9.3
“Oh, ¿en serio?” Le pregunto Isabelle con los brazos cruzados “¿Tu crees?”
“Lo siento, Alec” Dijo Lily, mostrándose arrepentida solo con él “Nos vemos en New York.
Vuelve pronto o de seguro algún idiota va quemar alguna cosa. Adiós Magnus, otros Lightwoods.
Adiós pequeño.”
Ella se puso en puntillas sobre sus altas botas de tacón, beso a Alec en su mejilla, y salio de
la habitación.
“No me agrada la actitud de los vampiros” Robert rompió el silencio que se instalo luego
de que Lily se fuera.
“La de Lily no esta mal” Dijo suavemente Alec.
Robert no volvió a decir una palabra en contra de Lily. El estaba siendo cuidadoso
alrededor de su hijo, Magnus lo había notado, dolorosamente cuidadoso, pero fue Robert quien
había hecho necesario ese dolor. Robert había sido desconsiderado con su hijo en el pasado.
Pasaría bastante tiempo de dolor y cuidados antes de que las cosas volviesen a estar bien entre
ellos.
Ambos lo estaban intentando. Esa era la razón por la cual Alec había quedado de tomar
desayuno junto a su padre por la mañana.
Aunque Magnus no estaba muy seguro de lo que estaba haciendo Robert Lightwood en la
Academia de Cazadores en medio de la noche.
Por no hablar de Maryse, que debería estar al cuidado del Instituto de New York. O de Jace
e Isabelle.
Magnus en cambio siempre le alegraba ver a Clary.
“Hola, galletita”
Clary se acerco a la puerta y le sonrió, mil galones de problemas en un cuerpo diminuto.
“Hola”
“Que hay…”
La intención de Magnus era preguntar discretamente que era lo que estaba pasando, pero
fue interrumpido por Jace, quien estaba tendido en el suelo de nuevo. Magnus miro hacia abajo,
algo distraído.
“¿Que estas haciendo?”
“Estoy rellenando las grietas,” dijo Jace “Fue idea de Isabelle”
“Tome una de tus camisas para hacerlo,” Isabelle le dijo “No es una de sus camisas
bonitas, obviamente. Es una de las camisas que no te van y que por lo tanto no deberías volver a
usar.”
El mundo fue brevemente borroso frente a los ojos de Magnus “¿Que hiciste que?”
Isabelle lo miro fijamente desde el taburete donde estaba de pie, con las manos en las
caderas.
“Estamos haciendo a prueba de niños toda la suite. Si es que puedes llamar a esto una
suite. Toda esta academia es una trampa mortal para un bebe. Después que terminemos aquí,
vamos a hacer a prueba de niños el loft.”
“Ustedes no van a entrar a nuestro apartamento” Magnus le dijo
“Alec me dio un juego de llaves que dicen todo lo contrario” Isabelle le respondió.
“Yo hice eso” Alec dijo “Le di las llaves a ella. Perdóname, Magnus, te amo, pero no sabia
que ella se iba a hacer algo como esto”
Por lo general Robert parecía un poco incomodo cuando Alec expresaba afecto por
Magnus. Esta vez, sin embargo, él estaba mirando fijamente al bebe brujo y ni siquiera parecía
estar escuchando nada. Magnus estaba empezando a sentirse cada vez mas perturbado por las
vueltas que esa noche estaba tomando.
“¿Por que eres así?” Magnus preguntó a Isabelle “¿Por que?”
“Piensa en ello,” dijo Isabelle “Tenemos que lidiar con las grietas. El bebe puede gatear por
ahí y su mano o pie puede quedar atrapado en una grieta! El puede hacerse daño. Tu no quieres
que el bebe se haga daño, ¿verdad?”
“No,” dijo Magnus “y tampoco tengo la intención de romper toda mi vida en tiras y
reorganizarla a causa de un bebé”
Lo que dijo sonaba bastante razonable para él. Por lo que sorprendió cuando Robert y
Maryse se rieron.
“Oh, recuerdo que yo también pensaba de esa manera” dijo Maryse “descuida, vas a
aprender.”
Había algo extraño en el tono que uso Maryse. Ella sonaba cariñosa. Usualmente ella era
cuidadosamente educada o profesional a su alrededor. Ella nunca había sido afectuosa con el.
“Yo esperaba esto,” declaró Isabelle “Simon me dijo todo sobre el bebe por teléfono. Yo
sabía que ustedes estarían aturdidos y abrumados. Así que fui por mamá y ella contactó a Jace, y
él estaba con Clary, y todos vinieron de inmediato a ayudarlos.”
“Eso es muy amable de su parte” dijo Alec.
Había un cierto aire de sorpresa en su tomo, que Magnus podía entender perfectamente,
pero también parecía conmovido, algo que Magnus no entendía en absoluto.
“Oh, es un placer,” Maryse le dijo a su hijo. Ella avanzo hacia Alec, con las manos
extendidas hacia el bebé. A Magnus le recordó a un ave de presa, con las garras extendidas
hambrientamente. “¿Me dejas sostener al bebé? Soy la que tiene mayor experiencia con bebés en
esta habitación después de todo.”
“¡Eso no es verdad, Alec!” dijo Robert “¡Eso no es cierto! Yo estuve muy involucrado con
ustedes cuando eran más pequeños. Soy excelente con los bebés”
“Según recuerdo,” Maryse le dijo “tú los hacías rebotar”
“Lo bebés adoran eso,” Robert afirmó “los bebé aman rebotar”
“Hacerlos rebotar hace que los bebés vomiten”
“Hacerlos rebotar hace que los bebes vomiten con alegría”
Magnus pensó, durante unos minutos, que la única posible explicación para explicar lo que
estaba pasando era que toda la familia estaba ebria. Pero ahora, estaba llegando a una conclusión
peor.
Isabelle había llegado, en un torbellino de organización, para hacer a prueba de niños la
suite completa. Ella incluso había persuadido a Jace y Clary para que la ayudaran, Y Maryse le
estaba hablando al padre de sus hijos afectuosamente, como nunca antes lo había hecho, y ahora
ella quería cargar al bebé. Sin lugar a dudas, Maryse estaba experimentando la fiebre por ser
abuela.
Los Lightwood pensaban que ellos se iban a quedar con el bebé.
“Necesito sentarme,” murmuro Magnus con voz hueca. Afirmándose del marco de la
puerta para no caer.
Alec lo miró, sorprendido y preocupado. Inmediatamente sus padres tomaron la
oportunidad para extender sus manos en dirección al bebé, haciendo retroceder a Alec. Jace se
levanto del suelo, justo tras su Parabatai, Alec tomo su decisión a penas lo vio y puso al bebé en
los brazos de su Parabatai quedando libre para alejar a sus padres.
“Mamá, papá, tal vez no sea buena idea que lo agobien” Magnus escucho como los
intentaba calmar.
A Magnus le pareció, que por alguna razón, eso debería ir dirigido hacia él en vez de al
bebé. Pero era normal que se preocuparan mas por el bebé, pensó. Por lo que él sabia, Jace no
estaba acostumbrado a tratar con niños. No era como si los Cazadores de sombras solieran cuidar
de los niños de su calle.
Jace sostenía al bebé torpemente. Su cabello dorado, lleno de pelusas y basuras del suelo,
cayendo sobre el serio rostro del bebé.
El bebé ya estaba vestido, notó Magnus. Llevaba un pijama naranja, y la parte de los pies
del pijama tenia forma de patitas de zorro. Jace paso su sucia mano por los pies de zorro, sus
largos dedos de músico con cicatrices de guerrero a través de ellos, provocando que el bebe diera
una súbita sacudida entre sus brazos. Magnus se abalanzo hacia adelante, dándose cuenta de lo
que estaba haciendo solo cuando ya había recorrido la mitad de la habitación. También se dio
cuenta de que todos en la sala se habían abalanzado en dirección al bebé. Excepto Jace, que
todavía sostenía al bebe que no dejaba de retorcerse.
Jace pareció entrar en pánico por un momento, entonces se relajo y miró a todos con su
habitual aire de superioridad.
“Esta bien,” les dijo “El esta bien”
El miro a Robert, claramente recordando lo que él había dicho, y empezó a lanzar
suavemente al bebe hacia arriba. El bebe se sacudió y le dio un pequeño golpe en la mejilla a Jace.
“Eso es bueno,” Jace lo incitó “Eso esta muy bien. Tal vez deberías golpear un poco más
fuerte la próxima vez. En un tiempo más vamos a tenerte golpeando demonios en la cara.
¿Quieres golpear demonios conmigo y Alec? ¿Quieres? Obviamente tu quieres.”
