7.2
Había sido seguramente informado que había salido con Maia, la líder de la manada de hombres
lobo de Nueva York, aunque había recibido la impresión que verdaderamente él lo había
arruinado. Había escuchado rumores sobre una reina vampiro que podría haber estado
interesada, extraño como parecía, hubo un breve periodo de tiempo cuando Clary y él habían
salido. Y ahora posiblemente le gustaba a Beatriz.
"En serio, George, dime la verdad" dijo Simon "¿Soy bello?"
George explotó en risas, su caballo rodando hacia atrás un poco en la luz del sol.
Y Julie gritó: "¡Hada!" Y señaló. Simon miró al frente una figura encapuchada con una canasta de
frutas en un brazo, emergiendo inocentemente de la niebla detrás de un árbol.
"¡Detrás de ella!" Rugió George, y su caballo se lanzó por la figura, Simon sumiéndose después de
él.
Marisol, desde lejos, gritó: "¡Trampa!" Y luego dio un grito de dolor.
Simon buscó desesperadamente entre los árboles. El hada, notó, tenía refuerzos. Les habían
advertido que The Fair Folk eran más cautelosos y desesperados en las secuelas de La Paz Fría.
Debieron haber escuchado mejor y pensado más duro. Debieron haberse planeado para esto.
Ellos deberían haber escuchado mejor y pensado más. Deberían haber planeado algo para esto.
Simon, George, Julie, y Beatriz cabalgaban rápido, pero ellos estaban muy lejos de ella. Marisol se
balanceaba en su silla de montar, la sangre deslizándose por su brazo: había sido herida por una
flecha de elfo.
"¡Marisol!" Jon Cartwright gritó "¡Marisol, hacia mí!"
Ella tiró del caballo hacia él. Jon paró su caballo y saltó sobre el de ella, con el arco preparado
en su mano y lanzando flechas hacia los árboles, de pie sobre el lomo del caballo y por lo tanto,
protegiendo a Marisol como un extraño acróbata arquero. Simon sabía que él nunca iba a ser
capaz de hacer algo como aquello, nunca, al menos que él ascendiera.
Julie y Beatriz giraron sus caballos hacía los árboles donde las hadas ocultas estaban disparando.
"Ellos tienen a Marisol," George jadeó. "Aún podemos detener al vendedor de frutas."
"No, George," Simon empezó, pero George ya había espoleado su caballo hacia la figura
encapuchada, ahora desapareciendo detrás de los árboles y la niebla.
Habia una lanza de luz solar disparando entre el tronco y las ramas del árbol, una deslumbrante
línea blanca entre el curvo arco de las ramas de los árboles. Parecía reflejarse en los ojos de
Simon, convirtiéndose en amplia y justa, como el camino de la luz de la luna sobre el mar. La figura
encapuchada se les escapaba, casi desapareciendo en el deslumbramiento, y el caballo de George
estaba a pulgadas del peligro, la mano de George alcanzaba al borde de la capa del encapuchado,
distraído del curso donde él se había colocado.
“¡No, George!” Simon gritó. “¡No vamos a traspasar al territorio de las hadas!
Él forzó su caballo al paso de George, haciéndole parar, pero él estaba muy concentrado en parar a
George que no tomó consideración en su montura, ahora aterrorizada y huyendo y aumentando la
velocidad.
Hasta que la deslumbrante luz blanca cegó la visión de Simon. Él recordó de repente el
sentimiento de caer en el pais de las hadas, calado hasta en los huesos, en un pozo lleno de agua:
recordada a Jace siendo amable con él, y cuanto se había resentido con eso, como él había
pensado: No me pongas más en ridículo y su pecho había ardido de resentimiento.
Ahora él estaba cayendo en el territorio de las hadas con un grito de un caballo aterrorizado en
sus oídos, las hojas cegándoles y ramitas raspando su cara y sus brazos. El intentó proteger sus
ojos y se encontró a sí mismo en una manta de rocas y huesos, con oscuridad corriendo hacia él.
Habría estado muy agradecido si Jace hubiera estado allí.
* * *
Simon se despertó en el país de las hadas. Toda su cabeza palpitaba, de la misma forma que tu
pulgar cuando lo golpeabas con un martillo. Él esperaba que nadie hubiera golpeado su cabeza
con un martillo.
Él se despertó en una cama que se balanceaba suavemente, algo espinoso bajo su mejilla. Abrió
los ojos y vio que él no estaba exactamente en una cama, pero yacía en medio de ramas y musgo,
disperso a través de una superficie oscilante, construida con listones de madera. Había extrañas
rayas oscuras en su visión, obstaculizando su visión de la vista más allá.
Él país de las hadas casi parecía los páramos en Devon, solo que era totalmente diferente. La
niebla en la distancia era ligeramente púrpura, como unas nubes de tormenta que se aferran a la
tierra, y había movimiento en la niebla, sugiriendo formas raras y amenazadoras. Las hojas de los
árboles eran verdes, amarillas y rojas como las de los árboles del mundo mundano, pero brillaban
demasiado, como joyas, y cuando el viento soplaba a través de ellas, Simon casi podía distinguir
las palabras, como si estuvieran susurrando juntas.
Eso era un desbordamiento natural, mágico y extraño. Y Simon estaba, se dio cuenta, en una jaula.
En una grande jaula de madera. Las rayas oscuras que cruzaban su visión eran los barrotes de su
jaula. Lo que más le enfadaba era cuán familiar le resultaba. Él recordaba estar atrapado como en
ese momento antes. Más de una vez.
“Cazadores de Sombras, vampiros y ahora las hadas, todos empeñados en arrojarme en una
prisión.” Simon dijo en voz alta. “¿Por qué exactamente estaba tan ansioso en recuperar estos
recuerdos? ¿Por qué siempre yo? ¿Por qué siempre soy yo el tonto en una jaula?”
Su propia voz hizo que su cabeza doliera más.
“Tú estás en mi jaula” dijo una voz.
Simon se incorporó a toda prisa, a pesar de que hizo su cabeza palpitar con fiereza y todo el país
de las hadas se tambaleó alrededor de él. Él vio, al otro lado de la jaula, la encapuchada y oculta
figura a quien George había intentado desesperadamente de capturar en los páramos. Simon
tragó. Él no podía ver la cara debajo de la capucha.
Había un torbellino en el aire, como una sombra azotando el sol. Una nueva hada bajó del claro
cielo azul, las hojas del suelo del bosque crujían bajo sus pies desnudos. La luz solar lavó su pálido
pelo en luminosidad, y un largo cuchillo brillaba en su mano. Sin capucha, Simon vio, tenía grandes
orejas, teñidas de púrpura, como si él tuviera una berenjena a cada lado de su cara, y mechones
de largo cabello blanco que se curvaban sobre su berenjena-oreja como una nube.
“¿Qué ha sucedido y por qué tus trucos han interferido en el trabajo de tus mayores, Hefeydd? Un
caballo del mundo mundano corrió tras el paso de la Caza Salvaje,” dijo la nueva hada. “Espero
que el caballo no fuera de mucho significado, porque los perros lo tienen ahora.”
El corazón de Simon se lamentó por aquel pobre caballo. Se preguntó si él también estaba a punto
de alimentar a los perros.
“Siento haber dado problemas a la Caza Salvaje,” el hada oculta dijo, inclinando aún más su cabeza
blanca.
“Deberías sentirlo” respondió el hada de la Caza Salvaje. “Aquellos que se cruzan en el camino de
la caza siempre se arrepienten.”
“Este es un cazador de sombras” continuó el otro ansiosamente. “O al menos, uno de los niños
que ellos esperan cambiar. Ellos estaban esperando por mí en el mundo mortal, y este es uno de
los que me persiguió hasta aquí, así que él es mi legítima presa. No tenía intención de molestar a
la Caza Salvaje y ¡no voy a cargar con la culpa!”
Simon sintió que eso era un resumen inexacto y perjudicial de la situación.
“¿Es eso? Ven ahora, estoy de buen humor,” dijo el hada de la Caza Salvaje. “Dame tus disculpas y
unas palabras con tu preso- como tú sabes, tengo un pequeño interés en los Cazadores de
Sombras-y no le llevaré de vuelta a mi señor Gwyn tu lengua.”
“Nunca hubo una ganga justa,” dijo el hada oculta con cierta prisa, y salió corriendo como si
estuviera asustado de que el hada de la Caza Salvaje cambiara de opinión, casi tropezando con su
propia capa.
En cuanto a Simon le concernía, esto estaba fuera de la freidora del pan de las hadas y en el fuego
de las hadas.
