FIN 2.5
Cuando regresó a su habitación, su mente dando vueltas, George
estaba sentado en el suelo en el pasillo, estudiando su Códice.
―¿Um, George? ―Simon miró hacia abajo, a su compañero de
cuarto―. ¿No sería más fácil hacerlo en el interior? ¿Donde hay luz? ¿Y no
baba asquerosa en el suelo? Bueno... ―Suspiró―. Menos baba, por lo
menos.
―Ella dijo que tengo que esperar aquí afuera ―dijo George―. Que
ustedes dos necesitan su privacidad.
―¿Quién dijo? ―Pero la pregunta era superflua, ¿porque, quién
más? Antes de que George pudiera responder, ya estaba abriendo la
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puerta y cargando al interior―. Isabelle, no puedes simplemente echar a mi
compañero de cuarto…
Se detuvo en seco, tan de repente que casi tropezó consigo mismo.
―No es Isabelle ―dijo la joven encaramada en su cama. Su cabello
rojo fuego estaba recogido en un moño desordenado y sus piernas estaban
dobladas debajo de ella; parecía completamente en casa, como si hubiera
pasado la mitad de su vida holgazaneando en su cama. Lo cual, según ella,
había hecho.
―¿Qué estás haciendo aquí, Clary?
―Hice un Portal hacia aquí ―dijo ella.
Él asintió con la cabeza, esperando. Se alegró de verla, pero también
dolía. Así como lo hizo siempre. Se preguntó cuándo el dolor se iría y él
sería capaz de sentir la alegría de la amistad que sabía aún estaba ahí,
como una planta bajo el suelo congelado, esperando a crecer de nuevo.
―Escuché lo que pasó hoy. Con la vampiro. E Isabelle.
Simon se sentó en la cama de George, frente a ella.
―Estoy bien, ¿de acuerdo? Sin marcas de mordeduras o nada. Es
amable de tu parte te preocupes por mí, pero no puedes simplemente
hacer un Portal y…
Clary resopló.
―Puedo ver que tu ego está ileso. No estoy aquí porque estoy
preocupada por ti, Simon.
―Oh. ¿Entonces...?
―Estoy preocupada por Isabelle.
―Estoy bastante seguro de que Isabelle puede cuidar de sí misma.
―Tú no la conoces, Simon. Quiero decir, ya no. Y si ella supiera que
estoy aquí, me mataría, pero... ¿puedes solo tratar de ser un poco más
amable con ella? ¿Por favor?
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Simon estaba consternado. Él sabía que había decepcionado a
Isabelle, que su propia existencia era una decepción constante para ella,
que ella quería que fuera otra persona. Pero nunca se le había ocurrido
que él, el no-vampiro, el no-heroico, la no-sexy repetición de Simon Lewis,
podría tener el poder para hacerle daño.
—Lo siento —soltó—. ¡Dile que lo siento!
—¿Estás bromeando? —dijo Clary—. ¿No oíste la parte sobre cómo
ella me mataría si supiera que estuve hablando contigo sobre esto? No voy
a decirle nada. Te lo estoy diciendo a ti. Ten cuidado con ella. Es más frágil
de lo que parece.
—Parece la chica más fuerte que he conocido —dijo Simon.
—Es eso, también —concedió Clary. Se movió incómodamente
entonces y saltó a sus pies—. Bien, debería... Quiero decir, sé que
realmente no me quieres por aquí, entonces...
—No es que, yo sólo...
—No, lo comprendo, pero...
—Lo siento...
—Lo siento...
Ambos se rieron, y Simon sintió que algo se soltaba en su pecho, un
músculo que no había sabido que tenía tenso.
—¿No solía ser así, eh? —preguntó—. ¿Incómodo?
—No. —Le dio una sonrisa triste—. Eran muchas cosas, pero nunca
fue incómodo.
No lo podía imaginar, sintiéndose tan a gusto con una chica, mucho
menos una chica como ella, bonita y confiada y tan llena de luz.
—Apuesto a que me gustaba.
—Eso espero, Simon.
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—Clary... —No quería que se fuera, todavía no, pero no estaba
seguro de que decirle si se quedaba—. ¿Sabes la historia de Tobias
Herondale?
—Todos saben esa historia —dijo—. Y, obviamente, debido a Jace...
Simon parpadeó, recordando: Jace era Herondale. El último de los
Herondale. O eso pensaba.
¿Si tuviera familia ahí, perdida durante generaciones, querría saber,
verdad? ¿Se suponía que Simon se lo diría? ¿Decírselo a Clary?