“Jace, querido” Maryse le dijo cariñosamente “dame al bebé”
“Clary, ¿quieres tomar al bebé?” Preguntó Jace en un tono que parecía estar ofreciéndole
un gran honor a su amada dama.
“Estoy bien” respondió Clary.
Los Lightwood, incluido Jace, la miraron con un poco de tristeza y asombro, como si ella
acabara de demostrar que estaba un poco loca.
Isabelle se bajo del taburete en el que estaba en el mismo momento en que todos ellos ya
se abalanzaban hacia el bebé para tomarlo en brazos. Ella miro a Magnus.
“¿Vas a bloquear a tus padres para poder sostener al bebé?” Magnus le preguntó.
Isabelle se rió suavemente “No, por supuesto que no. Su biberón va a estar listo pronto.
Entonces…” La expresión de Isabelle cambio a una de terrorífica determinación “voy a dárselo al
bebé. Mientras eso pasa, puedo ayudaros a encontrar el nombre perfecto para él.”
“Nosotros estuvimos hablando sobre en el viaje desde Alicante” dijo Maryse, su voz
sonando llena de ansiedad.
Robert hizo otros de sus inquietantemente rápidos movimientos felinos, esta vez para
llegar al lado de Magnus. Y puso su pesada mano sobre su hombro. Magnus miro su mano y no
pudo evitar sentirse profundamente inquieto con el gesto.
“Por supuesto, es una decisión que deben tomar tu y Alec” Robert le aseguro.
“Por supuesto,” coincidió Maryse, quien nunca estaba de acuerdo con Robert en nada “No
queremos imponerles nada que los haga sentir incómodos. Jamás querría que el pequeño tuviese
un nombre asociado a algo que les provocara tristeza, o que ustedes se sintieran en la obligación
de hacerlo. Pero nosotros pensábamos que…Bueno, considerando que lo brujos suelen escoger un
nombre por su propia cuenta, eso hace que Bane no se aparte de una tradición familiar…Por lo
que nosotros pensamos que tal vez quieran considerar, no como una obligación si no más bien en
memoria…”
Isabelle dijo, en voz clara “Max Lightwood”
Magnus se encontró a si mismo parpadeando en parte perplejo, pero también con otro
tipo de sentimiento difícil de explicar inundándolo. Su visión se torno borrosa una vez más y algo
en su pecho se retorció.
El error que estaban cometiendo los Lightwood era ridículo, pero aun así Magnus no tuvo
el valor de rechazar su propuesta, en especial por la forma en que la habían hecho, de forma tan
genuinamente sincera.
Era un bebe brujo, y ellos eran cazadores de sombras. Max Lightwood era el nombre del
hijo más pequeño de los Lightwood. Era un nombre de los suyos.
“Pero si nos les gusta ese nombre…pueden llamarlo Michael. Michael es un bonito
nombre.” Robert ofreció luego del largo silencio. El se aclaro la garganta luego de hablar,
desviando la mirada hacia la ventana, mirando el bosque de la Academia.
“O pueden usar ambos apellidos,” Isabelle les dijo, su voz sonando aguda “¿LightwoodBane
o Bane-Lightwood?”
Alec se movió, acercándose al bebé no para tomarlo pero si para tocarlo. El bebé se estiro
para alcanzarlo, su pequeña mano se aferro a uno de los dedos de Alec, como pidiéndole que
volviera por él. La expresión de Alec se había tornada en una afligida al escuchar el nombre de su
hermano, pero cambio inmediatamente con aquel pequeño gesto a una mas calida sonrisa.
“Magnus y yo todavía no hemos hablado sobre eso, tenemos que pensarlo,” el dijo en voz
baja. Su voz sonó firme a pesar de que fue en un tono bajo.
Magnus vio a Robert y Maryse asentir en acuerdo, casi inconscientemente. “Pero también
estaba pensando en Max.”
Fue entonces que Magnus comprendió la magnitud de la situación. No era solo una
conclusión descabellada a la que Isabelle había saltado para después convencer improbablemente
a todos los demás. No eran solo los Lightwood.
Alec también creía que él y Magnus iban a quedarse con el bebé.
Esta vez Magnus si fue a sentarse, en una de las desvencijadas sillas que tenía un cojín
traído de su hogar. No podía sentir sus dedos
Robert Lightwood lo siguió.
“No pude evitar darme cuenta de que el bebé es azul” dijo Robert “Los ojos de Alec son
azules. Y cuando haces”- Hizo un gesto extraño y perturbador con la mano, y luego el sonido
whoosh –“magia, en ocasiones aparece una luz azul”.
Magnus lo miró fijamente “No logro ver cuál es tú el punto”
“Si hiciste al bebé para ti y Alec, me lo puedes decir” declaro Robert. “Soy un hombre de
mente muy abierta. O Estoy tratando de serlo. Me gustaría serlo. Yo comprendería”
“¿Si yo…hice…al bebé...?” Repitió Magnus.
No estaba seguro por dónde empezar. Había imaginado que Robert Lightwood sabía cómo
se hacían los bebes.
“Con magia”, susurró Robert.
“Voy a pretender que nunca me dijiste eso”, dijo Magnus. “Voy a pretender que nunca
tuvimos esta conversación”
Robert guiño el ojo, como si se entendieran el uno al otro. Magnus estaba anonadado.
Los Lightwood continuaron su misión de volver la suite segura, alimentar al bebé y
sostener al bebé todos al mismo tiempo. Luz mágica por todos lados, llenando el pequeño espacio
del ático, brillaba y quemaba en la vista de Magnus.
Alec pensaba que iban a conservar al bebé. Quería nombrarlo Max.
***
“Vi a Magnus Bane y a una sensual vampiresa en el pasillo” anunció Marisol al pasar la
mesa de Simon.
Jon Cartwright cargaba su bandeja, y estuvo a punto de tirarla. "Una vampiresa", repitió él
"¿En la academia?"
Marisol levantó la vista hacia el escandalizado rostro y asintió "Una muy sensual".
"Esas son las peores" dijo Jon.
"Entonces tú no eras tan malo Simon" recalcó Julie mientras Marisol seguía caminado,
relatando su historia de una atractiva vampiresa.
"Saben" dijo Simon, " A veces pienso que Marisol va demasiado lejos. Sé que le gusta jalar
la correa de Jon, pero nadie es tan tonto para creer en un brujo bebé y un vampiro en el mismo
día. Es demasiado. No tiene sentido. Jon se va a dar cuenta".
Dio un empujón con su cuchara a un bulto misterioso en su estofado. La cena estaba muy
retrasada esta noche, y muy coagulada. Marisol hablando sobre vampiros contribuyó a poner la
idea en su cabeza: Simon reflexiono sobre beber sangre y pensó que no podía ser peor que esto.
"Uno pensaría que ella ya había recibido suficientes emociones por un día" concordó
Simon.
"Me pregunto cómo le estará yendo a ese pobre bebé. Estaba pensando, ¿Creen que
pueda cambiar de colores como un camaleón? ¿Qué tan genial sería eso?"
Simon se animó. "Muy genial".
"Nerds", dijo Julie.
Simon tomó el comentario como un cumplido. Sentía que George realmente había
progresado mucho bajo su tutela. Incluso había comprado, voluntariamente, novelas gráficas
cuando estuvo en Escocia durante la navidad. Quizá algún día el discípulo se volvería el maestro.
"Esto es mala suerte para ti, Simon" dijo George "Sé que querías hablar con Alec".
El breve momento de alegría de Simon se esfumó, y se dejó caer con su cara en la mesa.
"Olvidemos lo de hablar con Alec. Cuando fui a decirles acerca del bebé, interrumpí a Alec y
Magnus. Si antes no le agradaba a Alec, seguro ahora me odia".
Otro recuerdo de antaño surgió en la mente de Simon, absolutamente indeseable: la cara
furiosa y pálida de Alec mientras miraba a Clary. Tal vez Alec también odiaba a Clary. Quizá una vez
que lo ofendían él nunca olvidaba y nunca perdonaba y los odiaría a ambos por siempre.
Sus desagradables suposiciones fueron interrumpidas por un escándalo alrededor de la
mesa.
"¿Qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Crees que Magnus parecía un amante atlético pero
gentil? “Preguntó Julie con tono exigente.
"¡Julie!" dijo Beatriz.
"Gracias, Beatriz" dijo Simon.
"No digas ni una palabra Simon" dijo Beatriz. "No hasta que haya adquirido pluma y papel
para poder tomar nota de todo lo que digas. Lo siento Simon, pero son famosos y las celebridades
tienen que soportar este interés en sus vidas amorosas. Son como Brangelina".
