5.4
Se iban de caza, o al menos Valentine sospechaba que eso hacían, dejando a los más
vulnerables detrás. Al viejo y al niño. Esa era una suerte más allá del agrado de Valentine.
No era tanto una batalla.
Al momento que los dos lobos restantes registraran el ataque, fueron derribados. Ni siquiera
tuvieron tiempo de transformarse. Fue cuestión de segundos, Stephen noqueando al más viejo con
un golpe en la cabeza, el niño atrapado en un pasillo, contenido por la espada de Michael.
"Los usaremos a ambos para interrogarlos." Dijo Valentine.
Michael negó con la cabeza. "Al niño no."
"Ambos son criminales," Impuso Valentine. "Cada miembro de la manada es culpable de-"
"¡Es solo un niño!" Dijo Michael, girándose hacia su parabatai por apoyo. "Dile, no
arrastraremos a un niño a los bosques y dejarlo a la piedad de la clave."
Tenía un punto... pero también lo tenía Valentine. Robert no dijo nada
"No nos llevaremos al niño," dijo Michael, y su mirada sugería que estaba preparado para
poner su espada en acción.
Stephen y Robert se tensaron, esperando la explosión. Valentine no se tomaba muy bien el
ser desafiado; tenía muy poca experiencia con ello. Pero solo se relajó, y ofreció una encantadora y
completa sonrisa. "Por supuesto que no. No sé en qué estaba pensando. Solo el viejo, entonces. ¿A
menos que también tengas una objeción a eso? "
Nadie tenía ninguna objeción. El viejo inconsciente era solo piel y huesos, su peso apenas
era notable en los hombros de Robert. Encerraron al niño en un closet, y cargaron al viejo hacia un
bosque, de vuelta al campamento.
Lo ataron a un árbol.
La cuerda estaba hecha con filamentos de plata. Cuando el hombre despertara, lo haría al
dolor. Probablemente no era suficiente para hacerlo transformarse, no si estaba determinado a
escapar. Pero sí lo ralentizaría. Sus dagas de plata harían el resto.
"Ustedes dos, patrullen el perímetro a media milla" Le dijo Valentine a Michael y Stephen.
"No queremos a ningún amigo peludo planeando un rescate. Robert y yo vigilaremos al prisionero."
Stephen asintió firmemente. Siempre dispuesto a hacer lo que Valentine ordenaba.
"¿Y si él despierta?" Michael preguntó.
"Cuando eso despierte, Robert y yo le interrogaremos sus crímenes, y sobre qué sabe de los
crímenes de sus compañeros" Dijo Valentine "Una vez hallamos asegurado su confesión, lo
entregaremos a La Clave para que lo castigue. ¿Eso te satisface, Michael?"
"¿Así que solo esperamos?" Robert preguntó una vez estuvieron solos.
Valentine sonrió.
Cuando él quería, la sonrisa de Valentine podría abrirle camino hasta al corazón más
protegido, y fundirlo desde adentro hacia afuera.
Esta no estaba destinada para encantar, ésa era una sonrisa fría que electrificó los huesos de
Robert.
"Estoy cansado de esperar," Dijo Valentine, y sacó su daga a la luna, hecha de pura plata.
Antes de que Robert pudiese decir cualquier cosa, Valentine presionó la punta de la daga en
el viejo pecho del hombre, hubo un sonido húmedo, luego sangre, mientras el prisionero despertaba
en agonía.
"No lo haría," Decía Valentine muy calmadamente mientras el ropaje del anciano se
humedecía con su propia sangre. "Te voy a lastimar, sí. Pero transfórmate en un hombre lobo y te
juro que te mataré."
La transformación se detuvo tan abruptamente como comenzó.
El viejo fue atacado por una serie de tosidos que sacudieron desde su cabeza hasta sus
talones. Era demasiado delgado, tenía ojeras y solo una pequeña melena canosa cubriendo su
cabeza. Bajo otra circunstancia, su apariencia hubiese divertido a Robert.
