8.3

—Siéntate lentamente —dijo—. Toma algunas respiraciones profundas.
—¿Qué demonios? —dijo Simón.
—Bebiste agua del Lago Lyn —dijo Jem en voz baja—. Las aguas
producen alucinaciones.
—¿Nos hicieron beber agua del Lago Lyn? ¿Dónde está Clary?
—Ella está bien —dijo Jem tranquilamente—. Bebe un poco de agua.
Debes tener sed.
Un vaso ya estaba contra los labios de Simón. Catarina estaba
sosteniéndolo.
—¿Estás bromeando? —dijo Simón—. ¿Quieres que me beba eso?
¿Después de lo que acaba de suceder?
—Está bien —dijo Catarina. Ella tomó un largo sorbo del vaso y la
sostuvo de nuevo frente a la boca de Simón. Él sí tenía un caso loco de boca
seca, en realidad. Sentía la lengua gruesa. Tomó el vaso y se lo bebió de una
sola vez, luego lo llenó de nuevo, y de nuevo de una jarra en la mesa. Sólo
después del tercer vaso sintió que podía hablar de nuevo.
—¿No que eso vuelve a la gente loca? —dijo, sin molestarse en disimular
su enojo de ninguna manera.
Jem se sentó con calma, con las manos sobre las rodillas. Simón podía
ver su edad ahora, no en su rostro, sino detrás de sus ojos. Eran oscuros
espejos que reflejaban el paso de incontables años.
—De haber salido algo mal, habrían estado con los Hermanos
Silenciosos a la hora. Puede que no sea más un Hermano Silencioso, pero he
tratado previamente a aquellos que han consumido las aguas. Magnus
preparó el té porque ha trabajado con la mente de ambos. Catarina, por
supuesto, es una enfermera. Siempre estuvieron seguros. Lo siento. Ninguno
de nosotros quería engañarte. Esto fue hecho para tu beneficio.
—No es una explicación —dijo Simón—. Quiero ver a Clary. Quiero saber
lo que está pasando.
—Ella está bien —dijo Catarina—. Voy a ir a ver cómo le va. No te
preocupes.
Ella se fue, y Jem se inclinó hacia adelante en su silla.
—Antes de que Clary entre, necesito saber: ¿Qué viste?
—¿Cuando me drogaron?
—Simón, esto es importante. ¿Qué viste?
—Yo estaba en Nueva York. Yo… creí que estaba en Nueva York.
¿Fuimos a Nueva York? ¿Abrieron un Portal?
Jem sacudió la cabeza.
—Estuvieron en este cuarto todo el tiempo. Por favor. Dime.
—Clary y yo estábamos en Central Park, por la Fuente de Bethesda. El
ángel en la fuente se fue volando y la fuente se inundó, y Clary desapareció.
Entonces una barca llegó y yo estaba en un paseo del "túnel del amor" con
Jace, y él me decía que recordara dónde nos conocimos, a pesar de que yo no
lo vi.
—Detente un momento —dijo Jem—. ¿Qué significa eso para ti?
—No tengo ni idea. Sólo sé que estaba diciendo que tenía que recordar.
—¿Recuerdas?
—No —espetó Simón—. Apenas recuerdo algo. Sé que estaba
probablemente con Clary. Clary podía verlo.
—Continúa —dijo Jem—. ¿Qué pasó después?
—Vi a Maia —dijo—. Y vi a Jordan. Él estaba cubierto de sangre.
Entonces este viaje me dejó fuera en el East River, y una chica llamada
Maureen dijo que murió por mi culpa y saltó. Clary estaba flotando en el agua
y yo…
Se estremeció de nuevo, y Jem inmediatamente se levantó y mostró una
manta, envolviéndola alrededor de sus hombros.
—Acércate al fuego —dijo Jem, levantándolo y guiándolo hacia una silla.
Cuando Simón se había asentado un poco y calentado, Jem le animó a
continuar.
—Maureen me dijo que tenía que decidir a cuál de ellas salvar. Jace
apareció de nuevo y me dio un poco de charla sobre cómo todas las decisiones
eran difíciles. Salté.
—¿Por quién te decidiste a salvar? —preguntó Jem.