El nuevo hada se veía como un chico de dieciséis años, no mucho mayor que Marisol y más joven
que Simon pero Simon sabía que la apariencia de las hadas no era un indicador de su edad. Tenía
ojos de diferente color, uno de color ámbar como las gotas que se encuentran en la profundidad
de los árboles, y uno de un vívido color azul verdoso de la orilla del mar cuando los rayos del sol
pasaban a través de ella. El discordante contraste de los ojos y la luz del país de las hadas, filtradas
a través del susurro de las malvadas hojas, tocadas con un falso oro, le daban a su delgado, sucio y
marcado rostro un aspecto siniestro. Se veía como una amenaza. Y él se estaba acercando.
“¿Qué es lo que quiere un hada de la Caza Salvaje de mí?” Simon graznó.
“No soy un hada,” dijo el chico con ojos misteriosos, orejas puntiagudas y hojas en su pelo salvaje.
“Soy Mark Blackthorn del Instituto de Los Ángeles. No importa lo que digan o lo que me hagan.
Sigo recordando quién soy. Soy Mark Blackthorn.” Miró a Simon con un hambre salvaje en su cara
delgada. Sus delgados dedos se aferraban a los barrotes de las jaulas. “¿Estás aquí para salvarme?”
demandó. ¿Han venido los Cazadores de Sombras por mí al fin?”
* * *
Oh no. Este era el hermano de Helen Blackthorn, el que era media hada como él, el que su familia
creía muerto, que había sido capturado por la Caza Salvaje y no había sido nunca devuelto. Esto
era muy incómodo. No, esto era peor que eso. Eso era horroroso.
“No,” dijo Simon, porque darle esperanza se veía como el golpe más cruel que podía darle a Mark
Blackthorn. “Es justo como el otro hada dijo. Me encuentro aquí por accidente y fui capturado. Soy
Simon Lewis. Yo... conozco tu nombre, y sé que te ha pasado. Lo siento.”
“¿Sabes cuándo vendrán los Cazadores de Sombras por mí?” Mark preguntó con angustia. “Yo-les
envié un mensaje, durante la guerra. Entiendo que la Paz Fría debe haber roto todos los tratos con
las hadas y es difícil, pero deben saber que soy leal y sería útil para ellos. Deben venir, pero han
pasado... han pasado semanas y semanas. Dime, ¿cuándo?”
Simon estaba de pie frente a Mark con la boca seca. No habían pasado semanas y semanas desde
que los Cazadores de sombras le habían abandonado allí. Había pasado un año y más.
“No van a venir,” susurró. “No estaba allí, pero mis amigos estaban. Ellos me dijeron lo que
sucedió. La Clave lo sometió a votación. Los Cazadores de sombras no te quieren de vuelta.”
“Oh,” dijo Mark, un único sonido suave que era familiar para Simon: era la clase de sonido que las
criaturas hacían cuando ellos morían.
Se apartó de Simon, su espalda arqueándose en un espasmo de dolor que parecía físico. Simon
vio, en sus brazos delgados y desnudos, viejas marcas de un látigo. A pesar de que Simon no podía
ver su cara, Mark se la cubrió por un momento, como si él ni siquiera pudiera soportar mirar el
país de las hadas.
Entonces él se giró y habló roto: “¿Qué hay sobre los niños?”
“¿Qué?” Simon preguntó con la mirada vacía.
“Helen, Julian, Livia, Tiberius, Drusilla, Octavian. Y Emma,” dijo Mark. “¿Ves? No lo he olvidado.
Todas las noches, no importa que haya pasado durante el día, no importa si estoy desgarrado y
sangriento, o si estoy muerto de cansancio que deseo que estuviera muerto, miro hacia las
estrellas y les doy a cada una el nombre de un hermano o la cara de una hermana. No dormiré
hasta que recuerde a cada uno de ellos. Las estrellas se consumirán antes de que yo olvide.
La familia de Mark, los Blackthorn. Todos ellos menores que Mark excepto Helen; Simon lo sabía.
Y Emma Carstairs vivía con los menores niños Blackthorn en el Instituto de Los Ángeles, la pequeña
niña con el pelo rubio quien se había quedado huérfana durante la guerra y quien escribía a Clary
mucho. Simon deseaba saber más sobre ellos. Clary le había hablado de la Paz Fría y había puesto
a los Blackthorn como ejemplo las horrorosas decisiones de la Clave para castigar a las hadas que
afectaban a aquellos que tenían sangre de estas. Simon había escuchado a Magnus y se apenaba
por los Blackthorn, pero ellos parecían como cualquier otra tragedia de la guerra: algo terrible
pero distante, y últimamente, fácil de olvidar.
Algo terrible y supremamente fácil de olvidar. Simon pensaba que ya tenía mucho que recordar
por sí mismo. Él había querido ir a la Academia y convertirse en un cazador de Sombras, para
aprender más sobre su verdadera vida y recordar todo lo que había perdido; para convertirse en
alguien mejor y más fuerte. Excepto que uno no se volvía alguien mejor y más fuerte pensando
solo en sí mismo. Él no sabía qué era lo que le estaban haciendo a Mark en el pueblo Hada, para
alejar a su familia de él.
"Em, Helen está bien," dijo algo incómodamente. "La vi recientemente, fue a dar una lectura en la
Academia. Lo siento, tuve un problema con un demonio que- em, me quitó muchos recuerdos, no
hace mucho tiempo. Sé lo que se siente, el no recordar."
"Afortunado es aquél que conoce el nombre de su corazón. Ellos son aquellos cuyos corazones
nunca se pierden de verdad. Ellos siempre pueden llamar a sus corazones de vuelta a casa." Dijo
Mark en una voz que era casi un susurro. "¿Recuerdas el nombre de tu corazón, Simon Lewis?"
"Eso creo." Simon susurró.
"¿Como están ellos?" preguntó Mark en una voz baja y quebrada. Sonaba muy cansado.
"Helen se va a casar" contestó Simon. Sintió que eso era lo único que tenía para ofrecerle a Mark.
"Con Aline Penhallow. Creo que- ellas realmente se aman la una a la otra." Él casi le decía que iba
a ir a su boda, pero eso incluso se sintió cruel. Mark no podría ir a la boda de su propia hermana.
No había sido invitado. No le habían Dicho.
Mark no se veía enojado o herido, él sonrió. Delicadamente como un niño al que le están
contando historias para dormir, y recostó su cabeza contra la pared de la celda de Simon.
"Dulce Helen." Él dijo. "Mi padre solía contarnos historias sobre Helen de Troya. Ella nació de un
huevo, la mujer más hermosa del mundo. Nacer de un huevo es muy inusual en los humanos."
"Eso me han dicho." Dijo Simon.
"Ella estaba tan infelizmente enamorada." continuó Mark. "La belleza puede ser así. En la belleza
no se puede confiar. La belleza puede deslizarse entre tus dedos como agua, y envenenar tu
lengua como veneno. La belleza es como un muro brillante que atrapa todo lo que amas."
"Um." Dijo Simon. "Totalmente."
"Me alegra que mi hermosa Helen vaya a ser mucho más feliz que la última hermosa Helen." Dijo
Mark. "Me alegra que vaya a recibir belleza por belleza, amor por amor, y sin falsas condiciones.
Dile que su hermano Mark le envía felicitaciones en su día de bodas."
"Si llego a ir, lo haré."
"Aline estará disponible para ayudarla con los niños también." Dijo Mark. Él le estaba prestando
muy poca atención a Simon. Aún tenía esa reparada y lejana expresión, como si estuviese
escuchando una historia o contando un recuerdo. Simon temía que las historias y los recuerdos se
estuviesen convirtiendo en lo mismo para Mark Blackthorn: Algo lejano, Hermoso e Irreal.
"Ty necesita atención especial." continuó Mark. "Recuerdo cuando mis padres hablaban de ello."
Torció su boca en un gesto. "Quiero decir, mi padre y la mujer que solía cantarme canciones antes
de dormir, aunque yo no era de su sangre. La Cazadora de Sombras a la que ya no se me permite
llamar mi Madre. Las canciones no son sangre, y la Sangre es lo único importante para los
Cazadores de Sombras. Las canciones son importantes solo para mí."
La sangre es lo único importante para los Cazadores de Sombras.
Simon no podía recordar el contexto, pero podía recordar el recuento constante de personas que
amaba pero a quienes no amaba en ese momento. Mundano, mundano, mundano, y luego,
Vampiro, Subterráneo. Recordó que la primera prisión a la que había sido enviado había sido una
prisión de los Cazadores de Sombras. Deseaba poder decirle a Mark Blackthorn que no se
equivocaba en nada de lo que había dicho.
"Lo siento."Él dijo.