Pero no había nada divertido en el sonido que el hombre hacía mientras Valentine cortaba
con su daga una línea desde su pecho hasta su clavícula.
"Valentine, es solo un anciano." Robert dijo algo consternado "Deberíamos-"
"Escucha a tu amigo," El hombre dijo en un miserable tono de voz. "Yo podría ser tu propio
abuelo-"
Valentine le dio una cachetada con el mango de su daga.
"No es ningún anciano amable" le dijo a Robert "Es un monstruo. Y ha estado haciendo
cosas que no se supone que haría ¿No es cierto?"
El hombre lobo, aparentemente concluyendo actuar debilidad por la edad no lo sacaría de
esta, se volvió más firme y escupió sangre. Su voz, cuando habló, había perdido todo temblor.
"¿Quién te crees Cazador de Sombras para decirme qué debería o no debería estar haciendo?"
"Asi que lo admites" Robert dijo apresuradamente. "Has roto El Acuerdo."
Si lo admitía así de fácil, terminarían con este sangriento episodio, llevarían el prisionero a
La Clave, se irían a casa.
"No doy mi acuerdo a asesinos y aprovechadores de los débiles" Escupió el viejo lobo.
"Afortunadamente, no necesito tu acuerdo" Dijo Valentine. "Solo necesito información. Tú
dime lo que quiero saber, y te dejaremos ir."
Eso no eran lo que habían acordado, pero Robert contuvo su lengua.
"Hace dos meses, una manada de hombres lobo asesinó a un Cazador de Sombras en las
orillas de estos bosques, ¿Dónde puedo encontrarlos?"
"¿Y exactamente por qué sabría yo eso?"
La fría sonrisa de Valentine regresó "Te conviene saberlo, porque de otra forma, no me serás
de ninguna utilidad"
"Entonces, puede que haya oído cuentos de ese Cazador del que me hablas." El hombre
lobo contuvo una risa. "Desearía haber estado ahí para verlo morir. Para probar su dulce carne. Es el
miedo que le da ese sabor a la carne, sabes. Y lo mejor de todo es el primer grito, es algo de sal para
la carne. Y corre el rumor de que tu Cazador de sombras condenado lloró a cubos, que era un
cobarde como ningún otro."
"Robert, Abre su boca y mantenla así." La voz de Valentine era calmada, pero Robert
conocía lo suficiente a Valentine como para saber que la furia lo consumía.
"Quizá deberíamos tomarnos un momento para-"
"Abre su boca y mantenla."
Robert agarró la mandíbula del viejo y la sostuvo abierta. Valentine pasó el lado afilado de
la daga por la lengua del hombre y la mantuvo allí mientras el grito del viejo se convertía en un
aullido, mientras sus musculos esqueléticos se hinchaban y florecieron llagas en toda su carne, su
lengua burbujeaba y tenía ampollas, y al transformarse en lobo, rompió sus ataduras, y Valentine le
cortó la lengua, de su boca brotaba sangre. Valentine cortó una línea a través de su abdomen. El
corte era seguro y profundo, y el lobo cayó al suelo, los intestinos derramándose de su herida.
Valentine saltó sobre la criatura que se retorcía, para apuñalar y cortar, desgarrar a través de
su piel, desollar su carne hasta el hueso perlado. Y aun cuando la criatura se sacudía y se contraía
sin poder hacer nada por debajo de él, la lucha se drenaba de su cuerpo, se iba aplanando su mirada.
Incluso cuando su cuerpo roto recuperó su forma humana, yacía en la tierra con sangre. Solo la cara
de un hombre pálido y sangrante se giró sin vida hacia el cielo nocturno.
"Es suficiente." Robert seguía diciendo quieta e inútilmente. "Valentine, es suficiente."
Pero no hacía nada para detenerlo.