Imaginó un Herondale perdido ahí, alguna muchacha o muchacho
con ojos de oro que no sabía nada acerca de los Cazadores de Sombras o
su sórdida herencia. Tal vez agradecerían saber quiénes eran realmente,
pero tal vez, si Clary y Jace vinieran llamando a su puerta, contándoles
historias de ángeles y demonios y una tradición noble de la locura que
desafía la muerte, correrían gritando en dirección contraria.
A veces, Simon se preguntaba lo que habría pasado si Magnus
nunca le hubiera encontrado, si nunca le hubiera ofrecido la posibilidad de
entrar de nuevo en el mundo de los Cazadores de Sombras. Habría estado
viviendo una mentira, seguro... pero habría sido una mentira feliz. Habría
ido a la universidad, mantenerse tocando con su grupo, coqueteando con
algunas chicas no aterradoras, viviendo en la superficie de las cosas,
nunca adivinando la oscuridad que yacía debajo.
Supuso que en su otra vida, diciéndole a Clary lo que sabía no
hubiera sido siquiera una pregunta, supuso que eran la clase de amigos
que se decían todo el uno al otro.
No eran ninguna clase de amigos ahora, se recordó. Ella era una
extraña que le quería, pero todavía era una extraña.
—¿Qué piensas sobre ello? —le preguntó—. ¿De lo le hizo la Clave a
la esposa y al hijo de Tobias?
—¿Qué crees que pienso? —preguntó Clary—. ¿Dado quién era mi
padre? ¿Considerando lo que pasó con los padres de Jace, y cómo
sobrevivió? ¿No es obvio?
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Puede haber sido obvio hacia alguien que sabía de ellos y sus
historias, pero no para Simon.
Su cara se ensombreció.
—Oh.
Su confusión de él debió haber sido visible. Como lo era la desilusión de
ella, cuando recordaba de nuevo quién era, y quién no era.
—No importa. Vamos solo a decir que realmente pienso que la Ley
importa, pero no es la única cosa que importa. Quiero decir, si
siguiéramos la Ley sin pensarlo, ¿nosotros alguna vez…?
—¿Qué?
Sacudió su cabeza.
—No, me prometí que no iba a seguir haciendo esto. No necesitas un
poco de historias sobre lo que nos pasó a nosotros, quién solías ser. Tienes
que descubrir quién eres ahora, Simon. Quiero eso para ti, esa libertad.
Le asombró, lo bien que entendió. Como sabía lo que quería sin
tener necesidad de preguntar.
Le dio el valor para preguntarle algo que se había estado
preguntando desde que entró en la Academia.
—Clary, antes cuando éramos amigos, antes de que supieras sobre
los Cazadores de Sombras o algo, éramos tú y yo... ¿iguales?
—¿Iguales cómo?
Se encogió de hombros.
—Ya sabes, que nos gustara la música extraña y cómics y, como,
realmente que no nos gustara el ejercicio.
—¿Quieres decir, si éramos torpes nerds? —preguntó Clary, riéndose
otra vez—. Eso es afirmativo.
—Pero ahora eres... —Agitó una mano hacia ella, indicando los bíceps en
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forma, el modo elegante, coordinado que se movió, todo lo que sabía de su
pasado y presente—. Eres como una guerrera amazona.
—¿Gracias? ¿Creo? Jace es un buen entrenador. Y, sabes, había un
incentivo en conseguir llegar a la altura bastante rápido. Eludir el
apocalipsis y todo. Dos veces.
—Correcto. Y supongo que está en tu sangre. Quiero decir, tiene
sentido que fueras buena en toda esta cosa.
—Simon... —Estrechó sus ojos, de repente pareciendo entender a lo
qué él estaba llegando—. ¿Te das cuenta que ser Cazador de Sombras no
es solo acerca de lo grande que son tus músculos, verdad? No lo llaman
Academia del Fisiculturismo.
Frotó sus dolientes bíceps tristemente.
—Tal vez deberían.
—Simon, no estarías aquí si la gente a cargo no creyera que tuvieras
lo necesario.
—Creen que él tenía lo necesario —la corrigió Simon—. El tipo con la
superfuerza vampírica y... más lo que sea que los vampiros aportan.
Clary se puso bastante cerca para empujarle en el pecho, y luego lo
hizo. Con fuerza.
—No, tú. ¿Simon, sabes cómo llegamos tan lejos como lo hicimos en
esa dimensión demoníaca? ¿Cómo nos la arreglamos para llegar lo
suficientemente cerca de Sebastian para derrotarlo?