Lo sentía por no escuchar, y lo sentía por no interesarse más. Él pensaba que era la voz de la razón
en la Academia, y no se había dado cuenta cuan cómplice había sido, cuan fácil había sido
escuchar a sus amigos burlarse de personas que no eran ya como él, después de todo, y dejarlos
seguir en eso.
Él deseaba saber cómo decirle todas esas cosas a Mark Blackthorn, pero dudaba que le interesara.
"Si lo sientes, habla." Dijo Mark. "¿Como está Ty? no hay nada malo con Ty, pero él es diferente, y
La Clave odia todo lo que es diferente, tratarán de castigarlo por ser quién es. Ellos castigarían a
una estrella por arder. Mi padre estaba ahí para pararse entre él y nuestro cruel mundo, pero mi
padre se ha ido, y ahora yo me he ido también. Yo también estaría mejor muerto, para lo útil que
les soy a mis hermanos y hermanas. Livvy caminaría sobre carbón ardiente y mataría serpientes
por él. Ella puede ser y hacer todo por él. ¿Helen está teniendo dificultades con Tiberius? ¿Tiberius
es feliz?"
"No lo sé." Dijo Simon sin ser de ayuda. "Eso creo." El solo sabía que había un puñado de niños
Blackthorn: Rostros sin nombre; víctimas de la guerra.
"Y luego está Tavvy." Dijo Mark. Su voz se fortaleció y siguió hablando. Y él prefirió usar
sobrenombres para referirse a sus hermanos y hermanas en lugar de sus nombres reales, los
cuales Simon había trabajado tan laboriosamente para aprenderse. Simon suponía que a Mark
usualmente no se le permitía hablar de su vida mortal o su familia Nefilim. Él no quería pensar en
lo que La Cacería Salvaje le podría hacer a Mark si trataba de hacerlo.
"Es tan pequeño." Siguió Mark. "Él no va a recordar a Papá, o a Mam- a su Madre. Es la cosa más
pequeña. Ellos me dejaron cargarlo, el día que nació, y su cabecita encajaba en la palma de mi
mano. Aun puedo sentir su peso en ella, aun cuando aquí no me dejan siquiera invocar su nombre.
Lo sostuve y supe que yo estaba allí para erguirlo; que él era mío para apoyarlo y protegerlo. Para
siempre. Oh, pero para siempre es tan poco tiempo en el mundo de los mortales. Él tampoco va a
recordarme, quizá Drusilla va olvidarme también." Mark sacudió su cabeza. "Aunque, no. No lo
creo. Drusilla aprende todo de corazón, y ella tenía el corazón más dulce de todos nosotros.
Espero que sus recuerdos sobre mí se mantengan dulces."
Clary seguro debió haberle dicho cada uno de los nombres de los Blackthorn, y haberle hablado un
poco de cómo les estaba yendo a cada uno. Al menos un poco de información debió haberle dado,
la cual Simon debió haber descartado como inútil, y la cual habría sido mejor que un tesoro para
Mark en ese momento. Simon se limitó a mirarlo, sin dar ayuda alguna.
"Solo dime si Aline está ayudando con los más pequeños." Dijo Mark en un tono desesperado.
"¡Helen no puede hacerlo todo por sí sola, y Julian no será capaz de ayudarla!" Se interrumpió a sí
mismo de nuevo. "Julian." Él dijo. "Jules, mi artista; mi soñador. Apunta una luz en su dirección y él
será capaz de brillar en una docena de colores distintos. Todo lo que le interesa es su arte y su
Emma. El tratará de ayudar a Helen, por supuesto. Pero aún es tan joven. Ellos son tan jóvenes, y
tal fácilmente perdidos. Sé lo que digo, Cazador de Sombras. En la tierra debajo de la colina nos
aprovechamos de la licitación y de los corazones frescos. Y ellos nunca envejecen, no tienen la
oportunidad."
"Oh, Mark Blackthorn, ¿Qué es lo que te están haciendo?" susurró Simon. No pudo evitar que la
lástima se notara en su voz, y la vio asentándose en el rostro de Mark: Sus mejillas se tornaron
rojas lentamente, su expresión se endureció, notó la manera en la que tensó sus hombros y
levantó su rostro.
Mark dijo: "Nada que yo no pueda soportar."
Simon hizo silencio. El no recordaba mucho, pero sí recordaba cuánto había sido cambiado. Las
personas podrían soportar demasiado, pero Simon no sabía cuánto de tu verdadero ser podría
quedar después de que todo tu mundo ha cambiado a una forma totalmente distinta.
"Te recuerdo." Dijo Mark de repente. "Nos conocimos cuando ibas de camino al infierno. No eras
humano en ese entonces."
"No," Dijo Simon incomodamente."No recuerdo mucho acerca de ello."
"Había un chico contigo." continuó Mark. "Su cabello era como un halo y sus ojos como el fuego
del infierno, un Nefilim entre Nefilims. Yo había escuchado historias acerca de él, Yo le admiraba.
Él puso una Piedra de Luz en mi mano, Y eso- eso significó mucho para mí, en ese momento."
Simon no podía recordarlo, pero sabía a quién se refería Mark. "Jace."
Mark asintió, casi distraídamente. "Él dijo: 'Muéstrales de lo que está hecho un Cazador de
Sombras, muéstrales que no estás asustado.' Pensé que iba a mostrárselos, a ambos, al Pueblo
Hada y a los Nefilim. No podía hacer lo que él me pidió. Yo estaba asustado, pero no dejé que eso
me detuviera. Les envíe un mensaje a los Cazadores de Sombras y les avisé que el Pueblo Hada los
estaba traicionando y aliándose con el enemigo. Me aseguré de que lo supieran y pudieran
proteger la Ciudad de Cristal. Les advertí, y los de La Cacería me pudieron haber asesinado por eso,
pero pensé que si moría, lo haría sabiendo que mis hermanos y hermanas estarían salvados, y que
por eso todos sabrían que yo era un verdadero Cazador de Sombras."
"Lo Hiciste." dijo Simon. "Tu mensaje fue recibido, Idris fue protegida, y tus hermanos y hermanas
fueron salvados."
"Qué héroe soy." Murmuró Mark. "Probé mi lealtad, y los Cazadores de Sombras me dejaron aquí
para que me pudra."
En las profundidades del corazón de Simon, el miedo se entrelazo con la lastima.
"Traté de ser un Cazador de Sombras, incluso en las profundidades de El Reino Hada, ¿Y qué bien
me trajo eso? 'Muéstrales de qué está hecho un Cazador de Sombras' ¿De qué está hecho un
Cazador de sombras, si traicionan a los suyos; si arrojan los corazones de los niños como si fuesen
basura que estorba en el camino? Dime, Simon Lewis, si eso es lo que vale un Cazador de Sombras,
¿Por qué desearía yo ser uno de ellos?"
"Porque eso no es todo lo que son", dijo Simon.
"¿Y de qué están hechas las hadas? Escucho a los Cazadores de Sombras decir que ellos son malos
ahora, poco más que demonios puestos sobre la tierra para hacer malvadas travesuras". Mark
sonrió, algo salvaje y hubo un encanto en la sonrisa, al igual que la luz del sol que brilla a través de
una tela de araña. "Y nos encanta las travesuras, Simon Lewis, y a veces la maldad. Pero no todo es
negativo, montar los vientos, correr sobre las olas, y la danza por los montes, y es todo lo que me
queda. Por lo menos la caza salvaje me quiere. Tal vez debería mostrar a los Cazadores de
Sombras lo que hace un hada en su lugar”.
"Tal vez", dijo Simon. "Hay más en ambos lados lo peor."
Mark sonrió, una terrible débil sonrisa. "¿Dónde ha ido lo mejor? Trato de recordar a mi padre de
las historias, sobre Jonathan, sobre todos los héroes de oro que han servido como escudos para la
humanidad. Pero mi padre está muerto. Su voz se desvanece con el viento del norte, y la Ley se
considera algo sagrado escrito en la arena por un niño. Nos reímos y punto, que nadie debería ser
tan tonto como para pensar en el pasado. Todo lo que es bueno y verdadero, está perdido”.
Simon nunca había pensado que había un rayo de luz sobre su pérdida de memoria. Esto le ocurrió
ahora que le habían mostrado alguna pequeña piedad accidental. Todos sus recuerdos habían sido
quitados inmediatamente a la vez.
Mientras que los recuerdos de Mark estaban siendo arrancados y desgastados, deslizándose de él
uno por uno, en el oscuro frío bajo la colina donde nada de oro duró.
"Me gustaría poder recordar", dijo Simon, "cuando nos conocimos."