—Yo no había… decidido… nada. Sabía que tenía que saltar. Y supongo
que sabía que Maureen estaba muerta. Ella dijo que estaba muerta. Pero Clary
no lo estaba. Yo sólo tenía que llegar a Clary. Obtuve toda esta energía, de
repente, y pude nadar a ella. Y cuando nadé hacia ella, miré hacia arriba y
ella estaba nadando hacia mí.
Jem se sentó y entrelazó los dedos por un momento.
—Quiero ver a Clary —dijo Simon a través de castañeo de dientes. Su
cuerpo estaba caliente, probablemente nunca había estado frío, en realidad,
pero el agua del río igual se sintió tan real.
Catarina reapareció un momento después con Clary, quien también
estaba envuelta en una manta. Jem inmediatamente se levantó y le ofreció su
silla. Los ojos de Clary estaban muy abiertos y brillantes, y veía a Simón con
alivio.
—¿También te sucedió? —dijo ella—. Lo que sea que fuera.
—Creo que ambos lo tuvimos —contestó—. ¿Estás bien?
—Estoy bien. Sólo tengo… realmente frío. Creí que estaba en el río.
Simón dejó de temblar.
—¿Creíste que estabas en el río?
—Estaba tratando de nadar hacia ti —dijo Clary—. Estábamos en
Central Park, y fuiste succionado por el suelo, como si estuvieses siendo
enterrado vivo. Y Raphael llegó, y yo estaba en su motocicleta, y estábamos
volando sobre el río y te vi. Salté…
Desde detrás de la silla de Clary, Catarina asintió.
—Vi algo un poco como eso —dijo Simón—. No exactamente, pero… lo
suficiente. Y te alcancé. Estabas nadando hacia mí. Luego estábamos de
vuelta…
—… en Central Park. Por la fuente con el ángel.
Magnus se había unido al grupo también y se tendió en un sofá.
—La Fuente Bethesda —dijo—. Los Cazadores de Sombras pueden
haber tenido algo que ver con su construcción. Sólo digo.
—¿Qué significa todo esto? —preguntó Simón—. ¿Qué era esto?
—Ustedes dos son diferentes —dijo Magnus—. Hay cosas en sus
orígenes que significan eso… las cosas tienen que hacerse de otra manera.
Para empezar, ambos han tenido bloqueos puestos en sus recuerdos. Clary
tiene una cantidad inusual de sangre de ángel. Y tú, Simón, solías ser un
vampiro.
—Lo sabemos. Pero, ¿por qué han tenido que drogarnos para que
hagamos algo simbólico?
—No fue simbólico. La prueba parabatai es la prueba de fuego —dijo
Catarina—. Ustedes están de pie en anillos de fuego para hacer su alianza.
Esta… esta es la prueba de agua. La naturaleza de la prueba requiere que no
tengan ningún conocimiento de la prueba. Prepararse mentalmente para la
prueba puede afectar el resultado. Esta prueba no se trataba de Julian y
Emma. Se trata de ustedes dos. Piensen en lo que ambos vieron, en lo que
ambos aprendieron. Piensen en lo que sintieron. Piensen en cuando fueron
capaces de nadar para alcanzar el uno al otro cuando no tenían nada más,
cuando deberían haber muerto.
Simon y Clary se miraron. La niebla comenzó a disiparse.
—Tomaron el agua —dijo Jem—. Y se unieron en el mismo lugar en sus
mentes. Fueron capaces de encontrarse el uno al otro. Estaban vinculados. "Y
aconteció que el alma de Jonathan quedó ligada al alma de David, y Jonathan
lo amó como a su propia alma".
—¿Parabatai? —dijo Simón—. Espera, espera, espera. ¿Estás tratando
de decirme que esto se trata de ser parabatai? No puedo tener un parabatai.
Cumplí diecinueve años hace dos meses.
—No exactamente —dijo Magnus.
—¿Qué quieres decir con No exactamente?
—Simón —dijo Magnus claramente—, moriste. Estuviste muerto
durante casi medio año. Es posible que hayas estado caminando por ahí, pero
no estabas vivo, no como un ser humano. Ese tiempo no cuenta. Para los
estándares de los Cazadores de Sombras, todavía tienes dieciocho años. Y
tienes todo el año hasta tu decimonoveno cumpleaños para encontrar un
parabatai. —Él miró hacia Clary—. Clary, como ustedes saben, está todavía
dentro del límite de edad. Debería haber tiempo para que puedas Ascender y
luego para que ustedes dos se conviertan en parabatai inmediatamente, si eso
es lo que quieren.