Beatriz hurgó en su bolso hasta que encontró un cuaderno y lo abrió, mirando a Simon con
aire expectante.
Julie, nacida y criada en Idris, hizo una mueca. "¿Qué es Brangelina? Suena como un
demonio"
"¡No es cierto!" protestó George "Yo creo en su amor".
"No son como Brangelina", dijo Simon "¿Cómo los llamarías, Algnus? Eso suena como una
enfermedad de los pies".
"Obviamente los llamarías Malec" dijo Beatriz "¿Acaso eres estúpido, Simon?
"¡No me distraerán!" dijo Julie "¿Magnus tiene perforaciones? Por supuesto que tiene.
¿Cuándo perdería una oportunidad para brillar?"
"No me di cuenta, y aunque me hubiese dado cuenta, no lo discutiría" dijo Simon
"Oh, ¿por qué los mundanos siempre se obsesionan con las celebridades y sus vidas
amorosas?" dijo Beatriz "Véase Brangelina y ese grupo juvenil con el que George está
obsesionado. Tiene toda clase de teorías sobre sus vidas amorosas".
"¿Qué...Banda juvenil...con la que George está obsesionado?" Preguntó Simon
lentamente.
George se veía sospechoso "No quiero hablar de eso. La banda está pasando por
situaciones muy difíciles últimamente y eso me pone muy triste".
Demasiadas cosas perturbadoras y desconcertantes le habían ocurrido a Simon hoy.
Decidió dejar de pensar en George y la banda juvenil.
"Yo soy el que creció a un viaje en colectivo de distancia de Broadway, yo sé que las
personas se interesan demasiado por las vidas de las celebridades" dijo "Pero es muy raro para mí
que ustedes se obsesionen con Jace o Magnus. Es raro para mí que Jon persiga a Izzy con la lengua
de fuera".
"¿Entonces el que a George le guste Clary también es raro? Preguntó Beatriz.
“¿Acaso este es el día de traicionar a George, Beatriz?” inquirió George “Si, Puede que
haya tenido algunos pensamientos acerca de ciertas damas de bolsillo, ¡pero nunca hablaría de
ellos contigo! ¡No me gustaría volverlo incomodo!
“¿Damas de bolsillo?” Simon lo miró fijamente “Felicitaciones, lo volviste incómodo”
George, avergonzado, bajo la cabeza.
“Es raro para mí porque todo el mundo actúa como si conocieran a personas famosas,
pero yo si conozco a estas personas. No son imágenes, como afiches para colgar en una pared. No
son para nada como ustedes creen que son. Tienen derecho a su privacidad. Es raro para mí
porque veo a todo el mundo actuando como si supieran quienes son mis amigos, cuando solo
conocen una pequeña parte de ellos, y es raro para mí ver a personas actuar como si tuvieran
alguna especie de derecho sobre mis amigos y sus vidas”.
Beatriz dudó, luego bajó su pluma. “De acuerdo”, dijo ella. “Me doy cuenta de que es raro
para ti, pero- Eso surgió de esa admiración que todos tenemos hacía lo que hacen. La gente actúa
como si los conocieran porque quieren conocerlos. Y ser admirado significa que tienen muchísima
influencia sobre otras personas. Puedan hacer mucho bien con eso. Alec Lightwood es la
inspiración de Sunil para ser cazador de sombras. Y tú Simon. Mucha gente te sigue porque te
admiran. Puede que haya algo de rareza en ser admirado de ese modo, pero creo que en su mayor
parte es bueno”.
“Oh, no es igual en mi caso” musitó Simon. “Quiero decir, ni siquiera recuerdo. Me refería
a mis amigos. Incluyendo a Alec, quien es… mi amigo a quien no le agrado. Ellos son los
especiales”.
No podía ser genial y seguro de sí mismo como Magnus o Jace. No tenía idea de a qué se
refería Beatriz. Además, ahora sentía paranoia sobre si habría personas preguntándose si tenía
perforaciones.
Beatriz dudó otro momento, para después desprender la página en la que había escrito y
rolarla en una bola. “Tú también eres especial Simon” dijo, sonrojándose. “Todo el mundo lo
sabe”.
Simon miró su cara enrojecida y recordó que George había mencionado que alguien
gustaba de él. Había pensado por un momento que podía ser Julie. Y aunque habría sido raro y
extrañamente halagador haber influenciado los sentimientos de una gélida princesa cazadora de
sombras con sus encantos masculinos, él supuso que Beatriz tenía más sentido. Él y Beatriz eran
muy buenos amigos. Beatriz poseía la mejor sonrisa en toda la academia. Simon habría estado
emocionado de tener una amiga atractiva que gustara de él cuando vivía en Brooklyn.
Ahora se sentía, principalmente, muy incómodo. Se preguntó si él debía desalentar a
Beatriz de la mejor manera posible.
Julie carraspeó. “Sólo para que lo sepas…” dijo, “Ha habido preguntas invasivas acerca de
ti. También hubo un incidente en el que alguien trató de robar uno de tus calcetines usados y
conservarlo como un trofeo”.
“¿Quién fue la persona del calcetín?” exigió saber Simon “Eso es repugnante”.
“Nunca les decimos nada”, dijo Julie. “Y puede que pregunten una vez, pero nunca vuelven
a hacerlo”. Ella frunció el labio revelando sus dientes. Se veía como una tigresa rubia que gruñía.
“Porque tú eres una persona real para nosotros, Simon. Y eres nuestro amigo”
Movió el brazo a través de la mesa y tocó la mano de Simon, luego la retiró como si la
hubiesen quemado. Beatriz tomo la mano de Julie tan pronto como ésta la retiró, la levantó de su
silla y la dirigió hacia la esquina de la habitación donde la comida estaba colocada.
Ninguna de ellas necesitaba más comida. Apenas y habían tocado su estofado. Simon miró
mientras se alejaban, y después mientras cuchicheaban de pie en susurros frenéticos.
“Bueno, amabas parecen estar extrañamente alteradas”
George puso los ojos en blancos. “Vamos Si, no seas tonto.”
“No puedes pensar…” dijo Simon. “No puede ser que las dos… ¿Gusten de mí?
Hubo un silencio muy largo.
“¿Ninguna de las dos está interesada en ti?" Preguntó Simon. “Haces ejercicio. ¡Y tienes
acento escocés!”
“No me lo restriegues. Quizá intimido a las chicas, porque mis agudos ojos ven lo más
profundo de sus almas”, dijo George. “O tal vez se sientan intimidadas por mi apariencia. O quizá…
Por favor no me hagas hablar de cuan solo estoy”.
Miró con melancolía hacia Beatriz y Julie. Simon no podía entender si George sentía
melancolía por Julie o Beatriz o sobre el amor en general. No tenía idea de que sus amigos
estuvieran involucrados en semejante embrollo amoroso.
Se sintió sorprendido. Se sintió incómodo. Y no sentía nada más.
Le agradaba mucho Beatriz. Julie era terrible, pero Simon pensó en Julie contándole acerca
de su hermana, y tuvo que admitir: Julie era terrible, pero también le agradaba. Ambas eran
hermosas y rudas y no cargaban el peso de recuerdos olvidados y sentimientos confusos.
Ni siquiera estaba complacido de que gustaran de él. No se sentía ni remotamente
tentado.
Deseaba, con gran intensidad, que Isabelle estuviese aquí- no una carta, no una voz en el
teléfono, sino aquí.
Miró la cara triste de George y ofreció: “¿Quieres hablar de cuando Magnus y Alec se
vayan y nosotros nos robemos su suite y cocinemos nuestra comida en nuestra propia cocina?”
George suspiró. ¿¨De verdad podríamos Simon, o es un sueño demasiado hermoso? Cada
día sería una canción. Todo lo que quiero es hacer un sándwich, un simple sándwich, con jamón,
queso, quizá un poco de… Oh dios.
Simon se preguntó a qué sabría un poco de “Oh dios”. George estaba petrificado, su
cuchara cerca de sus labios, con los ojos fijos en un punto sobre los hombros de Simon.
Simon giró en su asiento y vio a Isabelle enmarcada en el arco de la puerta del comedor de
la academia. Tenía puesto un vestido largo del color de los irises y sus brazos estaban extendidos,
sus brazaletes resplandecían. El tiempo pareció detenerse, como una película, como magia, como
si fuese un genio que podía aparecer en una destellante nube de humo para conceder deseos, y
cada deseo sería ella misma.
“Sorpresa” dijo Isabelle, “¿Me extrañaste?