"No eras humano entonces," dijo Mark amargamente. "Pero tú eres humano ahora. Y te pareces
más un cazador de sombras que yo. "
Simon abrió la boca y encontró todas las palabras que quería. No sabía qué decir: Es cierto, como
todo lo que Mark dijo era cierto. Cuando lo había visto por primera vez a Mark, había pensado en
las hadas, y se sintió instintivamente inquieto. La academia de Cazadores de sombras debe haber
influido en él más de lo que pensaba.
Y el entorno lo había cambiado a Mark, también, lo cambió el pasado. Había una cualidad extraña
en él que iba más allá de los bellos huesos y delicadas orejas de hadas. Helen había poseído eso
también, pero al final ella se había movido como un luchador, se mantuvo de pie como un cazador
de sombras, habían hablado como la Clave y la gente de los Institutos habla. Mark habló como un
poema y caminaba como un baile. Simon se preguntó, aunque Mark encontró su camino de
regreso, Mark pudo posiblemente encajar en el mundo de cazador de sombras ahora.
Se preguntó si Mark había olvidado cómo mentir.
"¿Qué crees que soy, un aprendiz cazadores de sombras?", Preguntó Mark. "¿Qué crees que
debería hacer?”
"Muéstrales lo que Mark Blackthorn ha hecho," dijo Simon. "Muéstrales a todos."
"Helen, Julian, Livia, Tiberious, Drusilla, Octavio. Y Emma, "Mark susurró, en voz baja y reverente,
Simón reconoció la sinagoga, de la voz de las madres llamando a su niños, las personas de todos
los tiempos y lugares que había oído un llamado en lo más sagrado. "Mis hermanos y hermanas
son cazadores de sombras, y en su nombre te voy a ayudar. Lo haré."
Se dio la vuelta y gritó: "Hefeydd"
Hefeydd de las orejas de color púrpura se acercó de nuevo a la vista, de regreso entre los árboles.
"Este cazador de sombras es mi pariente", dijo Mark, con cierta dificultad. "¿Te atreves a insistir
en reclamar un pariente de la caza salvaje?”
Eso era ridículo. Simon ni siquiera era un cazador de sombras, sin embargo, Hefeydd nunca lo iba
creer, Sólo era Mark, Simón se dio cuenta. Un hada, en todos los aspectos, y un hada de temer.
Incluso Simon no sabía si podía mentir.
"Por supuesto que no insistiría", dijo Hefeydd, haciendo una reverencia. "Eso es-"
Simon estaba observando el cielo. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba haciendo esto,
que él había estado explorando los cielos desde que alguien había caído de ellas, hasta ahora.
Ahora que Simon estaba viendo, podía ver lo que estaba sucediendo con mayor claridad: no
alguien que cae del cielo, sino un caballo salvaje del cielo unida a cobrar por la tierra y dejando
caer a su jinete. Este caballo era blanco como una nube o niebla y de forma brillante, y el jinete se
precipitó hacia el suelo estaba en un blanco deslumbrante también. Tenía el pelo de cobalto, un
azul oscuro de la noche antes de convertirse en negro de la noche, y un reluciente chorro y un ojo
brillante y plata.
"El príncipe", susurró Hefeydd.
"Mark de la caza", dijo la nueva hada. "Gwyn te envió para averiguar por qué la caza había sido
alterada. No sugirió retrasar la caza así mismo por demorarse un año y un día. ¿Te escapabas?"
La pregunta fue formulada con la emoción detrás de ella, aunque Simon no podía decir si era
sospecha o algo más. Él se dio cuenta de que la cuestión era más grave, tal vez, que el autor de la
pregunta lo había querido decir.
Mark hizo un gesto a sí mismo. "No, Kieran. Como puedes ver. Hefeydd ha cogido un cazador de
sombras, y yo estaba un poco curioso”.
"¿Por qué?", Preguntó Kieran. "El Nephilim está detrás de ti, y mirando hacia atrás no hay nada
roto y dolor desperdiciado. Esperamos, al viento salvaje y la caza. Y a mi espalda, porque yo estoy
adelante de cualquier caza”.
Mark sonrió, de la manera que lo hizo como un amigo que estaba acostumbrado a las burlas.
"Puedo recordar varias cacerías en el que ese no ha sido el caso. Pero veo que esperas tener mejor
suerte en el futuro, mientras que yo confío en la habilidad”.
Kieran rió. Simon sintió un salto de esperanza, si esta hada era amigo de Mark, a continuación, el
rescate de la misión seguía en pie. Él se trasladó inconscientemente más cerca de Mark, con la
mano en uno de los bares de su jaula. Los ojos de Kieran se movieron, y por un instante miró a
Simon con los ojos perfectamente fríos: negro tiburón, ojos de espejo.
Simon sabía con certeza profunda absoluta y sin ninguna idea de por qué, que a Kieran no le
gustaba los Cazadores de Sombras y no deseaba a Simon ningún bien.
"Deja a Hefeydd con su juguete", dijo Kieran. "Ven".
"Él me dijo algo interesante", dijo Mark informó a Kieran con voz quebradiza. "Dijo que la Clave
voto en contra de mí. Mi pueblo, la gente se planteó entre la enseñanza y la confianza, acordaron
dejarme aquí. ¿Puedes creerlo?"
"¿Puedes estar sorprendido? Su clase siempre le ha gustado la crueldad tanto como la justicia. Su
clase no tiene nada que ver contigo por más tiempo ", dijo Kieran, la voz suave y persuasiva,
poniendo una mano en cuello de Mark. "Tú eres Mark de la caza salvaje. Viajas en el aire, un
centenar de millas por encima de todos ellos. Ellos nunca te harán daño de nuevo, salvo que si les
deja. No los dejes. Ven”.
Mark vaciló, y Simon lo vio dudar. Kieran tenía razón, después de todo. Mark Blackthorn no tenía
nada de deudas con los Cazadores de Sombras.
"Mark", dijo Kieran, un hilo de acero en su voz. "Sabes que hay aquellos en la caza que se
apoderaría de cualquier razón para castigarte”.
Simon no podía decir si las palabras de Kieran eran una advertencia o una amenaza.
Una sonrisa apareció en el rostro de Mark, oscuro como una sombra. "Es mejor tu", dijo. "Pero les
agradezco su cuidado. Voy a ir contigo y le explicare a Gwyn. "Se dio la vuelta para mirar a Simón,
sus bicolores ojos ilegibles, cristales de mar y bronce. "Volveré. No le hagas daño ", dijo a
Hefeydd. "Dale agua”.
Él asintió con la cabeza hacia Hefeydd, ligero énfasis en el gesto, y asintió con la cabeza hacia
Simon. Simon asintió con la cabeza a cambio.
Kieran, quien Hefeydd había llamado príncipe, mantuvo su control sobre Mark y de modo quedo
de espaldas a Simon. Él susurró algo a Mark que Simón no podía oír, y Simon no podría decir si el
agarre firme de la mano de Kieran era afecto, ansiedad, o un deseo para encarcelar.
Simon no tenía ninguna duda de que si Kieran se salía con la suya, Mark no iba a volver.
Mark silbó, y Kieran hizo el mismo sonido. En el viento, como una sombra y una nube, llegó un
oscuro y un caballo ligero descendiendo por sus jinetes. Mark saltó en el aire y desapareció en un
parpadeo de las tinieblas, con un grito de alegría y desafío.
Hefeydd rió entre dientes, un sonido bajo arrastrándose a través de la maleza.
"Oh, voy a darle agua con placer", dijo, y se acercó con una taza de moda corteza, lleno hasta el
borde con agua que parecía brillar con la luz.
Simon se acercó a través de las barras y aceptó la copa, pero torpe y se derramó la mitad de la
agua. Hefeydd maldijo y cogió la copa, manteniéndola en los labios de Simón y sonriendo
alentadoramente a sonreír.
"Todavía hay un poco ahí", susurró. "Se puede beber. Bebe."
Excepto Simon era entrenado en la academia. No tenía intención de aceptar la comida o bebida de
las hadas, y estaba seguro de que Mark no había querido que lo hiciera. Mark había estado
asintiendo con la cabeza a la llave de una de las largas mangas de la capa de Hefeydd.
Simon fingió beber Hefeydd sonrió. Se metió la llave en su equipo, y cuando Hefeydd trotó lejos,
esperó y contó los minutos hasta que pensó que la costa estaba clara. Deslizó la mano través de
los barrotes, deslizó la llave en la cerradura y abrió la puerta de la jaula de una manera lenta.
Entonces oyó un sonido, y se congeló.
