentados por nostalgia y cerveza barata. Dos
años atrás si él se preocupase en pensar sobre eso, Simon probablemente llegaría a la conclusión
de que el pasaría la noche como pasaba la mayoría de las noches en Brooklyn, con Eric y los chicos
en el Java Jones, consumiendo gran cuantidades de café y trocando ideas de nombres para la
banda. Ratas Muertas Furtivas, Simon pensó por hábito. O quizás Funerales de Ratas.
Claro, todo eso ocurrió cuando el todavía creía que después de la escuela vendría la universidad y
después el estrellato de rock… o por lo menos un trabajo moderadamente cool en una grabadora
moderadamente cool. Antes de saber que existían demonios, antes de saber que existía una raza
de guerreros súper poderosos y con sangre de ángel empeñados en batalla eterna con esos
demonios – y definitivamente antes de él ser voluntariado para juntarse a ellos.
Entonces en lugar del Java Jones, el estaba en la sala de estudiantes de la Academia, intentando
leer en la luz de velas, estornudando por lo equivalente o dos siglos de polvo acumulado, y
evitando los ollares íntimos de los nobles Shadowhunters del pasado cuyos retratos rellenaban las
paredes, sus expresiones pareciendo decir, ¿Cómo puedes imaginar que podría ser uno de
nosotros? Al revés de Eric, Matt y Kirk que Simon conocía desde la primaria, el se encontraba con
amigos que había conocido apenas cortos años antes, uno de los cuales tenían un extraño y gran
afecto por ratas, y otro que compartía su nombre con ellas. Y al revés de imaginarse como
estrellas de rock, estaban todos preparándose para una vida de batallas contra males
multidimensionales. Eso todo si ellos sobreviviesen a la graduación.
Y asumir que él iba a sobrevivir no era una suposición segura de hacer.
“¿Cómo piensas que va a ser?” Marisol Garza preguntó, situada en los musculosos brazos de Jon
Cartwright aparentando estar casi feliz allá. “La ceremonia, quiero decir. ¿Qué piensas que vamos
tener que hacer?”
Jon, así como Julie Beauvale y Beatriz Mendoza, descienden de un gran linaje de Shadowhunters.
Para ellos, mañana seria solamente un día más, el adiós oficial a sus vidas de estudiantes. Tiempo
de parar de entrenar y empezar a batallar.
Pero para George, Marisol, Simon, Sunil Sadasivan y un pequeño grupo de otros estudiantes
mundanos, mañana planeaba sobre ellos como lo día en que ellos Ascenderían.
Nadie tenía certeza de lo que aquello significaba: Ascensión. Mucho menos lo que aquello traería.
No les habían dicho mucho: que ellos iban a beber del Mortal Cup. Que ellos iban, como el
primero de la raza, Jonathan Shadowhunther, beber la sangre de un ángel. Que ellos iban, si
tuviesen suerte, ser transformados en Shadowhunters de verdad. Que ellos iban a decir adiós a
sus vidas mundanas y comprometerse a una vida sin miedos a servicio de la humanidad.
O si tuviesen mucha mala suerte, ellos iban a morir, una inmediata y presumiblemente macabra
muerte.
No hacia exactamente una tarde festiva.
“Estoy solamente preguntándome lo que va a estar en el Mortal Cup” Simon dijo “¿No piensan
que va a ser sangre de verdad, no?”
“¿Pero no es esta tu especialidad Lewis?” Jon dijo con desdén
George suspiró melancólico “La última vez que Jon haz una broma estúpida de vampiro.”
“Yo no contaría con eso” Simon murmuró. Marisol golpeo el hombro de Jon. “Cállate tonto” ella
dijo. Pero dijo con un tono demasiado amoroso si preguntasen a Simon.
“Te apuesto que es agua” Beatriz dijo, siempre la pacificadora. “Agua que tienes que fingir ser
sangre o que el Mortal Cup transforma en sangre, o algo así.”
“No importa lo que está dentro” Julie dijo en su mejor ‘yo sé de todo’ voz, a pesar de que ella
claramente no sabía más que todos ellos “El Mortal Cup es mágico. Podrías probablemente beber
kétchup del y aun iba a funcionar.”