Simon se puso en pie de un salto. Posiblemente volcó su plato de cereal a través de la
mesa, directo al regazo de George. Estaba apenado, pero lo compensaría más tarde.
“Isabelle” dijo “¿Qué estás haciendo aquí?”
“Felicitaciones Simon, esa es una pregunta muy romántica” respondió Isabelle “¿Debo
tomarla como un ‘No, no te extrañe y estoy saliendo con otras chicas’? de ser así, no te preocupes.
¿Por qué preocuparse cuándo la vida es corta? Específicamente tu vida, porque te cortare la
cabeza”.
“Estoy confundido por todo lo que estás diciendo” le informó Simon.
Isabelle enarcó las cejas y abrió la boca, pero antes de que pudiera decir algo Simon la
tomó de la cintura y la trajo hacia él, besándola en su sorprendida boca. La boca de Isabelle se
relajó y curveo bajo la de él. Ella entrelazo sus brazos alrededor del cuello de Simon y le devolvió el
beso, sensual y exuberante a la vez, una mujer fatal y una princesa guerrera, todas las chicas de
ensueño de sus fantasías ñoñas en una sola. Simon se alejó un momento para mirar a Isabelle
directo a los ojos, tan oscuros como la noche.
“No estaba consciente” dijo Simon “De que había otras chicas en el mundo además de ti”.
Se sintió avergonzado tan pronto lo dijo. No era en absoluto un cumplido interesante. Era
patéticamente honesto, tratar de decirle a Isabelle algo de lo que él apenas se había dado cuenta.
Pero vio los ojos de Isabelle iluminarse como estrellas nuevas despertando al anochecer, sintió su
brazo alrededor de su cuello, inclinándolo hacia ella para otro beso, y pensó para sí mismo que tal
vez si era un cumplido interesante, después de todo, le había conseguido una chica. La única chica
que importaba para Simon.
***
No fue hasta después de medianoche que Magnus logró sacar a toda la familia Lightwood
de su suite. Isabelle se había ido para ver a Simon un tiempo antes, y Clary y Jace usualmente
podían ser persuadidos a desaparecer juntos, pero por un tiempo él pensó que en verdad tendría
que recurrir a usar magia para librarse de Maryse y Robert. Los empujó a través de la puerta
mientras continuaban dándole consejos acerca del bebé.
Tan pronto se fueron, Alec se dirigió a la cama y colapsó de cara en ella, quedándose
dormido al instante. Magnus se quedó con el bebé.
Era posible que él bebé también se sintiera aturdido por los Lightwood. Yacía en su cuna,
mirando fijamente al mundo con sus ojos muy abiertos. La cuna se encontraba debajo de una
ventana, y él se hallaba debajo de una pequeña porción de luz, la luz de la luna destellando en su
arrugada cobija y en sus regordetas piernas. Magnus se acuclilló a un lado de la cuna y lo miró,
esperando por el próximo episodio de gritos que significaba que debía ser cambiado y alimentado.
En lugar de eso se quedó dormido con su boca abierta, la cual semejaba un capullo de rosa color
azul.
¿Quién podría amarle? Su madre había escrito, pero el bebé aún no lo sabía. Él dormía,
inocente y sereno como cualquier otro niño con amor asegurado. Era posible que la madre de
Magnus pensara esas mismas palabras en su desesperación.
Alec pensaba que iban a quedarse con él.
Conservar al bebé ni siquiera se le había ocurrido a Magnus. Él había pensado que vivía
una vida en la que miles de posibilidades estaban abiertas para él, pero no había pensado que ésta
posibilidad estuviese abierta para él: una familia como los mundanos y nephilim tenían, amor tan
certero que podía ser compartido con alguien indefenso y completamente nuevo al mundo.
Probó esa noción en su cabeza.
Quedarse con él. Conservar al bebé. Tener un bebé con Alec.
Transcurrieron horas. Magnus apenas se dio cuenta, el tiempo pasaba tan
silenciosamente, como si alguien hubiese extendido una alfombra para silenciar los pasos del
tiempo. Su mente no registraba nada más que esa pequeña cara, hasta que sintió que alguien
tocaba suavemente su hombro.
Magnus no se levantó, pero volteó para ver a Alec mirándolo a él. La luz de la luna tornó la
piel de Alec plateada, sus ojos un azul más oscuro y profundo, infinitamente sensibles.
“Si pensaste que te estaba pidiendo que conserváramos al bebé” dijo Magnus “No es así”
Los ojos de Alec se agrandaron con sorpresa. Absorbió el comentario en silencio.
“Tú…todavía eres muy joven” dijo Magnus “Me disculpo si a veces parece que no lo
recuerdo. Es extraño para mí – ser inmortal significa que ser joven y ser viejo son nociones
extrañas para mí. Sé que debo parecerte raro en ocasiones”.
Alec asintió, pensativo pero no herido “Es verdad” dijo, y se inclinó, una mano asiendo el
lado de la cuna, tocó el cabello de Magnus y le dio un beso tan suave como la luz de la luna. “Y
nunca querré nada más que esto. No quiero un amor menos extraño”.
“Pero no tienes que temer que te abandone,” dijo Magnus “No debes temer sobre lo que
le pueda pasar al bebé o que yo pueda sentirme herido porque- es un brujo, y no fue deseado. No
tienes que sentirte atrapado. No tienes que temer, y no tienes que hacer esto”.
Alec se arrodilló en las sombras, en el polvoriento y descubierto entarimado del ático, a un
lado de la cuna y de cara a Magnus.
“¿Y si es lo que quiero?” preguntó. “Soy un cazador de sombras. Nos casamos jóvenes y
tenemos hijos jóvenes, porque es posible que muramos jóvenes, porque queremos cumplir
nuestro deber hacia el mundo y tener todo el amor que sea posible. Yo solía… Yo solía pensar que
nunca podría hacerlo, que nunca podría tener nada de eso. Solía sentirme atrapado. No me siento
atrapado ahora. Nunca podría pedirte que vivieras en un instituto y no quiero hacerlo. Quiero
quedarme en Nueva York, contigo, con Lily y Maia. Quiero que sigamos haciendo lo que estamos
haciendo. Quiero que Jace dirija el instituto después de mi madre y quiero trabajar con él. Quiero
ser parte de la conexión entre los institutos y los subterráneos. Por mucho tiempo pensé que
jamás podría tener nada de lo que quería, excepto tal vez mantener a Jace e Isabelle a salvo. Creí
que podría cubrir sus espaldas en una pelea. Ahora tengo más y más personas que me importan,
y... quiero que todas las personas que me importan- quiero que personas a las que ni siquiera
conozco, quiero que todos nosotros- sepamos que podemos contar unos con otros, para que
nunca tengamos que pelear solos. No estoy atrapado. Soy feliz. Estoy exactamente donde quiero
estar. Sé lo que quiero, y tengo la vida que quiero. No le temo a ninguna de las cosas que
mencionaste."
Magnus respiró profundamente. Sería mejor preguntarle a Alec que continuar imaginando
cosas equivocadas. “Entonces ¿A qué le temes?”
“¿Recuerdas como mi madre sugirió llamar al bebé Max?”
Magnus asintió, cautelosamente callado.
Nunca había conocido siquiera al hermanito de Alec, Max. Robert y Maryse Lightwood
habían procurado siempre mantener a sus hijos alejados de los subterráneos y Max era demasiado
joven para desobedecer.
Alec hablaba en voz baja y suave, tanto por el bebé como por los recuerdos. “Nunca fui el
hermano interesante. Recuerdo cuando mamá solía dejar a Max conmigo, cuando él era muy
pequeño y apenas comenzaba a caminar y yo siempre temía que se cayera y que fuera mi culpa.
Yo trataba constantemente de hacer que siguiera las reglas y que obedeciera a mamá. Isabelle era
tan buena con él, siempre lo hacía reír y, por el ángel, Max quería ser igual a Jace. Él pensaba que
Jace era fantástico, el mejor cazador de sombras de la historia, que el sol salía y se ocultaba por él.
Jace le regaló un soldadito de juguete y Max solía llevarlo a su cama cuando dormía. Yo estaba
celoso de cuanto quería Max ese juguete. Yo le daba otras cosas, juguetes que yo consideraba
mejores, pero ese soldado siempre fue su preferido. Murió sujetando ese juguete. Me siento tan
aliviado de que lo tuviera, que tuviera algo que amaba para consolarlo. Fue estúpido y mezquino
de mi parte sentirme celoso”.
Magnus negó con la cabeza, Alec le dirigió una pequeña y triste sonrisa, luego inclinó la
cabeza, mirando el piso.