—¿No, pero imagino que implicó mucha matanza de demonios? —
preguntó Simon.
—No tantos como podrían haber habido, porque propusiste una
mejor estrategia —dijo Clary—. Algo que descubriste por todos aquellos
años jugando a D&D8.
—¿Espera, en serio? ¿Me estás diciendo que esa cosa en realidad
funcionó en la vida real?
8 D&D: Abreviatura del videojuego Calabozos y Dragones.
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—Te lo digo. Te digo que nos salvaste, Simon. Lo hiciste más de una
vez. No porque fueras un vampiro, no debido a algo que has perdido. Fue a
causa de quién eras. De quién todavía eres. —Se alejó entonces y respiró
hondo—. Me prometí que no haría esto —dijo ferozmente—. Lo prometí.
—No—dijo—. Me alegro de que lo hicieras. Me alegro de que vinieras.
—Debería salir de aquí —dijo Clary—. ¿Pero trata de recordar lo de Izzy,
¿sí? Sé que no puedes entender esto, pero cada vez que la miras como si
fuera una extraña, parece… parece alguien que presiona un hierro caliente
en su carne. Duele mucho.
Pareció tan segura, como si lo supiera.
Como si no estuvieran hablando ya de Isabelle.
Simon lo sintió entonces, no la punzada de cariño a menudo
experimentaba cuando Clary se reía de él, pero una ola poderosa de amor
que casi lo alzó de sus pies hacia en sus brazos. Por primera vez, la miró, y
no era una extraña, era Clary, su amiga. Su familia. La chica a la que
siempre había jurado proteger. La chica que amó tan ferozmente como se
amó a sí mismo.
—Clary... —dijo—. ¿Cuándo éramos amigos, era genial, verdad?
¿Quiero decir, no sólo estoy imaginando cosas, sintiendo que esto es a
dónde pertenecemos? Nos teníamos el uno al otro, nos apoyamos el uno al
otro. ¿Éramos buenos juntos, verdad?
Su sonrisa se transformó de la tristeza a algo más, algo que brilló
con la misma certeza que sintió, que había algo verdadero entre ellos. Era
como si hubiera encendido una luz dentro de ella.
—Oh, Simon —dijo—. Éramos absolutamente asombrosos
estaba sentado en el suelo en el pasillo, estudiando su Códice.
―¿Um, George? ―Simon miró hacia abajo, a su compañero de
cuarto―. ¿No sería más fácil hacerlo en el interior? ¿Donde hay luz? ¿Y no
baba asquerosa en el suelo? Bueno... ―Suspiró―. Menos baba, por lo
menos.
―Ella dijo que tengo que esperar aquí afuera ―dijo George―. Que
ustedes dos necesitan su privacidad.
―¿Quién dijo? ―Pero la pregunta era superflua, ¿porque, quién
más? Antes de que George pudiera responder, ya estaba abriendo la
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puerta y cargando al interior―. Isabelle, no puedes simplemente echar a mi
compañero de cuarto…
Se detuvo en seco, tan de repente que casi tropezó consigo mismo.
―No es Isabelle ―dijo la joven encaramada en su cama. Su cabello
rojo fuego estaba recogido en un moño desordenado y sus piernas estaban
dobladas debajo de ella; parecía completamente en casa, como si hubiera
pasado la mitad de su vida holgazaneando en su cama. Lo cual, según ella,
había hecho.
―¿Qué estás haciendo aquí, Clary?
―Hice un Portal hacia aquí ―dijo ella.
Él asintió con la cabeza, esperando. Se alegró de verla, pero también
dolía. Así como lo hizo siempre. Se preguntó cuándo el dolor se iría y él
sería capaz de sentir la alegría de la amistad que sabía aún estaba ahí,
como una planta bajo el suelo congelado, esperando a crecer de nuevo.
―Escuché lo que pasó hoy. Con la vampiro. E Isabelle.
Simon se sentó en la cama de George, frente a ella.
―Estoy bien, ¿de acuerdo? Sin marcas de mordeduras o nada. Es
amable de tu parte te preocupes por mí, pero no puedes simplemente
hacer un Portal y…
Clary resopló.
―Puedo ver que tu ego está ileso. No estoy aquí porque estoy
preocupada por ti, Simon.
―Oh. ¿Entonces...?
―Estoy preocupada por Isabelle.
―Estoy bastante seguro de que Isabelle puede cuidar de sí misma.