Y al regresar sus amigos de su patrulla para encontrar a Valentine y Robert de pie frente al
despellejado cuerpo, el no contradijo la versión de Valentine de los eventos: El lobo se había
liberado de sus ataduras y tratado de escapar. Ellos habían librado una fuerte batalla, y lo habían
asesinado en defensa propia.
La línea principal de la historia era, técnicamente, cierta.
Stephen palmeó a Valentine en la espalda, compadeciéndolo por haber perdido al potencial
líder de los asesinos de su padre. Michael encontró la mirada de Robert, su pregunta era tan clara
como si la estuviese pronunciando. ¿Qué pasó realmente?
¿Qué dejaste que pasara?
Robert apartó la mirada.
* * *
Isabelle lo estaba evitando. Beatriz lo odiaba. Los demás estaban activos de emoción con la secreta
aventura de la noche anterior y la que estaba por venir. Julie y Marisol solo hacían eco de la odiosa
promesa de George, que algo bueno estaba por venir, y si Simon quería saber qué era, tendría que
unirse a ellos.
"No creo que Isabelle me quiera ahí," le comentaba a Sunil mientras escogían cuidadosamente de la
vaga variedad de vegetales que había en la mesa del comedor.
Sunil sacudió su cabeza y sonrió. La sonrisa encajaba pobremente en su rostro, era como ver a
KingKong con tutú. Él era un muchacho inusualmente sombrío que parecía considerar el buen
ánimo como falta de seriedad y trataba a la gente en consecuencia. "Ella nos pidió que te
convenciéramos de presentarte. Ella dijo 'Como sea necesario.' Así que dime, Simon." La sonrisa
desconcertante creció. "¿Que tiene que ser necesario?"
"Ni siquiera la conoces." Argumentó Simon. "¿Por qué insisten en obedecer a todo lo que ella les
pide hacer?"
"¿Estamos hablando sobre la misma chica aquí, si? ¿Isabelle Lightwood?"
"Sí."
Sunil hizo un gesto de duda. "¿E incluso preguntas?"
Así que eran la nueva orden: El Culto de Isabelle Lightwood. Simon tuvo que admitir, que podía
entender por completo cómo un cuarto lleno de gente de alguna forma racional podía caer
completamente bajo su hechizo y entregarse a ella por completo.
¿Pero para qué los querría ella?
Decidió que tenía que ver eso por sí mismo. Simplemente para entender qué estaba ocurriendo y
asegurarse de que todo se estaba poniendo mejor.
No porque quisiera estar cerca de ella, en absoluto; o impresionarla; o complacerla.
Pensándolo bien, tal vez Simon entendía al Culto de Isabelle mejor de lo que quería admitir.
Tal vez había sido su fundador.
* * *
"¡¿Qué pretenden hacer qué!?" En la última palabra, la voz de Simon Quizá subió a ocho tonos más
de lo normal.
Jon Cartwright rio disimuladamente "Cálmate mamá, ya la escuchaste."
Simon miró el rostro de sus amigos (y el de Jon). Pasado el último año, los había llegado a conocer
completamente, o al menos, creía que lo hacía. Julie mordía sus uñas hasta sangrar cuando estaba
nerviosa, Marisol dormía con una espada bajo su almohada -solo por si acaso-, George hablaba en
sueños, sobre técnicas de esquí por lo general; Sunil tenía cuatro conejos de los que hablaba
constantemente, siempre preocupado de Rango y de lo poco que debía estar siendo cuidado por sus
hermanas mayores; Jon había cubierto las paredes de su cuarto con pinturas de dedos de su primo
pequeño, y que le enviaba una carta cada semana. Todos habían estado comprometidos con la causa
Cazadores de Sombras. Habían pasado un infierno para probar su valor a los instructores y a ellos
mismos. Casi habían terminado el año sin una sola lesión o mordedura mortal de vampiro.
... ¿Y ahora esto?