Saliendo de los árboles verdes susurrando, vestida con una chaqueta de terciopelo rojo y un
vestido largo de encaje negro que se convirtió en telarañas transparente alrededor de las rodillas,
en botas de invierno y guantes rojos que Simón pensó que podría recordar, llena de gracia como
una gacela y la intención de un tigre, era Isabelle Lightwood.
lobo de Nueva York, aunque había recibido la impresión que verdaderamente él lo había
arruinado. Había escuchado rumores sobre una reina vampiro que podría haber estado
interesada, extraño como parecía, hubo un breve periodo de tiempo cuando Clary y él habían
salido. Y ahora posiblemente le gustaba a Beatriz.
"En serio, George, dime la verdad" dijo Simon "¿Soy bello?"
George explotó en risas, su caballo rodando hacia atrás un poco en la luz del sol.
Y Julie gritó: "¡Hada!" Y señaló. Simon miró al frente una figura encapuchada con una canasta de
frutas en un brazo, emergiendo inocentemente de la niebla detrás de un árbol.
"¡Detrás de ella!" Rugió George, y su caballo se lanzó por la figura, Simon sumiéndose después de
él.
Marisol, desde lejos, gritó: "¡Trampa!" Y luego dio un grito de dolor.
Simon buscó desesperadamente entre los árboles. El hada, notó, tenía refuerzos. Les habían
advertido que The Fair Folk eran más cautelosos y desesperados en las secuelas de La Paz Fría.
Debieron haber escuchado mejor y pensado más duro. Debieron haberse planeado para esto.
Ellos deberían haber escuchado mejor y pensado más. Deberían haber planeado algo para esto.
Simon, George, Julie, y Beatriz cabalgaban rápido, pero ellos estaban muy lejos de ella. Marisol se
balanceaba en su silla de montar, la sangre deslizándose por su brazo: había sido herida por una
flecha de elfo.
"¡Marisol!" Jon Cartwright gritó "¡Marisol, hacia mí!"
Ella tiró del caballo hacia él. Jon paró su caballo y saltó sobre el de ella, con el arco preparado
en su mano y lanzando flechas hacia los árboles, de pie sobre el lomo del caballo y por lo tanto,
protegiendo a Marisol como un extraño acróbata arquero. Simon sabía que él nunca iba a ser
capaz de hacer algo como aquello, nunca, al menos que él ascendiera.
Julie y Beatriz giraron sus caballos hacía los árboles donde las hadas ocultas estaban disparando.
"Ellos tienen a Marisol," George jadeó. "Aún podemos detener al vendedor de frutas."
"No, George," Simon empezó, pero George ya había espoleado su caballo hacia la figura
encapuchada, ahora desapareciendo detrás de los árboles y la niebla.
Habia una lanza de luz solar disparando entre el tronco y las ramas del árbol, una deslumbrante
línea blanca entre el curvo arco de las ramas de los árboles. Parecía reflejarse en los ojos de
Simon, convirtiéndose en amplia y justa, como el camino de la luz de la luna sobre el mar. La figura
encapuchada se les escapaba, casi desapareciendo en el deslumbramiento, y el caballo de George
estaba a pulgadas del peligro, la mano de George alcanzaba al borde de la capa del encapuchado,
distraído del curso donde él se había colocado.
“¡No, George!” Simon gritó. “¡No vamos a traspasar al territorio de las hadas!
Él forzó su caballo al paso de George, haciéndole parar, pero él estaba muy concentrado en parar a
George que no tomó consideración en su montura, ahora aterrorizada y huyendo y aumentando la
velocidad.
Hasta que la deslumbrante luz blanca cegó la visión de Simon. Él recordó de repente el
sentimiento de caer en el pais de las hadas, calado hasta en los huesos, en un pozo lleno de agua:
recordada a Jace siendo amable con él, y cuanto se había resentido con eso, como él había
pensado: No me pongas más en ridículo y su pecho había ardido de resentimiento.
Ahora él estaba cayendo en el territorio de las hadas con un grito de un caballo aterrorizado en
sus oídos, las hojas cegándoles y ramitas raspando su cara y sus brazos. El intentó proteger sus
ojos y se encontró a sí mismo en una manta de rocas y huesos, con oscuridad corriendo hacia él.
Habría estado muy agradecido si Jace hubiera estado allí.
* * *
Simon se despertó en el país de las hadas. Toda su cabeza palpitaba, de la misma forma que tu
pulgar cuando lo golpeabas con un martillo. Él esperaba que nadie hubiera golpeado su cabeza
con un martillo.
Él se despertó en una cama que se balanceaba suavemente, algo espinoso bajo su mejilla. Abrió
los ojos y vio que él no estaba exactamente en una cama, pero yacía en medio de ramas y musgo,
disperso a través de una superficie oscilante, construida con listones de madera. Había extrañas
rayas oscuras en su visión, obstaculizando su visión de la vista más allá.
Él país de las hadas casi parecía los páramos en Devon, solo que era totalmente diferente. La
niebla en la distancia era ligeramente púrpura, como unas nubes de tormenta que se aferran a la
tierra, y había movimiento en la niebla, sugiriendo formas raras y amenazadoras. Las hojas de los
árboles eran verdes, amarillas y rojas como las de los árboles del mundo mundano, pero brillaban
demasiado, como joyas, y cuando el viento soplaba a través de ellas, Simon casi podía distinguir
las palabras, como si estuvieran susurrando juntas.
Eso era un desbordamiento natural, mágico y extraño. Y Simon estaba, se dio cuenta, en una jaula.
En una grande jaula de madera. Las rayas oscuras que cruzaban su visión eran los barrotes de su
jaula. Lo que más le enfadaba era cuán familiar le resultaba. Él recordaba estar atrapado como en
ese momento antes. Más de una vez.
“Cazadores de Sombras, vampiros y ahora las hadas, todos empeñados en arrojarme en una
prisión.” Simon dijo en voz alta. “¿Por qué exactamente estaba tan ansioso en recuperar estos
recuerdos? ¿Por qué siempre yo? ¿Por qué siempre soy yo el tonto en una jaula?”
Su propia voz hizo que su cabeza doliera más.
“Tú estás en mi jaula” dijo una voz.
Simon se incorporó a toda prisa, a pesar de que hizo su cabeza palpitar con fiereza y todo el país
de las hadas se tambaleó alrededor de él. Él vio, al otro lado de la jaula, la encapuchada y oculta
figura a quien George había intentado desesperadamente de capturar en los páramos. Simon
tragó. Él no podía ver la cara debajo de la capucha.
Había un torbellino en el aire, como una sombra azotando el sol. Una nueva hada bajó del claro
cielo azul, las hojas del suelo del bosque crujían bajo sus pies desnudos. La luz solar lavó su pálido
pelo en luminosidad, y un largo cuchillo brillaba en su mano. Sin capucha, Simon vio, tenía grandes
orejas, teñidas de púrpura, como si él tuviera una berenjena a cada lado de su cara, y mechones
de largo cabello blanco que se curvaban sobre su berenjena-oreja como una nube.
“¿Qué ha sucedido y por qué tus trucos han interferido en el trabajo de tus mayores, Hefeydd? Un
caballo del mundo mundano corrió tras el paso de la Caza Salvaje,” dijo la nueva hada. “Espero
que el caballo no fuera de mucho significado, porque los perros lo tienen ahora.”
El corazón de Simon se lamentó por aquel pobre caballo. Se preguntó si él también estaba a punto
de alimentar a los perros.
“Siento haber dado problemas a la Caza Salvaje,” el hada oculta dijo, inclinando aún más su cabeza
blanca.
“Deberías sentirlo” respondió el hada de la Caza Salvaje. “Aquellos que se cruzan en el camino de
la caza siempre se arrepienten.”
“Este es un cazador de sombras” continuó el otro ansiosamente. “O al menos, uno de los niños
que ellos esperan cambiar. Ellos estaban esperando por mí en el mundo mortal, y este es uno de
los que me persiguió hasta aquí, así que él es mi legítima presa. No tenía intención de molestar a
la Caza Salvaje y ¡no voy a cargar con la culpa!”
Simon sintió que eso era un resumen inexacto y perjudicial de la situación.
“¿Es eso? Ven ahora, estoy de buen humor,” dijo el hada de la Caza Salvaje. “Dame tus disculpas y
unas palabras con tu preso- como tú sabes, tengo un pequeño interés en los Cazadores de
Sombras-y no le llevaré de vuelta a mi señor Gwyn tu lengua.”
“Nunca hubo una ganga justa,” dijo el hada oculta con cierta prisa, y salió corriendo como si
estuviera asustado de que el hada de la Caza Salvaje cambiara de opinión, casi tropezando con su
propia capa.
En cuanto a Simon le concernía, esto estaba fuera de la freidora del pan de las hadas y en el fuego
de las hadas.