—Algunas personas son especialmente adecuadas para ser parabatai —
dijo Magnus—. Nacidas para ello, se podría decir. La gente piensa que se trata
de llevarse bien, acerca de siempre estar de acuerdo, estar en sincronía. No lo
es. Se trata de ser mejor juntos. Luchar mejor juntos. Alec y Jace no siempre
están de acuerdo, pero siempre han sido mejor juntos.
—Se me ha dicho a menudo —dijo Jem con voz suave—, lo mucho que
ustedes dos estaban dedicados el uno al otro. La manera en que siempre se
han apoyado y puesto al otro primero. Cuando el lazo parabatai es verdadero,
cuando la amistad fluye profunda y honesta, puede ser trascendental. —Había
tristeza en sus ojos, una tristeza tan profunda que era casi atemorizante—.
Necesitábamos averiguar si lo que se había observado de los dos era real por
su bien. Están a punto de presenciar la ceremonia. Eso puede causar una
poderosa reacción en verdaderos parabatai. Debemos asegurarnos de que es
verdadero y pueden resistirlo. La prueba nos dijo lo que necesitábamos saber.
Los ojos de Clary se habían ampliado mucho
—Simon… —susurró. Su voz era rasposa.
—Es un poco de tecnicismo —añadió Magnus—, pero los Cazadores de
Sombras no tienen problemas con los tecnicismos. Aman el tecnicismo. Mira
a Jem. Jem está técnicamente en piel. La gente no vuelve de ser un Hermano
Silencioso, tampoco, pero aquí está.
Jem sonrió ante esto, la tristeza de sus ojos alejándose.
—Parabatai —dijo Clary de nuevo.
Y en ese momento algo se asentó sobre Simon, algo como una manta en
un día frío. Algo completamente tranquilizador.
—Parabatai —dijo él.
Un largo momento se acentuó entre ellos, y en ese momento, todo estuvo
decidido. No había necesidad de discutirlo. No necesitabas preguntar si tu
corazón debía latir, o si deberías respirar. Clary y él eran parabatai. Toda la
furia de Simon se había ido. Ahora lo sabía. Él tenía a Clary, y ella lo tendría
a él. Para siempre. Sus almas unidas.
—¿Cómo sabían? —preguntó Simon.
—No es difícil de ver —contestó Magnus, y finalmente algo de su usual
frivolidad estaba en su voz—. También soy literalmente mágico.
—Es bastante obvio —añadió Catarina.
—Hasta yo lo sabía —dijo Jem—. Y no los conozco muy bien. Siempre
hay algo sobre los verdaderos parabatai. No necesitan hablar para
comunicarse. Los vi a ustedes dos tener conversaciones enteras sin decir una
palabra. Era así con mi parabatai, Will. Nunca tuve que preguntarle a Will qué
estaba pensando. De hecho, usualmente era mejor no preguntarle a Will qué
estaba pensando…
Eso le sacó una sonrisa a Magnus y a Catarina.
—Pero veo eso entre ustedes. Los verdaderos parabatai están unidos
mucho antes de que la ceremonia tome lugar.
—Entonces podemos… ¿podemos hacer la ceremonia? —preguntó
Clary.
—Pueden —dijo Jem—. No esta noche. Habrá algunas discusiones sobre
ello en la Ciudad Silenciosa, de seguro, ya que es un caso inusual.
—Muy bien —dijo Catarina—. Ahora la enfermera se encargará. Es
suficiente por esta noche. Ustedes dos necesitan dormir. Esa agua supone un
aporte. Estarán bien en la mañana, pero necesitan descansar. Descansar e
hidratarse. Vamos.
Simon quiso levantarse y encontró que sus piernas lo habían dejado y
habían sido reemplazadas con una sustancia tambaleante en forma de
piernas. Catarina lo sostuvo debajo del hombro y lo ayudó. Magnus ayudó a
Clary a ponerse de pie.
—Hay una habitación para ti aquí esta noche, Clary —dijo Catarina—.
En la mañana tendremos el equipo de vestir traídos por ti para la ceremonia
de Julian y Emma.