"Ja -Ja, muy gracioso," Simon decía esperando estar haciendo un trabajo decente tratando de
mantener su desesperación fuera de su tono de voz "Devuélveme a lo increíble de anoche. Muy
gracioso, ¿Qué sigue? ¿Quieren convencerme de que harán otra película malísima de El Último
maestro del aire? Si quieren verme fuera de control, hay otras maneras más fáciles de hacerlo.”
Isabelle rodó los ojos. "Nadie quiere hacerte perder el control, Simon. Francamente, podría
tomarlo o dejarlo viéndote así."
"Así que va en serio." Dijo Simon. "Ustedes de verdad, no jugando, de verdad, realmente, ¿Planean
escabullir a un demonio? Aquí, ¿En el medio de la Academia de Cazadores de sombras? ¿Porque
creen que será... divertido?"
"Obviamente no vamos a meterlo en medio de la fiesta." Dijo Isabelle. "Eso sería de
Idiotas."
"Oh, por supuesto que sería de idiotas." Contestó Simon.
"Lo escabulliremos por la parte trasera," aclaró Isabelle "y luego lo meteremos a la fiesta."
"Y luego lo matamos, por supuesto." Julie se apresuró a añadir.
"Por supuesto." hizo eco Simon. Se preguntó si le estaba dando un infarto.
"Lo haces lucir como un asunto más grande de lo que es," Dijo George.
"Claro, es solo un demonio," dijo Sunil. "No tan grande."
"Ajá," Simon repitió. "totalmente, no tan grande."
"¡Imagínate la expresión de todo el mundo cuando vean lo que podemos hacer!" Marisol
claramente estaba anotada en todo esto.
Beatriz no estaba allí. Si hubiese estado, tal vez les fuese dado una razón, o ayudado a
Simon a atarlos y encerrarlos en un closet hasta que el semestre haya terminado a salvo e Isabelle se
hubiese ido a New York a donde pertenecía.
"¿Y si algo sale mal?" Simon dijo, "Ustedes nunca se han enfrentado a un demonio en
combate, no sin un profesor vigilándolos, no saben-"
"Tampoco lo has hecho tú," Le soltó Isabelle. "Al menos, no que recuerdes, ¿no es cierto?"
Simon no dijo nada.
"Como sea, derribé a mi primero cuando tenía seis años," Isabelle dijo. "Como les dije
amigos, no es la gran cosa. Y ellos confían en mí."
Yo confío en ti- es lo que se supone que él tenía que decir. Sabía que ella estaba esperando a
que lo dijera. Todos estaban esperando.
No podía.
"¿Puedo hablar contigo fuera de esto?" preguntó en su lugar.
Isabelle negó. "Puedes seguir intentándolo, pero estarías perdiendo tu tiempo."
"Entonces tendré que encontrar otra forma de detenerte." Dijo Simon.
"¿Vas a acusarnos?" Intervino Jon. "¿Vas a ser un bebé llorón y correrás a tu bruja
favorita?" Siguió. "Una vez que eres mascota del profesor, te quedas como mascota del profesor."
"Cállate Jon," Isabelle le golpeó suavemente en el hombro.
Simon, probablemente debería estar satisfecho, pero golpearse todavía requería tocarse, y él
prefería que Isabelle y Jon nunca entraran en contacto físico de cualquier tipo. “Podrías tratar de
decir sobre nosotros, Simon. Pero lo negaré. Y entonces, ¿a quién van a creer, alguien como yo, o
alguien como tú? Alguien mundano”.
Ella dijo: “mundano” exactamente igual a como Jon siempre lo hacía. Como si fuera
sinónimo de “nada”.
“Esta no eres tú, Isabelle. Así no es como eres.” No estaba seguro de si estaba tratando de
convencerla a ella o a él mismo.
“No sabes cómo soy, ¿recuerdas?”
“Sé lo suficiente.”
“Entonces sabes que debes confiar en mí. Pero si no lo haces, adelante. Diles”, dijo.
“Entonces todos sabrán cómo eres. La clase de amigo que eres”.