“Lo siento, Alec” Dijo Lily, mostrándose arrepentida solo con él “Nos vemos en New York.
Vuelve pronto o de seguro algún idiota va quemar alguna cosa. Adiós Magnus, otros Lightwoods.
Adiós pequeño.”
Ella se puso en puntillas sobre sus altas botas de tacón, beso a Alec en su mejilla, y salio de
la habitación.
“No me agrada la actitud de los vampiros” Robert rompió el silencio que se instalo luego
de que Lily se fuera.
“La de Lily no esta mal” Dijo suavemente Alec.
Robert no volvió a decir una palabra en contra de Lily. El estaba siendo cuidadoso
alrededor de su hijo, Magnus lo había notado, dolorosamente cuidadoso, pero fue Robert quien
había hecho necesario ese dolor. Robert había sido desconsiderado con su hijo en el pasado.
Pasaría bastante tiempo de dolor y cuidados antes de que las cosas volviesen a estar bien entre
ellos.
Ambos lo estaban intentando. Esa era la razón por la cual Alec había quedado de tomar
desayuno junto a su padre por la mañana.
Aunque Magnus no estaba muy seguro de lo que estaba haciendo Robert Lightwood en la
Academia de Cazadores en medio de la noche.
Por no hablar de Maryse, que debería estar al cuidado del Instituto de New York. O de Jace
e Isabelle.
Magnus en cambio siempre le alegraba ver a Clary.
“Hola, galletita”
Clary se acerco a la puerta y le sonrió, mil galones de problemas en un cuerpo diminuto.
“Hola”
“Que hay…”
La intención de Magnus era preguntar discretamente que era lo que estaba pasando, pero
fue interrumpido por Jace, quien estaba tendido en el suelo de nuevo. Magnus miro hacia abajo,
algo distraído.
“¿Que estas haciendo?”
“Estoy rellenando las grietas,” dijo Jace “Fue idea de Isabelle”
“Tome una de tus camisas para hacerlo,” Isabelle le dijo “No es una de sus camisas
bonitas, obviamente. Es una de las camisas que no te van y que por lo tanto no deberías volver a
usar.”
El mundo fue brevemente borroso frente a los ojos de Magnus “¿Que hiciste que?”
Isabelle lo miro fijamente desde el taburete donde estaba de pie, con las manos en las
caderas.
“Estamos haciendo a prueba de niños toda la suite. Si es que puedes llamar a esto una
suite. Toda esta academia es una trampa mortal para un bebe. Después que terminemos aquí,
vamos a hacer a prueba de niños el loft.”
“Ustedes no van a entrar a nuestro apartamento” Magnus le dijo
“Alec me dio un juego de llaves que dicen todo lo contrario” Isabelle le respondió.
“Yo hice eso” Alec dijo “Le di las llaves a ella. Perdóname, Magnus, te amo, pero no sabia
que ella se iba a hacer algo como esto”
Por lo general Robert parecía un poco incomodo cuando Alec expresaba afecto por
Magnus. Esta vez, sin embargo, él estaba mirando fijamente al bebe brujo y ni siquiera parecía
estar escuchando nada. Magnus estaba empezando a sentirse cada vez mas perturbado por las
vueltas que esa noche estaba tomando.
“¿Por que eres así?” Magnus preguntó a Isabelle “¿Por que?”
“Piensa en ello,” dijo Isabelle “Tenemos que lidiar con las grietas. El bebe puede gatear por
ahí y su mano o pie puede quedar atrapado en una grieta! El puede hacerse daño. Tu no quieres
que el bebe se haga daño, ¿verdad?”
“No,” dijo Magnus “y tampoco tengo la intención de romper toda mi vida en tiras y
reorganizarla a causa de un bebé”
Lo que dijo sonaba bastante razonable para él. Por lo que sorprendió cuando Robert y
Maryse se rieron.
“Oh, recuerdo que yo también pensaba de esa manera” dijo Maryse “descuida, vas a
aprender.”
Había algo extraño en el tono que uso Maryse. Ella sonaba cariñosa. Usualmente ella era
cuidadosamente educada o profesional a su alrededor. Ella nunca había sido afectuosa con el.
“Yo esperaba esto,” declaró Isabelle “Simon me dijo todo sobre el bebe por teléfono. Yo
sabía que ustedes estarían aturdidos y abrumados. Así que fui por mamá y ella contactó a Jace, y
él estaba con Clary, y todos vinieron de inmediato a ayudarlos.”
“Eso es muy amable de su parte” dijo Alec.
Había un cierto aire de sorpresa en su tomo, que Magnus podía entender perfectamente,
pero también parecía conmovido, algo que Magnus no entendía en absoluto.
“Oh, es un placer,” Maryse le dijo a su hijo. Ella avanzo hacia Alec, con las manos
extendidas hacia el bebé. A Magnus le recordó a un ave de presa, con las garras extendidas
hambrientamente. “¿Me dejas sostener al bebé? Soy la que tiene mayor experiencia con bebés en
esta habitación después de todo.”
“¡Eso no es verdad, Alec!” dijo Robert “¡Eso no es cierto! Yo estuve muy involucrado con
ustedes cuando eran más pequeños. Soy excelente con los bebés”
“Según recuerdo,” Maryse le dijo “tú los hacías rebotar”
“Lo bebés adoran eso,” Robert afirmó “los bebé aman rebotar”
“Hacerlos rebotar hace que los bebés vomiten”
“Hacerlos rebotar hace que los bebes vomiten con alegría”
Magnus pensó, durante unos minutos, que la única posible explicación para explicar lo que
estaba pasando era que toda la familia estaba ebria. Pero ahora, estaba llegando a una conclusión
peor.
Isabelle había llegado, en un torbellino de organización, para hacer a prueba de niños la
suite completa. Ella incluso había persuadido a Jace y Clary para que la ayudaran, Y Maryse le
estaba hablando al padre de sus hijos afectuosamente, como nunca antes lo había hecho, y ahora
ella quería cargar al bebé. Sin lugar a dudas, Maryse estaba experimentando la fiebre por ser
abuela.
Los Lightwood pensaban que ellos se iban a quedar con el bebé.
“Necesito sentarme,” murmuro Magnus con voz hueca. Afirmándose del marco de la
puerta para no caer.
Alec lo miró, sorprendido y preocupado. Inmediatamente sus padres tomaron la
oportunidad para extender sus manos en dirección al bebé, haciendo retroceder a Alec. Jace se
levanto del suelo, justo tras su Parabatai, Alec tomo su decisión a penas lo vio y puso al bebé en
los brazos de su Parabatai quedando libre para alejar a sus padres.
“Mamá, papá, tal vez no sea buena idea que lo agobien” Magnus escucho como los
intentaba calmar.
A Magnus le pareció, que por alguna razón, eso debería ir dirigido hacia él en vez de al
bebé. Pero era normal que se preocuparan mas por el bebé, pensó. Por lo que él sabia, Jace no
estaba acostumbrado a tratar con niños. No era como si los Cazadores de sombras solieran cuidar
de los niños de su calle.
Jace sostenía al bebé torpemente. Su cabello dorado, lleno de pelusas y basuras del suelo,
cayendo sobre el serio rostro del bebé.
El bebé ya estaba vestido, notó Magnus. Llevaba un pijama naranja, y la parte de los pies
del pijama tenia forma de patitas de zorro. Jace paso su sucia mano por los pies de zorro, sus
largos dedos de músico con cicatrices de guerrero a través de ellos, provocando que el bebe diera
una súbita sacudida entre sus brazos. Magnus se abalanzo hacia adelante, dándose cuenta de lo
que estaba haciendo solo cuando ya había recorrido la mitad de la habitación. También se dio
cuenta de que todos en la sala se habían abalanzado en dirección al bebé. Excepto Jace, que
todavía sostenía al bebe que no dejaba de retorcerse.
Jace pareció entrar en pánico por un momento, entonces se relajo y miró a todos con su
habitual aire de superioridad.
“Esta bien,” les dijo “El esta bien”
El miro a Robert, claramente recordando lo que él había dicho, y empezó a lanzar
suavemente al bebe hacia arriba. El bebe se sacudió y le dio un pequeño golpe en la mejilla a Jace.
“Eso es bueno,” Jace lo incitó “Eso esta muy bien. Tal vez deberías golpear un poco más
fuerte la próxima vez. En un tiempo más vamos a tenerte golpeando demonios en la cara.
¿Quieres golpear demonios conmigo y Alec? ¿Quieres? Obviamente tu quieres.”