—Esperen —dijo Simon mientras era acompañado afuera—. Jace seguía
diciendo algo sobre que tenía que recordar cómo nos conocimos él y yo. ¿Qué
significa eso?
—Eso tienes que averiguarlo tú —dijo Jem—. Las visiones causadas por
el Lago Lynn pueden remover sentimientos muy fuertes.
Simon asintió. Su cuerpo se estaba rindiendo. Le permitió a Catarina
acompañarlo a su habitación.
—¿Qué te pasó a ti? —dijo George mientras Catarina lo tenía en la
puerta.
—¿Por cuánto me he ido? —respondió Simon, dejándose caer de cara en
su cama. Era una señal de su agotamiento que su terrible y malformada cama
se sintiese bien. Se sentía como un centenar de almohadas amontonadas al
final de un castillo inflable.
—Quizás dos horas —dijo George—. Te ves terrible. ¿Qué pasó?
—La comida —murmuró Simon—. Finalmente me hizo efecto.
Y luego se quedó dormido.
* * *
Se sintió sorprendentemente bien cuando despertó. Hasta se despertó
antes que George. Salió de la cama en silencio y tomó su toalla y cosas para
ir a los baños. En el suelo fuera de la puerta, estaba un traje formal. El traje
formal de los Cazadores de Sombras era muy parecido a un traje regular, era
más ligero en peso, de alguna manera más negro y más limpio que los otros
trajes. Sin lágrimas. Sin icor. Tipos elegantes. Puso la caja en la cama y
quedamente continuó al baño. Nadie estaba despierto todavía, así que tenía
todo el mohoso lugar para él. Resultaba ser que si despertabas primero, podías
tener algo de agua caliente de verdad, así que estuvo bajo el chorro,
pretendiendo que no sabía a óxido, y dejo que su cuerpo se relajara en la
calidez. Había apenas luz entrando por la ventana en lo alto en la pared que
pudo obtener lo que necesitaba hasta para afeitarse.
Caminó por los pasillos de la Academia, que eran suavizados por la luz
de la mañana. Nada se veía muy severo esta mañana. Era casi acogedor. Hasta
encontró uno de los fuegos del salón encendidos, y se mantuvo de pie a su
lado para calentarse antes de salir para tomar aire. No se sorprendió de
encontrar allí a Clary, ya vestida, sentada en el escalón superior, viendo a la
neblina que flotaba sobre el suelo en el amanecer.
—También despertaste temprano, ¿eh? —dijo ella.
Él se sentó a su lado.
—Síp. Despertar antes de que en la cocina empiecen a cocinar. Esa es
la única manera de escapar de ello. Aunque estoy hambriento.
Clary rebuscó en su bolso por un momento y sacó un bagel envuelto en
varias servilletas pequeñas de un deli.
—Es eso… —dijo Simon.
—¿Crees que vendría de Nueva York con las manos vacías? No hay
queso crema, pero, ya sabes, es algo. Sé lo que necesitas.
Simon sostuvo el bagel por un momento.
—Tiene sentido —dijo—. Tú y yo. Siento como si siempre hubiera sido
verdadero. Es lo que siempre hemos sido. Tú no… sé que no lo recuerdas todo,
pero siempre hemos sido tú y yo.
—Recuerdo lo suficiente —dijo él—. Siento lo suficiente.
Quiso decir más, pero la enormidad de todo, mucho de ello era mejor
dejarlo sin decir. Por ahora, de todas maneras. Aún era tan reciente en su
memoria, este sentimiento. Este sentimiento de completo.
Así que se comió el bagel. Siempre come el bagel.
—Emma y Julia —dijo Simon entre mordidas—. Solo tienen catorce.
—Jace y Alec tenían quince.
—Aun así. Se ve… quiero decir, ellos han pasado por mucho. El ataque
en el Instituto de Los Angeles.
—Lo sé —dijo Clary, asintiendo—. Pero las cosas malas… a veces hacen
que la gente se una. Han tenido que crecer rápido.
Un carruaje negro conducido por caballos apareció al borde del camino
conduciendo a la Academia. Mientras se acercaba, Simon pudo ver una figura
en una vestidura plana, color pergamino en las riendas. Cuando el carruaje
paró y la figura se giró a ellos, Simon pudo ver las runas que sellaban la boca
del hombre. Cuando habló el hombre, no fue por palabras normales, sino en
una voz que cayó directo en la mente de Simon.