―Tú no la conoces, Simon. Quiero decir, ya no. Y si ella supiera que
estoy aquí, me mataría, pero... ¿puedes solo tratar de ser un poco más
amable con ella? ¿Por favor?
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Simon estaba consternado. Él sabía que había decepcionado a
Isabelle, que su propia existencia era una decepción constante para ella,
que ella quería que fuera otra persona. Pero nunca se le había ocurrido
que él, el no-vampiro, el no-heroico, la no-sexy repetición de Simon Lewis,
podría tener el poder para hacerle daño.
—Lo siento —soltó—. ¡Dile que lo siento!
—¿Estás bromeando? —dijo Clary—. ¿No oíste la parte sobre cómo
ella me mataría si supiera que estuve hablando contigo sobre esto? No voy
a decirle nada. Te lo estoy diciendo a ti. Ten cuidado con ella. Es más frágil
de lo que parece.
—Parece la chica más fuerte que he conocido —dijo Simon.
—Es eso, también —concedió Clary. Se movió incómodamente
entonces y saltó a sus pies—. Bien, debería... Quiero decir, sé que
realmente no me quieres por aquí, entonces...
—No es que, yo sólo...
—No, lo comprendo, pero...
—Lo siento...
—Lo siento...
Ambos se rieron, y Simon sintió que algo se soltaba en su pecho, un
músculo que no había sabido que tenía tenso.
—¿No solía ser así, eh? —preguntó—. ¿Incómodo?
—No. —Le dio una sonrisa triste—. Eran muchas cosas, pero nunca
fue incómodo.
No lo podía imaginar, sintiéndose tan a gusto con una chica, mucho
menos una chica como ella, bonita y confiada y tan llena de luz.
—Apuesto a que me gustaba.
—Eso espero, Simon.
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—Clary... —No quería que se fuera, todavía no, pero no estaba
seguro de que decirle si se quedaba—. ¿Sabes la historia de Tobias
Herondale?
—Todos saben esa historia —dijo—. Y, obviamente, debido a Jace...
Simon parpadeó, recordando: Jace era Herondale. El último de los
Herondale. O eso pensaba.
¿Si tuviera familia ahí, perdida durante generaciones, querría saber,
verdad? ¿Se suponía que Simon se lo diría? ¿Decírselo a Clary?
Imaginó un Herondale perdido ahí, alguna muchacha o muchacho
con ojos de oro que no sabía nada acerca de los Cazadores de Sombras o
su sórdida herencia. Tal vez agradecerían saber quiénes eran realmente,
pero tal vez, si Clary y Jace vinieran llamando a su puerta, contándoles
historias de ángeles y demonios y una tradición noble de la locura que
desafía la muerte, correrían gritando en dirección contraria.
A veces, Simon se preguntaba lo que habría pasado si Magnus
nunca le hubiera encontrado, si nunca le hubiera ofrecido la posibilidad de
entrar de nuevo en el mundo de los Cazadores de Sombras. Habría estado
viviendo una mentira, seguro... pero habría sido una mentira feliz. Habría
ido a la universidad, mantenerse tocando con su grupo, coqueteando con
algunas chicas no aterradoras, viviendo en la superficie de las cosas,
nunca adivinando la oscuridad que yacía debajo.
Supuso que en su otra vida, diciéndole a Clary lo que sabía no
hubiera sido siquiera una pregunta, supuso que eran la clase de amigos
que se decían todo el uno al otro.
No eran ninguna clase de amigos ahora, se recordó. Ella era una
extraña que le quería, pero todavía era una extraña.
—¿Qué piensas sobre ello? —le preguntó—. ¿De lo le hizo la Clave a
la esposa y al hijo de Tobias?
—¿Qué crees que pienso? —preguntó Clary—. ¿Dado quién era mi
padre? ¿Considerando lo que pasó con los padres de Jace, y cómo
sobrevivió? ¿No es obvio?
Página51
Puede haber sido obvio hacia alguien que sabía de ellos y sus
historias, pero no para Simon.
Su cara se ensombreció.
—Oh.
Su confusión de él debió haber sido visible. Como lo era la desilusión de
ella, cuando recordaba de nuevo quién era, y quién no era.
—No importa. Vamos solo a decir que realmente pienso que la Ley
importa, pero no es la única cosa que importa. Quiero decir, si
siguiéramos la Ley sin pensarlo, ¿nosotros alguna vez…?
—¿Qué?
Sacudió su cabeza.
—No, me prometí que no iba a seguir haciendo esto. No necesitas un
poco de historias sobre lo que nos pasó a nosotros, quién solías ser. Tienes
que descubrir quién eres ahora, Simon. Quiero eso para ti, esa libertad.