“Jace, querido” Maryse le dijo cariñosamente “dame al bebé”
“Clary, ¿quieres tomar al bebé?” Preguntó Jace en un tono que parecía estar ofreciéndole
un gran honor a su amada dama.
“Estoy bien” respondió Clary.
Los Lightwood, incluido Jace, la miraron con un poco de tristeza y asombro, como si ella
acabara de demostrar que estaba un poco loca.
Isabelle se bajo del taburete en el que estaba en el mismo momento en que todos ellos ya
se abalanzaban hacia el bebé para tomarlo en brazos. Ella miro a Magnus.
“¿Vas a bloquear a tus padres para poder sostener al bebé?” Magnus le preguntó.
Isabelle se rió suavemente “No, por supuesto que no. Su biberón va a estar listo pronto.
Entonces…” La expresión de Isabelle cambio a una de terrorífica determinación “voy a dárselo al
bebé. Mientras eso pasa, puedo ayudaros a encontrar el nombre perfecto para él.”
“Nosotros estuvimos hablando sobre en el viaje desde Alicante” dijo Maryse, su voz
sonando llena de ansiedad.
Robert hizo otros de sus inquietantemente rápidos movimientos felinos, esta vez para
llegar al lado de Magnus. Y puso su pesada mano sobre su hombro. Magnus miro su mano y no
pudo evitar sentirse profundamente inquieto con el gesto.
“Por supuesto, es una decisión que deben tomar tu y Alec” Robert le aseguro.
“Por supuesto,” coincidió Maryse, quien nunca estaba de acuerdo con Robert en nada “No
queremos imponerles nada que los haga sentir incómodos. Jamás querría que el pequeño tuviese
un nombre asociado a algo que les provocara tristeza, o que ustedes se sintieran en la obligación
de hacerlo. Pero nosotros pensábamos que…Bueno, considerando que lo brujos suelen escoger un
nombre por su propia cuenta, eso hace que Bane no se aparte de una tradición familiar…Por lo
que nosotros pensamos que tal vez quieran considerar, no como una obligación si no más bien en
memoria…”
Isabelle dijo, en voz clara “Max Lightwood”
Magnus se encontró a si mismo parpadeando en parte perplejo, pero también con otro
tipo de sentimiento difícil de explicar inundándolo. Su visión se torno borrosa una vez más y algo
en su pecho se retorció.
El error que estaban cometiendo los Lightwood era ridículo, pero aun así Magnus no tuvo
el valor de rechazar su propuesta, en especial por la forma en que la habían hecho, de forma tan
genuinamente sincera.
Era un bebe brujo, y ellos eran cazadores de sombras. Max Lightwood era el nombre del
hijo más pequeño de los Lightwood. Era un nombre de los suyos.
“Pero si nos les gusta ese nombre…pueden llamarlo Michael. Michael es un bonito
nombre.” Robert ofreció luego del largo silencio. El se aclaro la garganta luego de hablar,
desviando la mirada hacia la ventana, mirando el bosque de la Academia.
“O pueden usar ambos apellidos,” Isabelle les dijo, su voz sonando aguda “¿LightwoodBane
o Bane-Lightwood?”
Alec se movió, acercándose al bebé no para tomarlo pero si para tocarlo. El bebé se estiro
para alcanzarlo, su pequeña mano se aferro a uno de los dedos de Alec, como pidiéndole que
volviera por él. La expresión de Alec se había tornada en una afligida al escuchar el nombre de su
hermano, pero cambio inmediatamente con aquel pequeño gesto a una mas calida sonrisa.
“Magnus y yo todavía no hemos hablado sobre eso, tenemos que pensarlo,” el dijo en voz
baja. Su voz sonó firme a pesar de que fue en un tono bajo.
Magnus vio a Robert y Maryse asentir en acuerdo, casi inconscientemente. “Pero también
estaba pensando en Max.”
Fue entonces que Magnus comprendió la magnitud de la situación. No era solo una
conclusión descabellada a la que Isabelle había saltado para después convencer improbablemente
a todos los demás. No eran solo los Lightwood.
Alec también creía que él y Magnus iban a quedarse con el bebé.
Esta vez Magnus si fue a sentarse, en una de las desvencijadas sillas que tenía un cojín
traído de su hogar. No podía sentir sus dedos
Robert Lightwood lo siguió.
“No pude evitar darme cuenta de que el bebé es azul” dijo Robert “Los ojos de Alec son
azules. Y cuando haces”- Hizo un gesto extraño y perturbador con la mano, y luego el sonido
whoosh –“magia, en ocasiones aparece una luz azul”.
Magnus lo miró fijamente “No logro ver cuál es tú el punto”
“Si hiciste al bebé para ti y Alec, me lo puedes decir” declaro Robert. “Soy un hombre de
mente muy abierta. O Estoy tratando de serlo. Me gustaría serlo. Yo comprendería”
“¿Si yo…hice…al bebé...?” Repitió Magnus.
No estaba seguro por dónde empezar. Había imaginado que Robert Lightwood sabía cómo
se hacían los bebes.
“Con magia”, susurró Robert.
“Voy a pretender que nunca me dijiste eso”, dijo Magnus. “Voy a pretender que nunca
tuvimos esta conversación”
Robert guiño el ojo, como si se entendieran el uno al otro. Magnus estaba anonadado.
Los Lightwood continuaron su misión de volver la suite segura, alimentar al bebé y
sostener al bebé todos al mismo tiempo. Luz mágica por todos lados, llenando el pequeño espacio
del ático, brillaba y quemaba en la vista de Magnus.
Alec pensaba que iban a conservar al bebé. Quería nombrarlo Max.
***
“Vi a Magnus Bane y a una sensual vampiresa en el pasillo” anunció Marisol al pasar la
mesa de Simon.
Jon Cartwright cargaba su bandeja, y estuvo a punto de tirarla. "Una vampiresa", repitió él
"¿En la academia?"
Marisol levantó la vista hacia el escandalizado rostro y asintió "Una muy sensual".
"Esas son las peores" dijo Jon.
"Entonces tú no eras tan malo Simon" recalcó Julie mientras Marisol seguía caminado,
relatando su historia de una atractiva vampiresa.
"Saben" dijo Simon, " A veces pienso que Marisol va demasiado lejos. Sé que le gusta jalar
la correa de Jon, pero nadie es tan tonto para creer en un brujo bebé y un vampiro en el mismo
día. Es demasiado. No tiene sentido. Jon se va a dar cuenta".
Dio un empujón con su cuchara a un bulto misterioso en su estofado. La cena estaba muy
retrasada esta noche, y muy coagulada. Marisol hablando sobre vampiros contribuyó a poner la
idea en su cabeza: Simon reflexiono sobre beber sangre y pensó que no podía ser peor que esto.
"Uno pensaría que ella ya había recibido suficientes emociones por un día" concordó
Simon.
"Me pregunto cómo le estará yendo a ese pobre bebé. Estaba pensando, ¿Creen que
pueda cambiar de colores como un camaleón? ¿Qué tan genial sería eso?"
Simon se animó. "Muy genial".
"Nerds", dijo Julie.
Simon tomó el comentario como un cumplido. Sentía que George realmente había
progresado mucho bajo su tutela. Incluso había comprado, voluntariamente, novelas gráficas
cuando estuvo en Escocia durante la navidad. Quizá algún día el discípulo se volvería el maestro.
"Esto es mala suerte para ti, Simon" dijo George "Sé que querías hablar con Alec".
El breve momento de alegría de Simon se esfumó, y se dejó caer con su cara en la mesa.
"Olvidemos lo de hablar con Alec. Cuando fui a decirles acerca del bebé, interrumpí a Alec y
Magnus. Si antes no le agradaba a Alec, seguro ahora me odia".
Otro recuerdo de antaño surgió en la mente de Simon, absolutamente indeseable: la cara
furiosa y pálida de Alec mientras miraba a Clary. Tal vez Alec también odiaba a Clary. Quizá una vez
que lo ofendían él nunca olvidaba y nunca perdonaba y los odiaría a ambos por siempre.
Sus desagradables suposiciones fueron interrumpidas por un escándalo alrededor de la
mesa.
"¿Qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Crees que Magnus parecía un amante atlético pero
gentil? “Preguntó Julie con tono exigente.
"¡Julie!" dijo Beatriz.
"Gracias, Beatriz" dijo Simon.
"No digas ni una palabra Simon" dijo Beatriz. "No hasta que haya adquirido pluma y papel
para poder tomar nota de todo lo que digas. Lo siento Simon, pero son famosos y las celebridades
tienen que soportar este interés en sus vidas amorosas. Son como Brangelina".