Soy el hermano Shadrach. Estoy aquí para llevarlos a la ceremonia. Por
favor entren.
—Sabes —dijo Simon quedamente mientras entraban en el carruaje—,
probablemente había un tiempo cuando habríamos considerado esto
escalofriante.
—Ya no me acuerdo más de esos tiempos —respondió Clary.
—Supongo que finalmente llegamos a algo que ninguno de los dos
recuerda.
El carruaje estaba simplemente revestido de seda negra, cortinas
negras, negro por doquier, realmente. Pero era espaciado y cómodo, tan rápido
como los carruajes tirados por caballos van.
El hermano Shadrach no temía a la velocidad, y pronto la Academia
estaba en la distancia y Simon y Clary se veían el uno al otro en el carruaje
mientras rebotaban igual. Simon trató de hablar unas pocas veces, pero su
voz vibraba por el impacto, el constante golpeteo del carruaje a través de la
llanura de Brocelind. Los caminos en Idris no eran las limpias carreteras a las
que Simon estaba acostumbrado. Estaban pavimentadas en piedra, y no había
paradas de descanso con baño y Starbucks. No había calefacción, pero cada
uno había sido provisto con una pesada manta de piel. Como vegetariano,
Simon realmente no quería usarla. Como una persona sin muchas opciones
que se estaba congelando, lo hizo.
Simon tampoco tenía reloj, celular o algo que le indicara el paso del
tiempo excepto el levantamiento tardío del sol de otoño. Estimó que viajaron
por una hora, tal vez más. Entraron a la calmada sombra del bosque
Brocelind. El aroma de los árboles y las hojas era casi tóxico, y el sol pasaba
entre las rejas y lazos, iluminando el rostro y cabello de Clary, su sonrisa.
Su parabatai.
Pararon no muy lejos del bosque. La puerta se abrió, y el Hermano
Shadrach estaba allí.
Hemos llegado.
De alguna manera, fue peor cuando paró. El cuerpo y cabeza de Simon
aún se sentía como si estuviera temblando. Simon vio hacia arriba y vio que
estaban cerca de la base de una montaña. Se estrechaba arriba de los árboles.
Por aquí.
Siguieron al Hermano Shadrach por el apenas marcado camino, un
ligero tanteo donde varios pies habían pasado, dejando apenas la mínima
huella en el suelo, de unos pocos centímetros de ancho.
A través de una maraña de árboles contra el lado de la montaña, había
una puerta, de unos cuatro metros de altura. Era ancha en la base y se hacía
angosta en la cima. Había un tallado bajo relieve de un ángel justo arriba del
dintel. El Hermano Shadrach tomó uno de los anillos en la puerta y golpeó
fuerte, una sola vez. La puerta se abrió, aparentemente por propia voluntad.
Caminaron por un angosto pasaje, con llanas paredes de mármol, y
descendieron por una escalera de piedra. No había barandales, así que él y
Clary pusieron sus manos en cada pared para evitar caer. El Hermano
Shadrach, en su larga túnica, no tenía miedo de caer. Parecía que se deslizaba
hacía abajo. Allí, estaba en un espacio más amplio, que Simon al principio
pensó estaba hecho de piedras. Luego de un momento vio que las paredes
eran un mosaico con huesos, algunos de un blanco tiza, algunos cenizos, y
algunos de un perturbador café. Largos huesos formaban arco y columnas, y
calaveras de la parte superior externa, formaban la mayor parte de las
paredes. Finalmente fueron dejados en una habitación donde el arte de hueso
era realmente ambicioso, grandes diseños circulares de calaveras y huesos
daban forma a la habitación. Arriba, huesos más pequeños, formaban
estructuras más delicadas, como candelabros, que brillaban con luz mágica.
Era como si mostraran el espectáculo decoración del hogar para el fin del
mundo.
Esperarán aquí.