El nuevo hada se veía como un chico de dieciséis años, no mucho mayor que Marisol y más joven
que Simon pero Simon sabía que la apariencia de las hadas no era un indicador de su edad. Tenía
ojos de diferente color, uno de color ámbar como las gotas que se encuentran en la profundidad
de los árboles, y uno de un vívido color azul verdoso de la orilla del mar cuando los rayos del sol
pasaban a través de ella. El discordante contraste de los ojos y la luz del país de las hadas, filtradas
a través del susurro de las malvadas hojas, tocadas con un falso oro, le daban a su delgado, sucio y
marcado rostro un aspecto siniestro. Se veía como una amenaza. Y él se estaba acercando.
“¿Qué es lo que quiere un hada de la Caza Salvaje de mí?” Simon graznó.
“No soy un hada,” dijo el chico con ojos misteriosos, orejas puntiagudas y hojas en su pelo salvaje.
“Soy Mark Blackthorn del Instituto de Los Ángeles. No importa lo que digan o lo que me hagan.
Sigo recordando quién soy. Soy Mark Blackthorn.” Miró a Simon con un hambre salvaje en su cara
delgada. Sus delgados dedos se aferraban a los barrotes de las jaulas. “¿Estás aquí para salvarme?”
demandó. ¿Han venido los Cazadores de Sombras por mí al fin?”
* * *
Oh no. Este era el hermano de Helen Blackthorn, el que era media hada como él, el que su familia
creía muerto, que había sido capturado por la Caza Salvaje y no había sido nunca devuelto. Esto
era muy incómodo. No, esto era peor que eso. Eso era horroroso.
“No,” dijo Simon, porque darle esperanza se veía como el golpe más cruel que podía darle a Mark
Blackthorn. “Es justo como el otro hada dijo. Me encuentro aquí por accidente y fui capturado. Soy
Simon Lewis. Yo... conozco tu nombre, y sé que te ha pasado. Lo siento.”
“¿Sabes cuándo vendrán los Cazadores de Sombras por mí?” Mark preguntó con angustia. “Yo-les
envié un mensaje, durante la guerra. Entiendo que la Paz Fría debe haber roto todos los tratos con
las hadas y es difícil, pero deben saber que soy leal y sería útil para ellos. Deben venir, pero han
pasado... han pasado semanas y semanas. Dime, ¿cuándo?”
Simon estaba de pie frente a Mark con la boca seca. No habían pasado semanas y semanas desde
que los Cazadores de sombras le habían abandonado allí. Había pasado un año y más.
“No van a venir,” susurró. “No estaba allí, pero mis amigos estaban. Ellos me dijeron lo que
sucedió. La Clave lo sometió a votación. Los Cazadores de sombras no te quieren de vuelta.”
“Oh,” dijo Mark, un único sonido suave que era familiar para Simon: era la clase de sonido que las
criaturas hacían cuando ellos morían.
Se apartó de Simon, su espalda arqueándose en un espasmo de dolor que parecía físico. Simon
vio, en sus brazos delgados y desnudos, viejas marcas de un látigo. A pesar de que Simon no podía
ver su cara, Mark se la cubrió por un momento, como si él ni siquiera pudiera soportar mirar el
país de las hadas.
Entonces él se giró y habló roto: “¿Qué hay sobre los niños?”
“¿Qué?” Simon preguntó con la mirada vacía.
“Helen, Julian, Livia, Tiberius, Drusilla, Octavian. Y Emma,” dijo Mark. “¿Ves? No lo he olvidado.
Todas las noches, no importa que haya pasado durante el día, no importa si estoy desgarrado y
sangriento, o si estoy muerto de cansancio que deseo que estuviera muerto, miro hacia las
estrellas y les doy a cada una el nombre de un hermano o la cara de una hermana. No dormiré
hasta que recuerde a cada uno de ellos. Las estrellas se consumirán antes de que yo olvide.
La familia de Mark, los Blackthorn. Todos ellos menores que Mark excepto Helen; Simon lo sabía.
Y Emma Carstairs vivía con los menores niños Blackthorn en el Instituto de Los Ángeles, la pequeña
niña con el pelo rubio quien se había quedado huérfana durante la guerra y quien escribía a Clary
mucho. Simon deseaba saber más sobre ellos. Clary le había hablado de la Paz Fría y había puesto
a los Blackthorn como ejemplo las horrorosas decisiones de la Clave para castigar a las hadas que
afectaban a aquellos que tenían sangre de estas. Simon había escuchado a Magnus y se apenaba
por los Blackthorn, pero ellos parecían como cualquier otra tragedia de la guerra: algo terrible
pero distante, y últimamente, fácil de olvidar.
Algo terrible y supremamente fácil de olvidar. Simon pensaba que ya tenía mucho que recordar
por sí mismo. Él había querido ir a la Academia y convertirse en un cazador de Sombras, para
aprender más sobre su verdadera vida y recordar todo lo que había perdido; para convertirse en
alguien mejor y más fuerte. Excepto que uno no se volvía alguien mejor y más fuerte pensando
solo en sí mismo. Él no sabía qué era lo que le estaban haciendo a Mark en el pueblo Hada, para
alejar a su familia de él.
"Em, Helen está bien," dijo algo incómodamente. "La vi recientemente, fue a dar una lectura en la
Academia. Lo siento, tuve un problema con un demonio que- em, me quitó muchos recuerdos, no
hace mucho tiempo. Sé lo que se siente, el no recordar."
"Afortunado es aquél que conoce el nombre de su corazón. Ellos son aquellos cuyos corazones
nunca se pierden de verdad. Ellos siempre pueden llamar a sus corazones de vuelta a casa." Dijo
Mark en una voz que era casi un susurro. "¿Recuerdas el nombre de tu corazón, Simon Lewis?"
"Eso creo." Simon susurró.
"¿Como están ellos?" preguntó Mark en una voz baja y quebrada. Sonaba muy cansado.
"Helen se va a casar" contestó Simon. Sintió que eso era lo único que tenía para ofrecerle a Mark.
"Con Aline Penhallow. Creo que- ellas realmente se aman la una a la otra." Él casi le decía que iba
a ir a su boda, pero eso incluso se sintió cruel. Mark no podría ir a la boda de su propia hermana.
No había sido invitado. No le habían Dicho.
Mark no se veía enojado o herido, él sonrió. Delicadamente como un niño al que le están
contando historias para dormir, y recostó su cabeza contra la pared de la celda de Simon.
"Dulce Helen." Él dijo. "Mi padre solía contarnos historias sobre Helen de Troya. Ella nació de un
huevo, la mujer más hermosa del mundo. Nacer de un huevo es muy inusual en los humanos."
"Eso me han dicho." Dijo Simon.
"Ella estaba tan infelizmente enamorada." continuó Mark. "La belleza puede ser así. En la belleza
no se puede confiar. La belleza puede deslizarse entre tus dedos como agua, y envenenar tu
lengua como veneno. La belleza es como un muro brillante que atrapa todo lo que amas."
"Um." Dijo Simon. "Totalmente."
"Me alegra que mi hermosa Helen vaya a ser mucho más feliz que la última hermosa Helen." Dijo
Mark. "Me alegra que vaya a recibir belleza por belleza, amor por amor, y sin falsas condiciones.
Dile que su hermano Mark le envía felicitaciones en su día de bodas."
"Si llego a ir, lo haré."
"Aline estará disponible para ayudarla con los niños también." Dijo Mark. Él le estaba prestando
muy poca atención a Simon. Aún tenía esa reparada y lejana expresión, como si estuviese
escuchando una historia o contando un recuerdo. Simon temía que las historias y los recuerdos se
estuviesen convirtiendo en lo mismo para Mark Blackthorn: Algo lejano, Hermoso e Irreal.
"Ty necesita atención especial." continuó Mark. "Recuerdo cuando mis padres hablaban de ello."
Torció su boca en un gesto. "Quiero decir, mi padre y la mujer que solía cantarme canciones antes
de dormir, aunque yo no era de su sangre. La Cazadora de Sombras a la que ya no se me permite
llamar mi Madre. Las canciones no son sangre, y la Sangre es lo único importante para los
Cazadores de Sombras. Las canciones son importantes solo para mí."
La sangre es lo único importante para los Cazadores de Sombras.
Simon no podía recordar el contexto, pero podía recordar el recuento constante de personas que
amaba pero a quienes no amaba en ese momento. Mundano, mundano, mundano, y luego,
Vampiro, Subterráneo. Recordó que la primera prisión a la que había sido enviado había sido una
prisión de los Cazadores de Sombras. Deseaba poder decirle a Mark Blackthorn que no se
equivocaba en nada de lo que había dicho.
"Lo siento."Él dijo.