“Entonces espero que sea café” Simon dijo, ahora en vez de suspirar de forma melancólica. La
Academia era en zona libre de cafeína. Sería un mejor Cazador de Sombras si pudiera Ascender
con cafeína."
"Sunil dijo que escuchó que es agua del lago Lyn" dijo Beatriz escépticamente. Simon esperaba
que estuviera en lo correcto siendo escéptico, pues su último encuentro con el agua del lago había
sido un tanto inquietante. Y dado que un desconcertante porcentaje de mundanos morían durante
la Ascensión, le parecía que la Copa no necesitaba de ninguna ayuda extra para lograrlo.
"¿Dónde está Sunil de todas formas?" preguntó Simon. No tenían planes para juntarse esta noche,
pero la Academia ofrecía un limitado número de actividades recreacionales-por lo menos si no
disfrutabas pasando tu tiempo libre atrapado accidentalmente en los calabozos o acompañando a
la mágica babosa gigante que se rumoraba que andaba por los corredores en las madrugadas.
La mayoría de las noches de los últimos meses, Simon y sus amigos terminaban aquí, hablando
sobre sus futuros, y esperaba que esta noche fuera lo mismo.
Marisol, quien conocía mejor a Sunil, se encogió de hombros. "Quizá está considerando sus
opciones." Eso era lo que la decana Penhallow les había pedido al grupo de los mundanos, que
pasaran su última tarde pensando en ello, asegurándoles que no habría problema de que
decidieran no continuar a último minuto.
"Humillación. Vergüenza de por vida por su cobardía mundana y culpa por gastar nuestro valioso
tiempo" les había dicho Scarsbury, y luego, cuando la decana lo miró severamente, dijo "Pero
seguro, no hay problema".
"Bueno, ¿no debería estar considerándolo?" preguntó Julie. "¿No deberían estarlo considerándolo
todos ustedes? No es como ir a la escuela de doctores y tomar el juramento de hipocresía o algo.
No pueden cambiar su decisión".
"Primero que todo, se llama juramento hipocrático" dijo Marisol.
"Y se llama escuela de medicina" agregó Jon, luciendo orgulloso de sí mismo. Marisol le había
estado enseñando sobre la vida mundana. Contra su voluntad, o al menos eso era lo que Jon les
hacía creer.
"Segundo, ¿por qué pensaría que alguno de nosotros nos gustaría cambiar de opinión? ¿Estás
planeando cambiar de opinión sobre ser una Cazadora?"
Julie lució sorprendida por la idea. "Soy una Cazadora de Sombras. Debería ser que me preguntes
si planeo cambiar de opinión en seguir con vida."
"¿Qué te hace creer que es diferente con nosotros?" dijo Marisol con rudeza. Ella era la menor de
todos por dos años y la más pequeña por unos cuantos centímetros, pero a veces Simon pensaba
que a veces era la más valiente. Ella sería por quien Simon apostaría en una pelea. (Marisol sabía
pelear, y cuando era necesario, peleaba sucio.)
"Ella no quiso decir nada con eso" dijo Beatriz gentilmente.
"Realmente no" dijo Julie rápidamente.
Simon sabía que era verdad. Julie no podía evitar parecer como una snob odia-mundanos en
algunas ocasiones, no más de lo que Jon podía evitar parecer como-bueno, como un idiota en
algunas ocasiones. Esos eran ellos, y Simon se dio cuenta, inesperadamente, de que no los
cambiaría. Para bien o para mal, estos eran sus amigos. En dos años habían enfrentado muchas
cosas junto: demonios, hadas, Delaney Scarsbury, la "comida" del comedor. Eran casi como la
familia. Podrían no agradarte todo el tiempo, pero, llegado el momento, los defenderías hasta la
muerte.
Aunque esperaba que no llegara a tales extremos.
"Vamos, ¿no estás un poco nervioso?" preguntó Jon. "¿Quién puede recordar la última vez que
alguien Ascendió? Se escucha un poco ridículo si lo piensas: un trago de la Copa y-poof-Lewis es un
Cazador."
"No es ridículo para mí" dijo Julie suavemente, y todos se callaron. La madre de Julie había sido
Convertida durante la Guerra Oscura. Un trago de la Copa Infernal de Sebastián y se había
convertido en una Oscurecida. El cuerpo de una persona, nada más que un cuenco vacío para los
planes malvados de Sebastian.