El Hermano Shadrach salió de la habitación, y Simon y Clary fueron
dejados solos. Una cosa sobre la Ciudad Silenciosa: de verdad vivía para su
nombre. Simon nunca había estado en un lugar tan extrañamente desprovisto
de sonido. Simon se preocupó de que si hablaba, las paredes de huesos se
caerían sobre su cabeza y los enterrarían a ambos. Probablemente no lo harían
—eso sería una falla mayor en el diseño— pero la sensación era fuerte.
Luego de varios minutos la puerta se abrió de nuevo y Julian apareció
solo. Julian Blackthorn podría tener solo catorce, pero se veía mayor, aun
mayor que Simon. Había crecido un poco, y ahora Simon podía verlo directo
a los ojos. Él tenía el característico grueso cabello marrón oscuro de su familia,
y su rostro tenía una apariencia de seriedad. Era una seriedad que le recordó
a Simon la manera en que su madre lo había visto cuando su padre había
muerto, y había pasado noches despierta preocupándose sobre cómo pagar la
hipoteca y alimentar a sus hijos, como criarlos ella sola. Nadie llevaba este
tipo de expresión por elección. La única señal de que Julian no era un adulto
era la manera en que su traje le quedaba un poco suelto, y la forma en que
era un poco desgarbado.
—¡Julian! —dijo Clary, viendo como si considerara abrazarlo y luego
descartando la idea. Se veía muy digno como para ser abrazado—. ¿Dónde
está Emma?
—Hablando con el Hermano Zachariah —dijo Julian—. Digo Jem. Está
hablando con Jem. —Julian se vía profundamente confundido por esto, pero
tampoco se veía de humor para ser cuestionado sobre ello.
—Así que —Clary dijo—, ¿cómo te sientes?
Julian simplemente asintió y miró alrededor.
Dudó.
—Solo quiero… hacerlo. Quiero que esté hecho.
Esto parecía ligeramente como una respuesta extraña. Ahora que Simon
pensaba sobre su propia ceremonia con Clary, el prospecto se veía increíble.
Algo que había que mirar a futuro. Pero Julian había pasado por mucho.
Había perdido a sus padres, a su hermano y hermana mayor. Probablemente
era duro pasar por algo de esta magnitud sin ellos allí.
Era difícil ver a Julian y no recordar que él había visto al hermano de
Julian no hace mucho, Mark, prisionero y casi loco. Que había decidido no
compartir este hecho con Julian, porque habría sido increíblemente cruel
hacerlo. Simon aun creía que su decisión había sido la correcta, pero ello no
significaba que no pesaba como una piedra en su alma.
—¿Qué tal Los Angeles? —dijo, arrepintiéndose inmediatamente. ¿Qué
tal Los Angeles? ¿Qué tal está ese lugar en el que vives donde viste a tu padre
asesinado y a tu hermano tomado como era rehén para siempre por las hadas?
¿Qué tal está?
La boca de Julian se curvó en la esquina. Como si hubiera sentido que
Simon se sentía incómodo, y sintiera compasión, pero también creyera que
era divertido.
Simon estaba acostumbrado a eso.
—Caliente —dijo Julian.
Que era bastante cierto.
—¿Cómo está tu familia? —preguntó Clary. El rostro de Julian se
iluminó, sus ojos brillando como la superficie del agua.
—Todos están bien. Ty está realmente en toda la cosa de detective, Dru
horrorizada, viendo todo tipo de películas mundanas que no se supone que
vea. Pero luego ella se asusta y tiene que dormir con la luz encendida. Livvy
se está volviendo realmente buena con los cuchillos, y Tavvy…
Se calló cuando Jem y Emma bajaron por las escaleras. El paso de
Emma parecía ligero. Había algo en Emma que hacía pensar a Simon en
veranos eternos en una playa; su cabello decolorado, su elegante forma de
moverse, su bronceado de invierno. En el interior de uno de sus brazos, estaba
una feroz cicatriz larga.
Ella miró a la vez a Julian, que asintió antes de comenzar a pasear por
la habitación. Emma inmediatamente envolvió a Simon en un abrazo. Sus
brazos, aunque más pequeños que los suyos, se envolvieron a su alrededor
como cables de acero. Olía como rocío de mar.
—Gracias por estar aquí —dijo ella—. Quise escribirles, pero ellos… —
Miró a Jem por un momento—. Ellos dijeron que les dirían. Gracias a ambos.