Lo sentía por no escuchar, y lo sentía por no interesarse más. Él pensaba que era la voz de la razón
en la Academia, y no se había dado cuenta cuan cómplice había sido, cuan fácil había sido
escuchar a sus amigos burlarse de personas que no eran ya como él, después de todo, y dejarlos
seguir en eso.
Él deseaba saber cómo decirle todas esas cosas a Mark Blackthorn, pero dudaba que le interesara.
"Si lo sientes, habla." Dijo Mark. "¿Como está Ty? no hay nada malo con Ty, pero él es diferente, y
La Clave odia todo lo que es diferente, tratarán de castigarlo por ser quién es. Ellos castigarían a
una estrella por arder. Mi padre estaba ahí para pararse entre él y nuestro cruel mundo, pero mi
padre se ha ido, y ahora yo me he ido también. Yo también estaría mejor muerto, para lo útil que
les soy a mis hermanos y hermanas. Livvy caminaría sobre carbón ardiente y mataría serpientes
por él. Ella puede ser y hacer todo por él. ¿Helen está teniendo dificultades con Tiberius? ¿Tiberius
es feliz?"
"No lo sé." Dijo Simon sin ser de ayuda. "Eso creo." El solo sabía que había un puñado de niños
Blackthorn: Rostros sin nombre; víctimas de la guerra.
"Y luego está Tavvy." Dijo Mark. Su voz se fortaleció y siguió hablando. Y él prefirió usar
sobrenombres para referirse a sus hermanos y hermanas en lugar de sus nombres reales, los
cuales Simon había trabajado tan laboriosamente para aprenderse. Simon suponía que a Mark
usualmente no se le permitía hablar de su vida mortal o su familia Nefilim. Él no quería pensar en
lo que La Cacería Salvaje le podría hacer a Mark si trataba de hacerlo.
"Es tan pequeño." Siguió Mark. "Él no va a recordar a Papá, o a Mam- a su Madre. Es la cosa más
pequeña. Ellos me dejaron cargarlo, el día que nació, y su cabecita encajaba en la palma de mi
mano. Aun puedo sentir su peso en ella, aun cuando aquí no me dejan siquiera invocar su nombre.
Lo sostuve y supe que yo estaba allí para erguirlo; que él era mío para apoyarlo y protegerlo. Para
siempre. Oh, pero para siempre es tan poco tiempo en el mundo de los mortales. Él tampoco va a
recordarme, quizá Drusilla va olvidarme también." Mark sacudió su cabeza. "Aunque, no. No lo
creo. Drusilla aprende todo de corazón, y ella tenía el corazón más dulce de todos nosotros.
Espero que sus recuerdos sobre mí se mantengan dulces."
Clary seguro debió haberle dicho cada uno de los nombres de los Blackthorn, y haberle hablado un
poco de cómo les estaba yendo a cada uno. Al menos un poco de información debió haberle dado,
la cual Simon debió haber descartado como inútil, y la cual habría sido mejor que un tesoro para
Mark en ese momento. Simon se limitó a mirarlo, sin dar ayuda alguna.
"Solo dime si Aline está ayudando con los más pequeños." Dijo Mark en un tono desesperado.
"¡Helen no puede hacerlo todo por sí sola, y Julian no será capaz de ayudarla!" Se interrumpió a sí
mismo de nuevo. "Julian." Él dijo. "Jules, mi artista; mi soñador. Apunta una luz en su dirección y él
será capaz de brillar en una docena de colores distintos. Todo lo que le interesa es su arte y su
Emma. El tratará de ayudar a Helen, por supuesto. Pero aún es tan joven. Ellos son tan jóvenes, y
tal fácilmente perdidos. Sé lo que digo, Cazador de Sombras. En la tierra debajo de la colina nos
aprovechamos de la licitación y de los corazones frescos. Y ellos nunca envejecen, no tienen la
oportunidad."
"Oh, Mark Blackthorn, ¿Qué es lo que te están haciendo?" susurró Simon. No pudo evitar que la
lástima se notara en su voz, y la vio asentándose en el rostro de Mark: Sus mejillas se tornaron
rojas lentamente, su expresión se endureció, notó la manera en la que tensó sus hombros y
levantó su rostro.
Mark dijo: "Nada que yo no pueda soportar."
Simon hizo silencio. El no recordaba mucho, pero sí recordaba cuánto había sido cambiado. Las
personas podrían soportar demasiado, pero Simon no sabía cuánto de tu verdadero ser podría
quedar después de que todo tu mundo ha cambiado a una forma totalmente distinta.
"Te recuerdo." Dijo Mark de repente. "Nos conocimos cuando ibas de camino al infierno. No eras
humano en ese entonces."
"No," Dijo Simon incomodamente."No recuerdo mucho acerca de ello."
"Había un chico contigo." continuó Mark. "Su cabello era como un halo y sus ojos como el fuego
del infierno, un Nefilim entre Nefilims. Yo había escuchado historias acerca de él, Yo le admiraba.
Él puso una Piedra de Luz en mi mano, Y eso- eso significó mucho para mí, en ese momento."
Simon no podía recordarlo, pero sabía a quién se refería Mark. "Jace."
Mark asintió, casi distraídamente. "Él dijo: 'Muéstrales de lo que está hecho un Cazador de
Sombras, muéstrales que no estás asustado.' Pensé que iba a mostrárselos, a ambos, al Pueblo
Hada y a los Nefilim. No podía hacer lo que él me pidió. Yo estaba asustado, pero no dejé que eso
me detuviera. Les envíe un mensaje a los Cazadores de Sombras y les avisé que el Pueblo Hada los
estaba traicionando y aliándose con el enemigo. Me aseguré de que lo supieran y pudieran
proteger la Ciudad de Cristal. Les advertí, y los de La Cacería me pudieron haber asesinado por eso,
pero pensé que si moría, lo haría sabiendo que mis hermanos y hermanas estarían salvados, y que
por eso todos sabrían que yo era un verdadero Cazador de Sombras."
"Lo Hiciste." dijo Simon. "Tu mensaje fue recibido, Idris fue protegida, y tus hermanos y hermanas
fueron salvados."
"Qué héroe soy." Murmuró Mark. "Probé mi lealtad, y los Cazadores de Sombras me dejaron aquí
para que me pudra."
En las profundidades del corazón de Simon, el miedo se entrelazo con la lastima.
"Traté de ser un Cazador de Sombras, incluso en las profundidades de El Reino Hada, ¿Y qué bien
me trajo eso? 'Muéstrales de qué está hecho un Cazador de Sombras' ¿De qué está hecho un
Cazador de sombras, si traicionan a los suyos; si arrojan los corazones de los niños como si fuesen
basura que estorba en el camino? Dime, Simon Lewis, si eso es lo que vale un Cazador de Sombras,
¿Por qué desearía yo ser uno de ellos?"
"Porque eso no es todo lo que son", dijo Simon.
"¿Y de qué están hechas las hadas? Escucho a los Cazadores de Sombras decir que ellos son malos
ahora, poco más que demonios puestos sobre la tierra para hacer malvadas travesuras". Mark
sonrió, algo salvaje y hubo un encanto en la sonrisa, al igual que la luz del sol que brilla a través de
una tela de araña. "Y nos encanta las travesuras, Simon Lewis, y a veces la maldad. Pero no todo es
negativo, montar los vientos, correr sobre las olas, y la danza por los montes, y es todo lo que me
queda. Por lo menos la caza salvaje me quiere. Tal vez debería mostrar a los Cazadores de
Sombras lo que hace un hada en su lugar”.
"Tal vez", dijo Simon. "Hay más en ambos lados lo peor."
Mark sonrió, una terrible débil sonrisa. "¿Dónde ha ido lo mejor? Trato de recordar a mi padre de
las historias, sobre Jonathan, sobre todos los héroes de oro que han servido como escudos para la
humanidad. Pero mi padre está muerto. Su voz se desvanece con el viento del norte, y la Ley se
considera algo sagrado escrito en la arena por un niño. Nos reímos y punto, que nadie debería ser
tan tonto como para pensar en el pasado. Todo lo que es bueno y verdadero, está perdido”.
Simon nunca había pensado que había un rayo de luz sobre su pérdida de memoria. Esto le ocurrió
ahora que le habían mostrado alguna pequeña piedad accidental. Todos sus recuerdos habían sido
quitados inmediatamente a la vez.
Mientras que los recuerdos de Mark estaban siendo arrancados y desgastados, deslizándose de él
uno por uno, en el oscuro frío bajo la colina donde nada de oro duró.
"Me gustaría poder recordar", dijo Simon, "cuando nos conocimos."