Le asombró, lo bien que entendió. Como sabía lo que quería sin
tener necesidad de preguntar.
Le dio el valor para preguntarle algo que se había estado
preguntando desde que entró en la Academia.
—Clary, antes cuando éramos amigos, antes de que supieras sobre
los Cazadores de Sombras o algo, éramos tú y yo... ¿iguales?
—¿Iguales cómo?
Se encogió de hombros.
—Ya sabes, que nos gustara la música extraña y cómics y, como,
realmente que no nos gustara el ejercicio.
—¿Quieres decir, si éramos torpes nerds? —preguntó Clary, riéndose
otra vez—. Eso es afirmativo.
—Pero ahora eres... —Agitó una mano hacia ella, indicando los bíceps en
Página52
forma, el modo elegante, coordinado que se movió, todo lo que sabía de su
pasado y presente—. Eres como una guerrera amazona.
—¿Gracias? ¿Creo? Jace es un buen entrenador. Y, sabes, había un
incentivo en conseguir llegar a la altura bastante rápido. Eludir el
apocalipsis y todo. Dos veces.
—Correcto. Y supongo que está en tu sangre. Quiero decir, tiene
sentido que fueras buena en toda esta cosa.
—Simon... —Estrechó sus ojos, de repente pareciendo entender a lo
qué él estaba llegando—. ¿Te das cuenta que ser Cazador de Sombras no
es solo acerca de lo grande que son tus músculos, verdad? No lo llaman
Academia del Fisiculturismo.
Frotó sus dolientes bíceps tristemente.
—Tal vez deberían.
—Simon, no estarías aquí si la gente a cargo no creyera que tuvieras
lo necesario.
—Creen que él tenía lo necesario —la corrigió Simon—. El tipo con la
superfuerza vampírica y... más lo que sea que los vampiros aportan.
Clary se puso bastante cerca para empujarle en el pecho, y luego lo
hizo. Con fuerza.
—No, tú. ¿Simon, sabes cómo llegamos tan lejos como lo hicimos en
esa dimensión demoníaca? ¿Cómo nos la arreglamos para llegar lo
suficientemente cerca de Sebastian para derrotarlo?
—¿No, pero imagino que implicó mucha matanza de demonios? —
preguntó Simon.
—No tantos como podrían haber habido, porque propusiste una
mejor estrategia —dijo Clary—. Algo que descubriste por todos aquellos
años jugando a D&D8.
—¿Espera, en serio? ¿Me estás diciendo que esa cosa en realidad
funcionó en la vida real?
8 D&D: Abreviatura del videojuego Calabozos y Dragones.
Página53
—Te lo digo. Te digo que nos salvaste, Simon. Lo hiciste más de una
vez. No porque fueras un vampiro, no debido a algo que has perdido. Fue a
causa de quién eras. De quién todavía eres. —Se alejó entonces y respiró
hondo—. Me prometí que no haría esto —dijo ferozmente—. Lo prometí.
—No—dijo—. Me alegro de que lo hicieras. Me alegro de que vinieras.
—Debería salir de aquí —dijo Clary—. ¿Pero trata de recordar lo de Izzy,
¿sí? Sé que no puedes entender esto, pero cada vez que la miras como si
fuera una extraña, parece… parece alguien que presiona un hierro caliente
en su carne. Duele mucho.
Pareció tan segura, como si lo supiera.
Como si no estuvieran hablando ya de Isabelle.
Simon lo sintió entonces, no la punzada de cariño a menudo
experimentaba cuando Clary se reía de él, pero una ola poderosa de amor
que casi lo alzó de sus pies hacia en sus brazos. Por primera vez, la miró, y
no era una extraña, era Clary, su amiga. Su familia. La chica a la que
siempre había jurado proteger. La chica que amó tan ferozmente como se
amó a sí mismo.
—Clary... —dijo—. ¿Cuándo éramos amigos, era genial, verdad?
¿Quiero decir, no sólo estoy imaginando cosas, sintiendo que esto es a
dónde pertenecemos? Nos teníamos el uno al otro, nos apoyamos el uno al
otro. ¿Éramos buenos juntos, verdad?
Su sonrisa se transformó de la tristeza a algo más, algo que brilló
con la misma certeza que sintió, que había algo verdadero entre ellos. Era
como si hubiera encendido una luz dentro de ella.
—Oh, Simon —dijo—. Éramos absolutamente asombrosos
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