FIN 8.4

Después de la ceremonia, regresaron a Alicante, donde fueron llevados
a la mansión Blackthorn para cambiarse de ropa. Emma y Julian fueron
llevados por los empleados a las habitaciones en el piso principal. Clary y
Simon fueron guiados por la enorme escalera.
—No sé qué se supone que voy a ponerme —dijo Simon—. No tuve
mucho tiempo de antelación.
—Te traje un traje de casa —dijo Clary—. Lo pedí prestado.
—No de Jace.
—De Eric.
—¿Eric tenía un traje? ¿Me prometes que no era, como, de su abuelo
muerto?
—No puedo prometerte nada, pero creo que servirá.
A Simon le mostraron una pequeña y cargada habitación en el segundo
piso, atestada de muebles y llena de paredes recubiertas y las penetrantes
miradas de algunos Blackthorn fallecidos que habían tomado residencia en
forma de severos portarretratos. La bolsa del traje estaba en la cama. Eric
tenía un traje, uno negro sencillo. Una camisa también fue provista, junto con
una corbata azul plateado y algunos zapatos de vestir. El traje era uno o dos
centímetros demasiado corto. La camisa era demasiado ajustada, el
entrenamiento diario de Simon lo había hecho una de esas personas quienes
estallan por una camisa de vestir. Los zapatos no encajaban del todo, así que
uso los suaves zapatos negros que eran parte del equipo formal. La corbata
quedaba bien. Las corbatas eran buenas para esto. Se sentó en la cama por
un momento y se permitió pensar sobre todo lo que había sucedido. Cerró sus
ojos y luchó con la urgencia de dormir. Se sintió tambaleándose y cayéndose
cuando hubo un suave llamado en la puerta. Resopló mientras volvía del micro
sueño.
—Claro —dijo él, lo cual no había pretendido decir—. Sí. Quiero decir,
pase.
Clary entró usando un vestido verde que perfectamente complementaba
su cabello, su piel, cada parte de ella. Y Simon tuvo una revelación. Si aún
sintiera atracción romántica hacia Clary, verla al momento quizás le causaría
comenzar a sudar y tartamudear. Ahora veía a alguien que amaba, quién lucía
hermosa, y era su amiga. Y eso era todo.
—Escucha —dijo ella, cerrando la puerta—. En la ceremonia, lucías…
raro. Si no quieres hacerlo… La cosa parabatai. Fue una sorpresa y yo no
quería que tú fueras…
—¿Qué? No. No.
Instintivamente él se estiró por su mano. Ella la apretó duro.
—Bien —dijo ella—. Pero algo pasó ahí dentro. Lo vi.
—En la alucinación que tuve, por el agua del lago, vi a Jace, y él seguía
diciéndome que recordara cómo nos conocimos —dijo él—. Así que estaba
tratando de recordar. Y luego justo en medio de la ceremonia, tuve el recuerdo
de regreso. Este solo como que… se descargó.
Clary frunció el ceño, su nariz arrugándose en confusión.
—¿El recuerdo de cómo conociste a Jace? ¿No fue eso en el Instituto?
—Sí y no. El recuerdo era en realidad sobre nosotros, tú y yo. Estábamos
en la cafetería, Java Jones. Tú estabas nombrando a todas estas chicas con
las que yo podría salir y yo estaba… estaba tratando de decirte que tú eras la
que me gustaba.
—Sí —dijo Clary, bajando la mirada.
—Y luego saliste corriendo. Solo así.
—Jace estaba ahí. Tú no podías verlo.
—Eso fue lo que pensé. —Simon estudió su rostro—. Tú saliste
corriendo mientras yo estaba diciéndote cómo me sentía. Lo cual está bien.
Nunca estuvimos hechos para ser… así. Creo que eso es lo que mi
subconsciente, en la molesta forma de Jace, quería que yo supiera. Porque
creo que pienso que estamos hechos para estar juntos. Los parabatai no se
pueden gustar el uno al otro así. Ese es el porqué era importante para mí el
recordar. Tenía que recordar que me sentía así. Tenía que saber que era
diferente ahora. No de una mala forma. De la forma correcta.
—Sí —dijo Clary. Ella había conseguido una pequeña mirada llorosa.
—De la forma correcta.
Simon asintió una vez. Era demasiado grande para responder en
palabras. Lo era todo. Era todo el amor que él vio en los ojos de Jem cuando
hablaba sobre Will, y el amor en el rostro de Alec cuando miraba a Jace,
incluso cuando Jace estaba siendo molesto, y un claro recuerdo que él tenía
de Jace sosteniendo a Alec mientras estaba herido y la desesperación en los
ojos de Jace, el terror que venía solo de pensar que podrías perder a alguien
sin el que no podrías vivir. Eran Emma y Julian, mirándose el uno al otro.