"No eras humano entonces," dijo Mark amargamente. "Pero tú eres humano ahora. Y te pareces
más un cazador de sombras que yo. "
Simon abrió la boca y encontró todas las palabras que quería. No sabía qué decir: Es cierto, como
todo lo que Mark dijo era cierto. Cuando lo había visto por primera vez a Mark, había pensado en
las hadas, y se sintió instintivamente inquieto. La academia de Cazadores de sombras debe haber
influido en él más de lo que pensaba.
Y el entorno lo había cambiado a Mark, también, lo cambió el pasado. Había una cualidad extraña
en él que iba más allá de los bellos huesos y delicadas orejas de hadas. Helen había poseído eso
también, pero al final ella se había movido como un luchador, se mantuvo de pie como un cazador
de sombras, habían hablado como la Clave y la gente de los Institutos habla. Mark habló como un
poema y caminaba como un baile. Simon se preguntó, aunque Mark encontró su camino de
regreso, Mark pudo posiblemente encajar en el mundo de cazador de sombras ahora.
Se preguntó si Mark había olvidado cómo mentir.
"¿Qué crees que soy, un aprendiz cazadores de sombras?", Preguntó Mark. "¿Qué crees que
debería hacer?”
"Muéstrales lo que Mark Blackthorn ha hecho," dijo Simon. "Muéstrales a todos."
"Helen, Julian, Livia, Tiberious, Drusilla, Octavio. Y Emma, "Mark susurró, en voz baja y reverente,
Simón reconoció la sinagoga, de la voz de las madres llamando a su niños, las personas de todos
los tiempos y lugares que había oído un llamado en lo más sagrado. "Mis hermanos y hermanas
son cazadores de sombras, y en su nombre te voy a ayudar. Lo haré."
Se dio la vuelta y gritó: "Hefeydd"
Hefeydd de las orejas de color púrpura se acercó de nuevo a la vista, de regreso entre los árboles.
"Este cazador de sombras es mi pariente", dijo Mark, con cierta dificultad. "¿Te atreves a insistir
en reclamar un pariente de la caza salvaje?”
Eso era ridículo. Simon ni siquiera era un cazador de sombras, sin embargo, Hefeydd nunca lo iba
creer, Sólo era Mark, Simón se dio cuenta. Un hada, en todos los aspectos, y un hada de temer.
Incluso Simon no sabía si podía mentir.
"Por supuesto que no insistiría", dijo Hefeydd, haciendo una reverencia. "Eso es-"
Simon estaba observando el cielo. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba haciendo esto,
que él había estado explorando los cielos desde que alguien había caído de ellas, hasta ahora.
Ahora que Simon estaba viendo, podía ver lo que estaba sucediendo con mayor claridad: no
alguien que cae del cielo, sino un caballo salvaje del cielo unida a cobrar por la tierra y dejando
caer a su jinete. Este caballo era blanco como una nube o niebla y de forma brillante, y el jinete se
precipitó hacia el suelo estaba en un blanco deslumbrante también. Tenía el pelo de cobalto, un
azul oscuro de la noche antes de convertirse en negro de la noche, y un reluciente chorro y un ojo
brillante y plata.
"El príncipe", susurró Hefeydd.
"Mark de la caza", dijo la nueva hada. "Gwyn te envió para averiguar por qué la caza había sido
alterada. No sugirió retrasar la caza así mismo por demorarse un año y un día. ¿Te escapabas?"
La pregunta fue formulada con la emoción detrás de ella, aunque Simon no podía decir si era
sospecha o algo más. Él se dio cuenta de que la cuestión era más grave, tal vez, que el autor de la
pregunta lo había querido decir.
Mark hizo un gesto a sí mismo. "No, Kieran. Como puedes ver. Hefeydd ha cogido un cazador de
sombras, y yo estaba un poco curioso”.
"¿Por qué?", Preguntó Kieran. "El Nephilim está detrás de ti, y mirando hacia atrás no hay nada
roto y dolor desperdiciado. Esperamos, al viento salvaje y la caza. Y a mi espalda, porque yo estoy
adelante de cualquier caza”.
Mark sonrió, de la manera que lo hizo como un amigo que estaba acostumbrado a las burlas.
"Puedo recordar varias cacerías en el que ese no ha sido el caso. Pero veo que esperas tener mejor
suerte en el futuro, mientras que yo confío en la habilidad”.
Kieran rió. Simon sintió un salto de esperanza, si esta hada era amigo de Mark, a continuación, el
rescate de la misión seguía en pie. Él se trasladó inconscientemente más cerca de Mark, con la
mano en uno de los bares de su jaula. Los ojos de Kieran se movieron, y por un instante miró a
Simon con los ojos perfectamente fríos: negro tiburón, ojos de espejo.
Simon sabía con certeza profunda absoluta y sin ninguna idea de por qué, que a Kieran no le
gustaba los Cazadores de Sombras y no deseaba a Simon ningún bien.
"Deja a Hefeydd con su juguete", dijo Kieran. "Ven".
"Él me dijo algo interesante", dijo Mark informó a Kieran con voz quebradiza. "Dijo que la Clave
voto en contra de mí. Mi pueblo, la gente se planteó entre la enseñanza y la confianza, acordaron
dejarme aquí. ¿Puedes creerlo?"
"¿Puedes estar sorprendido? Su clase siempre le ha gustado la crueldad tanto como la justicia. Su
clase no tiene nada que ver contigo por más tiempo ", dijo Kieran, la voz suave y persuasiva,
poniendo una mano en cuello de Mark. "Tú eres Mark de la caza salvaje. Viajas en el aire, un
centenar de millas por encima de todos ellos. Ellos nunca te harán daño de nuevo, salvo que si les
deja. No los dejes. Ven”.
Mark vaciló, y Simon lo vio dudar. Kieran tenía razón, después de todo. Mark Blackthorn no tenía
nada de deudas con los Cazadores de Sombras.
"Mark", dijo Kieran, un hilo de acero en su voz. "Sabes que hay aquellos en la caza que se
apoderaría de cualquier razón para castigarte”.
Simon no podía decir si las palabras de Kieran eran una advertencia o una amenaza.
Una sonrisa apareció en el rostro de Mark, oscuro como una sombra. "Es mejor tu", dijo. "Pero les
agradezco su cuidado. Voy a ir contigo y le explicare a Gwyn. "Se dio la vuelta para mirar a Simón,
sus bicolores ojos ilegibles, cristales de mar y bronce. "Volveré. No le hagas daño ", dijo a
Hefeydd. "Dale agua”.
Él asintió con la cabeza hacia Hefeydd, ligero énfasis en el gesto, y asintió con la cabeza hacia
Simon. Simon asintió con la cabeza a cambio.
Kieran, quien Hefeydd había llamado príncipe, mantuvo su control sobre Mark y de modo quedo
de espaldas a Simon. Él susurró algo a Mark que Simón no podía oír, y Simon no podría decir si el
agarre firme de la mano de Kieran era afecto, ansiedad, o un deseo para encarcelar.
Simon no tenía ninguna duda de que si Kieran se salía con la suya, Mark no iba a volver.
Mark silbó, y Kieran hizo el mismo sonido. En el viento, como una sombra y una nube, llegó un
oscuro y un caballo ligero descendiendo por sus jinetes. Mark saltó en el aire y desapareció en un
parpadeo de las tinieblas, con un grito de alegría y desafío.
Hefeydd rió entre dientes, un sonido bajo arrastrándose a través de la maleza.
"Oh, voy a darle agua con placer", dijo, y se acercó con una taza de moda corteza, lleno hasta el
borde con agua que parecía brillar con la luz.
Simon se acercó a través de las barras y aceptó la copa, pero torpe y se derramó la mitad de la
agua. Hefeydd maldijo y cogió la copa, manteniéndola en los labios de Simón y sonriendo
alentadoramente a sonreír.
"Todavía hay un poco ahí", susurró. "Se puede beber. Bebe."
Excepto Simon era entrenado en la academia. No tenía intención de aceptar la comida o bebida de
las hadas, y estaba seguro de que Mark no había querido que lo hiciera. Mark había estado
asintiendo con la cabeza a la llave de una de las largas mangas de la capa de Hefeydd.
Simon fingió beber Hefeydd sonrió. Se metió la llave en su equipo, y cuando Hefeydd trotó lejos,
esperó y contó los minutos hasta que pensó que la costa estaba clara. Deslizó la mano través de
los barrotes, deslizó la llave en la cerradura y abrió la puerta de la jaula de una manera lenta.
Entonces oyó un sonido, y se congeló.
Saliendo de los árboles verdes susurrando, vestida con una chaqueta de terciopelo rojo y un
vestido largo de encaje negro que se convirtió en telarañas transparente alrededor de las rodillas,
en botas de invierno y guantes rojos que Simón pensó que podría recordar, llena de gracia como
una gacela y la intención de un tigre, era Isabelle Lightwood.
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