Todos sabían lo que un trago podía hacer.
George se aclaró la garganta. No podía soportar el silencio por más de treinta segundos, esa era
una de las cosas que más extrañaría Simon al no vivir con él.
"Bien, yo estoy listo para reclamar mi derecho de nacimiento" dijo animadamente. "¿Creen que
me volveré insoportablemente arrogante con un solo trago o tendré que pedirle a Jon me ayude?"
"No es arrogancia si estás en lo correcto" dijo Jon, sonriendo, y así, la noche volvió a su curso
normal.
Simon intentó prestar atención a la conversación de sus amigos e hizo lo que pudo para no pensar
en la pregunta de Jon, sobre si debería o no estar nervioso-si debería pasar su última noche en
sobria consideración de sus "opciones".
¿Qué opciones? Después de dos años en la Academia, después de todo su entrenamiento y
estudio, después de haber jurado querer ser un Cazador, ¿simplemente podría retractarse?
¿Cómo podría decepcionar a Clary e Isabelle así?... Y si lo hacía, ¿cómo podrían amarlo de nuevo?
Trató de no pensar sobre qué tan difícil sería para ellas amarlo-o al menos apreciarlo-si algo salía
mal en la Ceremonia y terminaba muerto.
Trató de no pensar en todas las otras personas que lo amaban, aquellas que, de acuerdo a las
Leyes de los Cazadores, se suponía que no vería de nuevo. Su madre. Su hermana.
Marisol y Sunil no tenían a nadie que los esperara en casa, algo que siempre le había parecido
triste a Simon. Pero quizá era más fácil, alejarte cuando no dejabas nada atrás. Luego estaba
George, el afortunado-sus padres adoptivos eran Cazadores, incluso si nunca hubieran levantado
una espada. Él sería capaz de regresar a casa para almorzar los domingos, tampoco tendría que
elegir un nuevo apellido.
George si había estado burlando de él últimamente, diciendo que Simon tampoco debería tener
mucho problema eligiendo uno nuevo. "Lightwood se escucha bien, ¿no crees?" le gustaba decir.
Simon era muy bueno fingiendo sordera.
Sin embargo, el rubor le subía por las mejillas al pensar: Lightwood tal vez... Algún día. Si se atrevía
a tener esperanza.
Mientras tanto, había pensado en un nuevo nombre propio, uno para su nuevo Cazador de
Sombras, que era tan infatigable como todo lo demás en este proceso.
"Um, ¿puedo entrar?" Una delgada niña de alrededor de trece años estaba en la puerta. Simon
pensó que su nombre era Milla, pero no estaba seguro, pues nunca llegó a conocer a muchos de
ellos. Ella tenía la confusa mirada de un mundano, uno que, incluso después de todos estos meses,
no podía creer que estaba realmente aquí.
"Es propiedad pública" dijo Julie, con un arrogante-o incluso más-arrogante-que-lo-usual, tono en
su voz. Julie amaba tener autoridad sobre los nuevos niños.
La niña se acercó a ellos asustadizamente. Simon se preguntó a sí mismo cómo alguien como ella
terminaba en la Academia-luego se dio cuenta. Era mejor no juzgar por las apariencias.
Especialmente debido a cómo él lucía cuando llegó dos años antes, tan delgado que sólo podía
ponerse trajes de combate del tamaño de una niña. "Estás pensando como un Cazador" se dijo a sí
mismo.
Era divertido que eso nunca se escuchara como algo bueno.
"Él me dijo que te diera esto" susurró la niña, entregándole un papel doblado a Marisol, y luego se
hizo atrás. Marisol, se dio cuenta Simon, era un tipo de heroína para los mundanos más pequeños.
"¿Quién lo hizo?" preguntó Marisol, pero la niña ya se había ido. Marisol se encogió de hombros y
abrió la nota, su expresión decayendo mientras leía la nota.
Marisol sacudió la cabeza.
Jon tomó su mano, y Simon esperó a que ella lo abofeteara, pero en su lugar solamente lo apretó
fuerte. "Es de Sunil" dijo con voz enojada. Le pasó la nota a Simon. "Creo que 'consideró sus
opciones.'"
"No puedo hacerlo" decía la nota. "Sé que probablemente me hace un cobarde, pero no puedo
beber de esa Copa. No quiero morir. Lo siento. ¿Te despides de todos por mí? Y buena suerte.