El intentó.
Él sabía que era lo correcto.
Al menos, él pensó que era lo correcto.
A la mañana siguiente, antes de la conferencia, fue a la oficina de Catarina Loss Jon tenía
razón, ella era su bruja y profesora favorita, y la única a quien le iba a confiar algo como esto.
Ella le dio la bienvenida, le ofreció un asiento y una taza de algo cuyo vapor era una sombra
alarmante azul. Pasó.
“Así que, vampiro diurno, ¿puedo entender que tienes algo que decirme?”
Catarina lo intimidaba un poco menos de lo que lo había hecho a principios de año, lo cual
era un poco como decir Jar Jar Binks era "algo menos" molesto en Star Wars: Episodio II de lo que
había estado en Star Wars: Episodio I.
“Es posible que sé algo de. . .” Simon se aclaró la garganta. “Quiero decir, si algo sucediera
sobre…”
No se había permitido pensar lo que sucedería una vez que las palabras salieran. ¿Qué
pasaría con sus amigos? ¿Qué pasaría con Isabelle, su cabecilla? Ella no podía exactamente
conseguir que la expulsaran de la Academia. . . pero Simón había aprendido lo suficiente sobre la
Clave para saber que existían castigos mucho peores que conseguir ser expulsado. ¿Era convocar un
demonio menor para usar como un truco de fiesta una violación de la ley? ¿Estaba a punto arruinar
la vida de Isabelle?
Catarina Loss no era cazadora de sombras; ella tenía sus propios secretos de la Clave. ¿Tal
vez ella estaría dispuesta a mantener uno más, si eso significaba ayudar a Simon y proteger a
Isabelle del castigo?
A medida que su mente se veía a través de posibilidades oscuras, la puerta de la oficina se
abrió y Dean Penhallow asomó la cabeza rubia. “Catarina, Robert Lightwood esperaba poder
charlar con usted antes de su sesión de-oh, ¡lo siento! ¿No me di cuenta que estaba en el medio de
algo?”
“Únete a nosotros”, dijo Catarina. “Simon estaba a punto de decirme algo interesante.”
La decano entró en la oficina, frunciendo el ceño a Simón. “Te ves muy serio”, le dijo.
“Adelante, escúpelo. Te sentirás mejor. Es como vomitar”.
“¿Es como vomitar?” Preguntó, confundido.
“Ya sabes, ¿cuándo te sientes mal? A veces sólo ayuda a conseguir que todo salga”.
De alguna manera, Simon no creía que vomitando su confesión directamente a la decano le
haría sentir mejor.
¿Isabelle no se había probado a si misma suficiente, no sólo para él, sino también a la
Clave, a todo el mundo? Si lo hizo, después de todo, casi salvando al mundo. ¿Cuánta más
evidencia se necesita para que cualquiera creyera que ella era una de los buenos?
¿Cuánta evidencia se necesitaba?
Simon se puso de pie y dijo lo primero que le vino a la mente. “Sólo quería decirles que
todos disfrutamos mucho ese guiso de remolacha que dieron para la cena. Deberían servirlo más
seguido.”
Dean Penhallow le dio una mirada extraña. “No eran remolacha, Simon.”
Esto no le sorprendió, como el estofado había tenido una consistencia extraña granulada y
un sabor que le recordó a estiércol.
“Bueno. . . lo que fuera, estaba delicioso,” dijo rápidamente. “Mejor que me voy. No quiero
pasar por alto el principio de la conferencia final del Inquisidor Lightwood. Han sido tan
interesantes”.
“De hecho”, dijo Catarina secamente. “Han sido casi tan deliciosas como el guiso.”