Beatriz hurgó en su bolso hasta que encontró un cuaderno y lo abrió, mirando a Simon con
aire expectante.
Julie, nacida y criada en Idris, hizo una mueca. "¿Qué es Brangelina? Suena como un
demonio"
"¡No es cierto!" protestó George "Yo creo en su amor".
"No son como Brangelina", dijo Simon "¿Cómo los llamarías, Algnus? Eso suena como una
enfermedad de los pies".
"Obviamente los llamarías Malec" dijo Beatriz "¿Acaso eres estúpido, Simon?
"¡No me distraerán!" dijo Julie "¿Magnus tiene perforaciones? Por supuesto que tiene.
¿Cuándo perdería una oportunidad para brillar?"
"No me di cuenta, y aunque me hubiese dado cuenta, no lo discutiría" dijo Simon
"Oh, ¿por qué los mundanos siempre se obsesionan con las celebridades y sus vidas
amorosas?" dijo Beatriz "Véase Brangelina y ese grupo juvenil con el que George está
obsesionado. Tiene toda clase de teorías sobre sus vidas amorosas".
"¿Qué...Banda juvenil...con la que George está obsesionado?" Preguntó Simon
lentamente.
George se veía sospechoso "No quiero hablar de eso. La banda está pasando por
situaciones muy difíciles últimamente y eso me pone muy triste".
Demasiadas cosas perturbadoras y desconcertantes le habían ocurrido a Simon hoy.
Decidió dejar de pensar en George y la banda juvenil.
"Yo soy el que creció a un viaje en colectivo de distancia de Broadway, yo sé que las
personas se interesan demasiado por las vidas de las celebridades" dijo "Pero es muy raro para mí
que ustedes se obsesionen con Jace o Magnus. Es raro para mí que Jon persiga a Izzy con la lengua
de fuera".
"¿Entonces el que a George le guste Clary también es raro? Preguntó Beatriz.
“¿Acaso este es el día de traicionar a George, Beatriz?” inquirió George “Si, Puede que
haya tenido algunos pensamientos acerca de ciertas damas de bolsillo, ¡pero nunca hablaría de
ellos contigo! ¡No me gustaría volverlo incomodo!
“¿Damas de bolsillo?” Simon lo miró fijamente “Felicitaciones, lo volviste incómodo”
George, avergonzado, bajo la cabeza.
“Es raro para mí porque todo el mundo actúa como si conocieran a personas famosas,
pero yo si conozco a estas personas. No son imágenes, como afiches para colgar en una pared. No
son para nada como ustedes creen que son. Tienen derecho a su privacidad. Es raro para mí
porque veo a todo el mundo actuando como si supieran quienes son mis amigos, cuando solo
conocen una pequeña parte de ellos, y es raro para mí ver a personas actuar como si tuvieran
alguna especie de derecho sobre mis amigos y sus vidas”.
Beatriz dudó, luego bajó su pluma. “De acuerdo”, dijo ella. “Me doy cuenta de que es raro
para ti, pero- Eso surgió de esa admiración que todos tenemos hacía lo que hacen. La gente actúa
como si los conocieran porque quieren conocerlos. Y ser admirado significa que tienen muchísima
influencia sobre otras personas. Puedan hacer mucho bien con eso. Alec Lightwood es la
inspiración de Sunil para ser cazador de sombras. Y tú Simon. Mucha gente te sigue porque te
admiran. Puede que haya algo de rareza en ser admirado de ese modo, pero creo que en su mayor
parte es bueno”.
“Oh, no es igual en mi caso” musitó Simon. “Quiero decir, ni siquiera recuerdo. Me refería
a mis amigos. Incluyendo a Alec, quien es… mi amigo a quien no le agrado. Ellos son los
especiales”.
No podía ser genial y seguro de sí mismo como Magnus o Jace. No tenía idea de a qué se
refería Beatriz. Además, ahora sentía paranoia sobre si habría personas preguntándose si tenía
perforaciones.
Beatriz dudó otro momento, para después desprender la página en la que había escrito y
rolarla en una bola. “Tú también eres especial Simon” dijo, sonrojándose. “Todo el mundo lo
sabe”.
Simon miró su cara enrojecida y recordó que George había mencionado que alguien
gustaba de él. Había pensado por un momento que podía ser Julie. Y aunque habría sido raro y
extrañamente halagador haber influenciado los sentimientos de una gélida princesa cazadora de
sombras con sus encantos masculinos, él supuso que Beatriz tenía más sentido. Él y Beatriz eran
muy buenos amigos. Beatriz poseía la mejor sonrisa en toda la academia. Simon habría estado
emocionado de tener una amiga atractiva que gustara de él cuando vivía en Brooklyn.
Ahora se sentía, principalmente, muy incómodo. Se preguntó si él debía desalentar a
Beatriz de la mejor manera posible.
Julie carraspeó. “Sólo para que lo sepas…” dijo, “Ha habido preguntas invasivas acerca de
ti. También hubo un incidente en el que alguien trató de robar uno de tus calcetines usados y
conservarlo como un trofeo”.
“¿Quién fue la persona del calcetín?” exigió saber Simon “Eso es repugnante”.
“Nunca les decimos nada”, dijo Julie. “Y puede que pregunten una vez, pero nunca vuelven
a hacerlo”. Ella frunció el labio revelando sus dientes. Se veía como una tigresa rubia que gruñía.
“Porque tú eres una persona real para nosotros, Simon. Y eres nuestro amigo”
Movió el brazo a través de la mesa y tocó la mano de Simon, luego la retiró como si la
hubiesen quemado. Beatriz tomo la mano de Julie tan pronto como ésta la retiró, la levantó de su
silla y la dirigió hacia la esquina de la habitación donde la comida estaba colocada.
Ninguna de ellas necesitaba más comida. Apenas y habían tocado su estofado. Simon miró
mientras se alejaban, y después mientras cuchicheaban de pie en susurros frenéticos.
“Bueno, amabas parecen estar extrañamente alteradas”
George puso los ojos en blancos. “Vamos Si, no seas tonto.”
“No puedes pensar…” dijo Simon. “No puede ser que las dos… ¿Gusten de mí?
Hubo un silencio muy largo.
“¿Ninguna de las dos está interesada en ti?" Preguntó Simon. “Haces ejercicio. ¡Y tienes
acento escocés!”
“No me lo restriegues. Quizá intimido a las chicas, porque mis agudos ojos ven lo más
profundo de sus almas”, dijo George. “O tal vez se sientan intimidadas por mi apariencia. O quizá…
Por favor no me hagas hablar de cuan solo estoy”.
Miró con melancolía hacia Beatriz y Julie. Simon no podía entender si George sentía
melancolía por Julie o Beatriz o sobre el amor en general. No tenía idea de que sus amigos
estuvieran involucrados en semejante embrollo amoroso.
Se sintió sorprendido. Se sintió incómodo. Y no sentía nada más.
Le agradaba mucho Beatriz. Julie era terrible, pero Simon pensó en Julie contándole acerca
de su hermana, y tuvo que admitir: Julie era terrible, pero también le agradaba. Ambas eran
hermosas y rudas y no cargaban el peso de recuerdos olvidados y sentimientos confusos.
Ni siquiera estaba complacido de que gustaran de él. No se sentía ni remotamente
tentado.
Deseaba, con gran intensidad, que Isabelle estuviese aquí- no una carta, no una voz en el
teléfono, sino aquí.
Miró la cara triste de George y ofreció: “¿Quieres hablar de cuando Magnus y Alec se
vayan y nosotros nos robemos su suite y cocinemos nuestra comida en nuestra propia cocina?”
George suspiró. ¿¨De verdad podríamos Simon, o es un sueño demasiado hermoso? Cada
día sería una canción. Todo lo que quiero es hacer un sándwich, un simple sándwich, con jamón,
queso, quizá un poco de… Oh dios.
Simon se preguntó a qué sabría un poco de “Oh dios”. George estaba petrificado, su
cuchara cerca de sus labios, con los ojos fijos en un punto sobre los hombros de Simon.
Simon giró en su asiento y vio a Isabelle enmarcada en el arco de la puerta del comedor de
la academia. Tenía puesto un vestido largo del color de los irises y sus brazos estaban extendidos,
sus brazaletes resplandecían. El tiempo pareció detenerse, como una película, como magia, como
si fuese un genio que podía aparecer en una destellante nube de humo para conceder deseos, y
cada deseo sería ella misma.
“Sorpresa” dijo Isabelle, “¿Me extrañaste?