Se pasaron la nota uno por uno, como si necesitaran ver las palabras en blanco y negro antes de
que pudieran creerlo. Sunil se había ido.
"No podemos culparlo" dijo Beatriz finalmente. Todos puedes haces sus propias decisiones."
"Yo lo culpo" dijo Marisol. "Nos está haciendo lucir mal."
Simon no pensó que esa fuera la razón por la que estuviera molesta, no exactamente. Él también
estaba molesto, no porque pensara que Sunil fuera un cobarde o porque los hubiera traicionado.
Simon estaba enojado porque había puesto mucho esfuerzo en tratar de no pensar sobre lo que
podría pasar, o en cómo esta era su última oportunidad para irse, y ahora Sunil había hecho lo
imposible.
Simon se levantó. "Creo que necesito tomar aire."
“¿Quieres compañía, amigo?” Preguntó George.
Simon nego con la cabeza, sabiendo que George no se ofendería. Era otra de las cosas que los
hacía grandes compañeros—cada uno sabía cuando dejar al otro tranquilo.
“Los veré en la mañana,” Dijo Simon. Julie y Beatriz sonrieron y le desearon buenas noches, e
incluso Jon le brindó un saludo sardónico. Pero Marisol no lo miraba, y Simon se preguntó si
pensaba que el sería el siguiente en huir.
Quería asegurarle que no era una posibilidad. Quería jurar, que en la mañana, el estaría allí con
ellos en el salón del Concejo, listo para acercar la copa a sus labios sin reservaciones. Pero jurar era
algo serio para los Cazadores de Sombras. Nunca jurabas a menos que estuvieras totalmente
seguro.
Entonces Simon dijo buenas noches y dejo a sus amigos atrás.
* * *
Simon se preguntó si, en la historia del tiempo, alguien dijo, “Necesito aire,” y lo dijo de veras. En
realidad, eso era usado solamente como un código para decir “Necesito estar en otro lado.” Lo
que necesitaba Simon. El problema era que ningún lugar se sentía como el lugar correcto para
estar—entonces, sin una mejor idea, decidió que su dormitorio era suficiente. Por lo menos allí
podía estar solo.
Ese era el plan.
Pero cuando entró a la habitación, encontró a una chica sentada en su cama. Una pequeña
pelirroja cuya cara se iluminó cuando lo vio.
De todas las cosas extrañas que le han ocurrido a Simon en estos ultimos años, lo más extraño era
que esto—chicas hermosas esperándolo en su habitación con impaciencia—ya no parecía extraño
en absoluto.
“Clary,” dijo abrazándola fuertemente. Era todo lo que necesitaba decir, porque esa era la cosa de
tener una mejor amiga. Ella sabía exactamente cuando el necesitaba verla y cuan agradecido y
aliviado estaba—sin tener que decir nada.
Clary le sonrió y guardó su stele en su bolsillo. El Portal que había creado todavía estaba
temblando sobre la decrepita pared de piedra, la cosa más brillante en la habitación.
“Sorprendido?”
“Querías verme por última vez antes de ponerme todo musculoso y pelea-demonios?” Jugueteo
Simon.
“Simon, sabes que Ascender no va a ser como ser mordido por una araña radioactiva, ¿no?"
“¿Entonces estas diciendo que no voy a poder ir de un edificio a otro colgado de una telaraña? ¿Y
no me dan un Batimovil? Quiero un reembolso.”
“En serio, Simon—”
“En serio, Clary. Se lo que significa Ascender.”
Las palabras salieron pesadas entre ellos, y como siempre, Clary escuchó lo que él no decía: Que
esto era demasiado grande como para hablar seriamente. Que bromear era, por el momento, lo
mejor que podía hacer.
“Además, Lewis, ya estas bastante musculoso.” Tocó sus bíceps, los cuales, no pudo evitar notar,
estaban cercanos a abultarse. “Un poco más y tendrás que comprar ropa nueva.”
“¡Nunca!” dijo indignado, alisando su camiseta, que tenía una docena de agujeros en el algodon y
decía ESTOY VESTIDO DE MI MISMO en letras demasiado esfumadas para leer.
“¿Ha venido Isabelle contigo?” Dijo tratando de mantener la ilusión fuera de su voz.
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