Alguien estaba llamándolos desde el primer piso. Clary se limpió una
mejilla y se levantó y alisó su ya liso vestido.
—Esto es como una boda —dijo ella—. Siento como si fueran a decirnos
que tenemos que ir a posar para el fotógrafo en un minuto.
Clary enganchó su brazo a través del suyo.
—Una cosa —dijo él, recordando a Maia, y Jordan—. Incluso cuando
sea un Cazador de Sombras, voy a seguir siendo un poquito un Submundo.
Nunca voy a darles la espalda. Ese es el tipo de Nephilim que quiero ser.
—Yo no habría esperado nada más —dijo Clary.
Abajo, los dos nuevos parabatai estaban examinándose el uno al otro
desde el otro lado de la habitación. Emma se paraba a un lado, usando un
vestido marrón cubierto en volubles flores doradas. Julian se paraba del otro,
retorciéndose dentro de su traje gris.
—Se ven asombrosos —les dijo Clary a ambos, y ellos bajaron la mirada
tímidamente.
En el salón de los Acuerdos, Jace estaba esperando por ellos en el
escalón frontal, luciendo como Jace en un traje. Jace en un traje era
insoportable. Él le dio a Clary una mirada de arriba abajo.
—Ese vestido es… —Tuvo que aclarar su garganta. Simon disfrutó su
corte.
No mucho jamás arrojaba a Jace, pero Clary siempre había sido capaz
de arrojarlo como una pelota Wiffle en un día ventoso. Sus ojos eran
prácticamente corazones de caricatura.
—Es muy lindo —dijo él—. Así que, ¿cómo estuvo la ceremonia? ¿Qué
piensan?
—Definitivamente más fuego que en un bar mitzvah —dijo Simon—.
Más fuego que en una barbacoa. Voy a ir con Evento Formal con el Mayor
Fuego.
Jace asintió.
—Estuvieron increíbles —dijo Clary—. Y… —Miró a Simon—. Tenemos
noticias —dijo.
Jace inclinó su cabeza con interés.
—Más tarde —dijo ella sonriendo—. Creo que todos están esperando que
nosotros nos sentemos.
—Entonces tenemos que traer a Emma y Julian aquí.
Emma y Julian estaban expectantes en la esquina de la habitación,
cabezas juntas, pero con un incómodo hueco entre sus cuerpos.
—Voy a ir a hablarles —dijo Jace, asintiendo a Julian y Emma—. Darles
algunas palabras de masculino, considerado consejo.
Tan pronto como Jace se alejó, Clary comenzó a hablar, pero
inmediatamente se les unieron Magnus y Alec. Magnus estaba a punto de
comenzar a enseñar en la Academia y ellos querían saber qué tan mala era la
comida.
Los hermanos y hermanas menores de Julian —Ty, Livvy, Drusilla, y
Octavian— estaban agrupados juntos alrededor de la mesa con los aperitivos.
Simon miró por encima de su hombro y vio a Jace descargando consejos
Jaceanos a los nuevos parabatai.
Estaba el delicioso olor de carne asada. Grandes platones de esta
estaban siendo puestos en las mesas ahora, junto con vegetales y papas y
panes y quesos. El vino estaba siendo servido. Era hora de celebrar. Era
agradable, Simon pensó, en medio de todas las cosas terribles que podían
suceder y a veces sucedían, también estaba esto. Había un montón de amor.
Mientras Simon se giraba, vio a Julian apresurándose fuera del salón.
Jace regresó, su brazo alrededor de los hombros de Emma.
—¿Todo bien? —preguntó Clary.
—Todo está bien. Julian necesitaba aire. Esta ceremonia, es intensa.
Demasiada gente. Necesitas comer.
Esto fue para Emma, quién sonrió, pero siguió mirando hacia la puerta
por la que su parabatai justo había pasado. Luego se giró y vio a Ty corriendo
a lo largo del salón con una bandeja conteniendo una completa rueda de
queso.
—Oh —dijo ella—, sí, eso es malo. De hecho puede comerse ese queso
entero, pero entonces vomitará. Mejor consigo eso o esto terminará mal para
Jules.
Ella corrió tras Ty.
—Tienen un montón en sus manos —dijo Jace, observándola irse—. Es
bueno que se tengan el uno al otro. Siempre lo tendrán. De eso es de lo que
parabatai se trata. —Le sonrió a Alec, quién le sonrió de regreso en una forma
que encendió su cara entera.
—Sobre ese asunto de parabatai —dijo Clary—. Quizás deberíamos
darte las noticias…

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