* * *
1984
Durante la mayor parte de su tiempo en la Academia, Robert había visto desde una distancia a
Valentine. A pesar de que Robert era mayor, él siempre observaba a Valentine, quien era todo lo que
Robert quería ser. Valentine se destacó en su formación sin esfuerzo visible. Él era mejor que
cualquier persona con cualquier arma. Él era descuidado con su afecto, o al menos parecía ser, que
era amado. No mucha gente se dio cuenta cuán pocos que realmente amaba espalda. Pero Robert se
dio cuenta, porque cuando estás viendo desde la barrera, invisible, que es fácil de ver con claridad.
Nunca se le ocurrió que Valentine le observaba, también.
No fue hasta el día, hacia el principio de este año, que Valentine le alcanzó solo en uno de
los pasillos subterráneos, oscuros de la Academia y dijo en voz baja: "Yo sé tú secreto."
El secreto de Robert, no se lo había dicho a nadie, ni siquiera Michael: Todavía tenía miedo
de las Marcas.
Cada vez que él dibujaba una runa en sí mismo, tenía que contener la respiración, forzar sus
dedos a no temblar. Él siempre dudaba. En la clase, era apenas perceptible. En batalla, podría ser la
diferencia en una fracción de segundo entre la vida y la muerte, y Robert sabía. ¿Qué le hizo vacilar
aún más, en todo? Era fuerte, inteligente y talentoso; él era un Lightwood. Tendría que haber estado
entre los mejores. Pero no podía dejarse ir y actuar por instinto. No podía dejar su mente correr
hacia las posibles consecuencias. No podía dejar de tener miedo, y él lo sabía, con el tiempo, sería
su fin.
“Yo te puedo ayudar”, dijo Valentine entonces. “Yo te puedo enseñar qué hacer con el
miedo.” Como si fuera tan simple como eso, y bajo la instrucción cuidadosa de Valentine, que era.
Valentine le había enseñado a retirarse a un lugar en su mente en donde el miedo no lo
podía tocar. Para separarse del Robert Lightwood que sabía tener miedo, y luego volverse en la
versión más débil de sí mismo. “Tu debilidad te hace rabiar, como debería,” Valentine le había
dicho. "Usa la furia para dominarlo, y luego todo lo demás."
En cierto modo Valentine había salvado la vida de Robert. O por lo menos, la única parte de
su vida que importaba.
Le debía a Valentine todo.
Él por lo menos le debía a Valentine la verdad.
“No estás de acuerdo con lo que hice”, dijo Valentine en silencio mientras el sol se
deslizaba por encima del horizonte. Michael y Stephen aún dormían. Robert había pasado las horas
de oscuridad mirando al cielo, tamizado a través de lo que había sucedido, y lo que debía hacer a
continuación.
“¿Crees que yo estaba fuera de control?”, agregó Valentine.
“Eso no fue en defensa propia”, dijo Robert. “Esa fue tortura. Asesinato”.
Robert estaba sentado en uno de los troncos en torno a los restos de su fogata. Valentine se
sentó a su lado.
“Ya has oído lo que dijo. Entiendes por qué tenía que ser silenciado”, dijo Valentine. “Tenía
que darle una lección, y la Clave no habría tenido voluntad. Sé que los otros no lo entenderían. Ni
siquiera Lucian. Pero tú. . . nos entendemos, tú y yo. Tú eres el único en quien puedo confiar. Tienes
que mantener esto en secreto”.
"Si estás tan seguro de que hiciste lo correcto, entonces ¿por qué mantenerlo en secreto?"
Valentine rió suavemente. "Siempre tan escéptico, Robert. Es lo que a todos nos gusta más
acerca de ti.” Su sonrisa se desvaneció. “Algunos de los otros están empezando a tener dudas. Sobre
la causa, sobre mí…” Hizo un gesto para cortar las negaciones de Robert antes de que pudieran ser
expresadas. “No creas que no lo sé. Todo el mundo quiere ser leal cuando es fácil. Pero cuando las
cosas se ponen difíciles. . .” Él negó con la cabeza. “No puedo contar a todo el mundo lo que me
gustaría contar. Pero creo que puedo contar contigo”.