Simon se puso en pie de un salto. Posiblemente volcó su plato de cereal a través de la
mesa, directo al regazo de George. Estaba apenado, pero lo compensaría más tarde.
“Isabelle” dijo “¿Qué estás haciendo aquí?”
“Felicitaciones Simon, esa es una pregunta muy romántica” respondió Isabelle “¿Debo
tomarla como un ‘No, no te extrañe y estoy saliendo con otras chicas’? de ser así, no te preocupes.
¿Por qué preocuparse cuándo la vida es corta? Específicamente tu vida, porque te cortare la
cabeza”.
“Estoy confundido por todo lo que estás diciendo” le informó Simon.
Isabelle enarcó las cejas y abrió la boca, pero antes de que pudiera decir algo Simon la
tomó de la cintura y la trajo hacia él, besándola en su sorprendida boca. La boca de Isabelle se
relajó y curveo bajo la de él. Ella entrelazo sus brazos alrededor del cuello de Simon y le devolvió el
beso, sensual y exuberante a la vez, una mujer fatal y una princesa guerrera, todas las chicas de
ensueño de sus fantasías ñoñas en una sola. Simon se alejó un momento para mirar a Isabelle
directo a los ojos, tan oscuros como la noche.
“No estaba consciente” dijo Simon “De que había otras chicas en el mundo además de ti”.
Se sintió avergonzado tan pronto lo dijo. No era en absoluto un cumplido interesante. Era
patéticamente honesto, tratar de decirle a Isabelle algo de lo que él apenas se había dado cuenta.
Pero vio los ojos de Isabelle iluminarse como estrellas nuevas despertando al anochecer, sintió su
brazo alrededor de su cuello, inclinándolo hacia ella para otro beso, y pensó para sí mismo que tal
vez si era un cumplido interesante, después de todo, le había conseguido una chica. La única chica
que importaba para Simon.
***
No fue hasta después de medianoche que Magnus logró sacar a toda la familia Lightwood
de su suite. Isabelle se había ido para ver a Simon un tiempo antes, y Clary y Jace usualmente
podían ser persuadidos a desaparecer juntos, pero por un tiempo él pensó que en verdad tendría
que recurrir a usar magia para librarse de Maryse y Robert. Los empujó a través de la puerta
mientras continuaban dándole consejos acerca del bebé.
Tan pronto se fueron, Alec se dirigió a la cama y colapsó de cara en ella, quedándose
dormido al instante. Magnus se quedó con el bebé.
Era posible que él bebé también se sintiera aturdido por los Lightwood. Yacía en su cuna,
mirando fijamente al mundo con sus ojos muy abiertos. La cuna se encontraba debajo de una
ventana, y él se hallaba debajo de una pequeña porción de luz, la luz de la luna destellando en su
arrugada cobija y en sus regordetas piernas. Magnus se acuclilló a un lado de la cuna y lo miró,
esperando por el próximo episodio de gritos que significaba que debía ser cambiado y alimentado.
En lugar de eso se quedó dormido con su boca abierta, la cual semejaba un capullo de rosa color
azul.
¿Quién podría amarle? Su madre había escrito, pero el bebé aún no lo sabía. Él dormía,
inocente y sereno como cualquier otro niño con amor asegurado. Era posible que la madre de
Magnus pensara esas mismas palabras en su desesperación.
Alec pensaba que iban a quedarse con él.
Conservar al bebé ni siquiera se le había ocurrido a Magnus. Él había pensado que vivía
una vida en la que miles de posibilidades estaban abiertas para él, pero no había pensado que ésta
posibilidad estuviese abierta para él: una familia como los mundanos y nephilim tenían, amor tan
certero que podía ser compartido con alguien indefenso y completamente nuevo al mundo.
Probó esa noción en su cabeza.
Quedarse con él. Conservar al bebé. Tener un bebé con Alec.
Transcurrieron horas. Magnus apenas se dio cuenta, el tiempo pasaba tan
silenciosamente, como si alguien hubiese extendido una alfombra para silenciar los pasos del
tiempo. Su mente no registraba nada más que esa pequeña cara, hasta que sintió que alguien
tocaba suavemente su hombro.
Magnus no se levantó, pero volteó para ver a Alec mirándolo a él. La luz de la luna tornó la
piel de Alec plateada, sus ojos un azul más oscuro y profundo, infinitamente sensibles.
“Si pensaste que te estaba pidiendo que conserváramos al bebé” dijo Magnus “No es así”
Los ojos de Alec se agrandaron con sorpresa. Absorbió el comentario en silencio.
“Tú…todavía eres muy joven” dijo Magnus “Me disculpo si a veces parece que no lo
recuerdo. Es extraño para mí – ser inmortal significa que ser joven y ser viejo son nociones
extrañas para mí. Sé que debo parecerte raro en ocasiones”.
Alec asintió, pensativo pero no herido “Es verdad” dijo, y se inclinó, una mano asiendo el
lado de la cuna, tocó el cabello de Magnus y le dio un beso tan suave como la luz de la luna. “Y
nunca querré nada más que esto. No quiero un amor menos extraño”.
“Pero no tienes que temer que te abandone,” dijo Magnus “No debes temer sobre lo que
le pueda pasar al bebé o que yo pueda sentirme herido porque- es un brujo, y no fue deseado. No
tienes que sentirte atrapado. No tienes que temer, y no tienes que hacer esto”.
Alec se arrodilló en las sombras, en el polvoriento y descubierto entarimado del ático, a un
lado de la cuna y de cara a Magnus.
“¿Y si es lo que quiero?” preguntó. “Soy un cazador de sombras. Nos casamos jóvenes y
tenemos hijos jóvenes, porque es posible que muramos jóvenes, porque queremos cumplir
nuestro deber hacia el mundo y tener todo el amor que sea posible. Yo solía… Yo solía pensar que
nunca podría hacerlo, que nunca podría tener nada de eso. Solía sentirme atrapado. No me siento
atrapado ahora. Nunca podría pedirte que vivieras en un instituto y no quiero hacerlo. Quiero
quedarme en Nueva York, contigo, con Lily y Maia. Quiero que sigamos haciendo lo que estamos
haciendo. Quiero que Jace dirija el instituto después de mi madre y quiero trabajar con él. Quiero
ser parte de la conexión entre los institutos y los subterráneos. Por mucho tiempo pensé que
jamás podría tener nada de lo que quería, excepto tal vez mantener a Jace e Isabelle a salvo. Creí
que podría cubrir sus espaldas en una pelea. Ahora tengo más y más personas que me importan,
y... quiero que todas las personas que me importan- quiero que personas a las que ni siquiera
conozco, quiero que todos nosotros- sepamos que podemos contar unos con otros, para que
nunca tengamos que pelear solos. No estoy atrapado. Soy feliz. Estoy exactamente donde quiero
estar. Sé lo que quiero, y tengo la vida que quiero. No le temo a ninguna de las cosas que
mencionaste."
Magnus respiró profundamente. Sería mejor preguntarle a Alec que continuar imaginando
cosas equivocadas. “Entonces ¿A qué le temes?”
“¿Recuerdas como mi madre sugirió llamar al bebé Max?”
Magnus asintió, cautelosamente callado.
Nunca había conocido siquiera al hermanito de Alec, Max. Robert y Maryse Lightwood
habían procurado siempre mantener a sus hijos alejados de los subterráneos y Max era demasiado
joven para desobedecer.
Alec hablaba en voz baja y suave, tanto por el bebé como por los recuerdos. “Nunca fui el
hermano interesante. Recuerdo cuando mamá solía dejar a Max conmigo, cuando él era muy
pequeño y apenas comenzaba a caminar y yo siempre temía que se cayera y que fuera mi culpa.
Yo trataba constantemente de hacer que siguiera las reglas y que obedeciera a mamá. Isabelle era
tan buena con él, siempre lo hacía reír y, por el ángel, Max quería ser igual a Jace. Él pensaba que
Jace era fantástico, el mejor cazador de sombras de la historia, que el sol salía y se ocultaba por él.
Jace le regaló un soldadito de juguete y Max solía llevarlo a su cama cuando dormía. Yo estaba
celoso de cuanto quería Max ese juguete. Yo le daba otras cosas, juguetes que yo consideraba
mejores, pero ese soldado siempre fue su preferido. Murió sujetando ese juguete. Me siento tan
aliviado de que lo tuviera, que tuviera algo que amaba para consolarlo. Fue estúpido y mezquino
de mi parte sentirme celoso”.
Magnus negó con la cabeza, Alec le dirigió una pequeña y triste sonrisa, luego inclinó la
cabeza, mirando el piso.
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