Julian pasó su mano por la lisa pared de mármol. Parecía tener
problemas con mirar a Emma. Emma fue hacia él, y Jem la siguió,
hablándoles por un momento. Clary y Simon se quedaron atrás y los vieron.
Algo sobre la forma en que Emma y Julian estaban actuando no era
precisamente lo que Simon esperaba. Seguro, ellos estarían nerviosos, pero…
No, era algo más.
Clary tiró de la manga de Simon, indicándole que debería inclinarse
para que ella pudiera susurrarle:
—Ellos lucen tan… —Clary cortó su oración y ladeó su cabeza
ligeramente a un lado—… jóvenes.
Había un dejo en su voz que esto no era un resumen completamente
satisfactorio. Algo estaba fuera de lugar. Pero Simon no tuvo tiempo de
averiguar qué. Jem, Emma y Julian se les unieron de nuevo.
—Los acompañaré a la recámara —dijo Jem—. Clary acompañará a
Emma. Simon a Julian. ¿Están listos para seguir?
Emma y Julian tragaron visiblemente y sus ojos se ampliaron mucho,
pero se las arreglaron para decir que sí.
—Entonces procederemos. Por favor, síganme. —Más corredores, pero
el hueso dio paso a más mármol blanco, y entonces el mármol que parecía
oro. Llegaron a un gran conjunto de puertas, que estaban abiertas por el
Hermano Shadrach. La habitación a la que los llevaron era más grande aún,
con un elevado techo abovedado. Había mármol de todos colores; blanco,
negro, rosa, oro, plata. Cada superficie era completamente lisa. La habitación
estaba ocupada por un círculo de Hermanos Silenciosos, quizás veinte, que
les permitieron entrar. La luz de la sala era tenue y provenía de candelabros
y velas. El aire estaba cargado de incienso.
—Simon Lewis y Julian Blackthorn —resonó la voz de Jem, y por un
momento Simon casi pensó que la había escuchado dentro de su mente, de la
forma que una vez había escuchado al Hermano Zachariah. Todavía tenía una
profundidad que era más intensa que la humana—, pasen al otro lado del
círculo, donde ellos les han hecho un espacio. Cuando estén allí, permanezcan
allí. Se les dirá qué hacer.
Simon miró a Julian, que se había vuelto del color del papel. A pesar de
lucir como si pudiera desmayarse, Julian caminó firmemente a través de la
habitación, y Simon lo siguió. Clary y Emma tomaron sus lugares en el lado
opuesto. Jem se unió al círculo de Hermanos Silenciosos, que retrocedieron al
mismo tiempo, ampliando el círculo. Ahora ellos cuatro estaban en el centro.
De repente, dos anillos de fuego blanco y dorado aparecieron del suelo, las
llamas elevándose solo unos centímetros, pero ardiendo brillante y caliente.
Emma Castairs. Un paso al frente.
Las voces sonaron en la cabeza de Simon, eran todos los Hermanos
hablando al unísono. Emma miró a Clary, y luego dio un solo paso dentro de
uno de los anillos. Fijó sus ojos en Julian y sonrió ampliamente.
Julian Blackthorn. Un paso al frente.
Julian entró en el otro anillo. Su paso fue más rápido, pero mantuvo su
cabeza abajo.
Testigos, ustedes se permanecerán en las alas del ángel.
A Simon le tomó un momento asimilar esto. Finalmente, vio que en la
cima del círculo, tallada duramente en el suelo, estaba otra figura de un ángel
con las alas extendidas. Se situó en una y Clary en la otra. Esto lo llevó un
poco más cerca al anillo de fuego. Sintió el calor subir agradablemente por sus
pies fríos. Desde su sitio, pudo ver las expresiones de Emma y Julian.
¿Qué estaba viendo? Era algo que conocía.
Comenzaremos la Prueba de Fuego. Emma Castairs, Julian Blackthorn,
entren al centro del círculo. En este círculo, serán unidos.
Un círculo central apareció, uniéndolos a ambos. Un diagrama de Venn
de fuego. Tan pronto como Emma y Julian estuvieron dentro, el centro ardió
más alto, alcanzando la altura de su cintura.
Algo pasó rápidamente entré Julian y Emma en ese momento. Fue tan
rápido que Simon no pudo decir de dónde había venido, pero lo había visto
por la esquina de uno de sus ojos. Alguna mirada, algo en la manera en que
uno de ellos estaba de pie, algo, pero era una mirada, o una postura, o algo
que había visto antes.
El fuego destelló más alto. Estaba más arriba de sus hombros ahora.
Ahora recitarán el juramento.
Emma y Julian comenzaron a hablar al mismo tiempo, sus voces con
un pequeño temblor mientras recitaban las antiguas palabras bíblicas.
—Adónde tú vayas, yo iré…
* * *
Simon estaba cerca de un ataque de ansiedad. ¿Qué acababa de ver?
¿Por qué era tan familiar? ¿Por qué lo llevó al borde? Estudió a Emma y Julian
de nuevo, lo mejor que pudo sobre el fuego. Lucían como dos chicos nerviosos
a punto de hacer algo realmente serio, mientras estaban dentro de un círculo
en llamas.
Hubo eso de nuevo. Muy rápido. La dirección fue ocultada por las luces
parpadeantes en la cima del círculo. ¿Qué demonios era eso? Tal vez esto era
precisamente lo que se suponía que los testigos hicieran. Tal vez se suponía
que vieran este tipo de cosas. No. Jem dijo que era una formalidad. Una
formalidad. Tal vez debería haber hecho esta pregunta antes de pararse junto
al enorme círculo de fuego.
—Dónde tú mueras, yo moriré, y allí seré enterrado…
El ritual del Cazador de Sombras, siempre alegre.
—El ángel será mi testigo, y aún más…
Julian tropezó en las palabras “será mi testigo”. Aclaró su garganta y
terminó la declaración después de Emma.
Algo hizo clic en la mente de Simon. Recordó a Jace, de repente, en su
alucinación, diciendo algo sobre la primera vez que se habían conocido. Y
luego el recuerdo destelló por su mente como una de aquellas banderas en la
cola de los pequeños aviones que volaban sobre la playa de Long Island…
Estaba sentado con Clary en Java Jones. Estaban viendo a Eric leer
poesía. Simon había decidido que este era el momento… Iba a decirle. Tenía
que decirle. Les había conseguido dos cafés y las tazas estaban calientes. Sus
dedos quemaban. Tuvo que soltarlos, lo cual no fue un movimiento delicado.
Podía sentir el ardor. La sensación de que tenía que hablar.
Eric estaba leyendo algún poema que contenía las palabras “entrañas
perversas”. Entrañas perversas, entrañas perversas… Las palabras bailaron
en su cabeza. Tenía que hablar.
—Hay algo de lo que quiero hablarte —dijo.
Clary hizo algunos comentarios sobre el nombre de su banda, y tuvo
que regresarla al punto.
—Es sobre lo que estuvimos hablando antes. Sobre mí sin una novia.
—Oh, no lo sé. Invita a salir a Jaida Jones. Es agradable, y le gustas.
—No quiero invitar a salir a Jaida Jones.
—¿Por qué no? ¿No te gustan las chicas inteligentes? ¿Todavía buscas
un cuerpo rocanroleante?
¿Estaba ciega? ¿Cómo no podía verlo? ¿Qué tenía que hacer
exactamente? Tenía que calmarse. También: “¿Buscando un cuerpo
rocanroleante?”.
Pero mientras él más lo intentaba, más inconsciente parecía ella. Y luego
fijó su mirada en un sofá verde. Era como si ese sofá contuviera todo en el
mundo. Aquí estaba él, tratando de declararle su amor de toda la vida, y Clary
se había enamorado de los muebles. Pero era más que eso. Algo estaba mal.
—¿Qué pasa? —preguntó—. ¿Qué está mal? Clary, ¿qué está mal?
—Volveré enseguida —dijo ella. Y con eso, dejó el café y huyó. Él la vio
por la ventana, y de alguna forma supo que su momento había terminado,
para siempre. Y luego lo vio…
El anillo de fuego se había extinguido. Había terminado. El juramento
fue hecho, y Emma y Julian estaban frente a todos ellos. Julian tenía una
runa en su clavícula, y Emma en la parte superior de su brazo. Clary estaba
tirando de su brazo. Él la miró y parpadeó un par de veces.
¿Estás bien?, decía su expresión.
Su memoria había elegido un gran momento para regresar.

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