“Claro que puedes.”
vulnerables detrás. Al viejo y al niño. Esa era una suerte más allá del agrado de Valentine.
No era tanto una batalla.
Al momento que los dos lobos restantes registraran el ataque, fueron derribados. Ni siquiera
tuvieron tiempo de transformarse. Fue cuestión de segundos, Stephen noqueando al más viejo con
un golpe en la cabeza, el niño atrapado en un pasillo, contenido por la espada de Michael.
"Los usaremos a ambos para interrogarlos." Dijo Valentine.
Michael negó con la cabeza. "Al niño no."
"Ambos son criminales," Impuso Valentine. "Cada miembro de la manada es culpable de-"
"¡Es solo un niño!" Dijo Michael, girándose hacia su parabatai por apoyo. "Dile, no
arrastraremos a un niño a los bosques y dejarlo a la piedad de la clave."
Tenía un punto... pero también lo tenía Valentine. Robert no dijo nada
"No nos llevaremos al niño," dijo Michael, y su mirada sugería que estaba preparado para
poner su espada en acción.
Stephen y Robert se tensaron, esperando la explosión. Valentine no se tomaba muy bien el
ser desafiado; tenía muy poca experiencia con ello. Pero solo se relajó, y ofreció una encantadora y
completa sonrisa. "Por supuesto que no. No sé en qué estaba pensando. Solo el viejo, entonces. ¿A
menos que también tengas una objeción a eso? "
Nadie tenía ninguna objeción. El viejo inconsciente era solo piel y huesos, su peso apenas
era notable en los hombros de Robert. Encerraron al niño en un closet, y cargaron al viejo hacia un
bosque, de vuelta al campamento.
Lo ataron a un árbol.
La cuerda estaba hecha con filamentos de plata. Cuando el hombre despertara, lo haría al
dolor. Probablemente no era suficiente para hacerlo transformarse, no si estaba determinado a
escapar. Pero sí lo ralentizaría. Sus dagas de plata harían el resto.
"Ustedes dos, patrullen el perímetro a media milla" Le dijo Valentine a Michael y Stephen.
"No queremos a ningún amigo peludo planeando un rescate. Robert y yo vigilaremos al prisionero."
Stephen asintió firmemente. Siempre dispuesto a hacer lo que Valentine ordenaba.
"¿Y si él despierta?" Michael preguntó.
"Cuando eso despierte, Robert y yo le interrogaremos sus crímenes, y sobre qué sabe de los
crímenes de sus compañeros" Dijo Valentine "Una vez hallamos asegurado su confesión, lo
entregaremos a La Clave para que lo castigue. ¿Eso te satisface, Michael?"
"¿Así que solo esperamos?" Robert preguntó una vez estuvieron solos.
Valentine sonrió.
Cuando él quería, la sonrisa de Valentine podría abrirle camino hasta al corazón más
protegido, y fundirlo desde adentro hacia afuera.
Esta no estaba destinada para encantar, ésa era una sonrisa fría que electrificó los huesos de
Robert.
"Estoy cansado de esperar," Dijo Valentine, y sacó su daga a la luna, hecha de pura plata.
Antes de que Robert pudiese decir cualquier cosa, Valentine presionó la punta de la daga en
el viejo pecho del hombre, hubo un sonido húmedo, luego sangre, mientras el prisionero despertaba
en agonía.
"No lo haría," Decía Valentine muy calmadamente mientras el ropaje del anciano se
humedecía con su propia sangre. "Te voy a lastimar, sí. Pero transfórmate en un hombre lobo y te
juro que te mataré."
La transformación se detuvo tan abruptamente como comenzó.
El viejo fue atacado por una serie de tosidos que sacudieron desde su cabeza hasta sus
talones. Era demasiado delgado, tenía ojeras y solo una pequeña melena canosa cubriendo su
cabeza. Bajo otra circunstancia, su apariencia hubiese divertido a Robert.
Pero no había nada divertido en el sonido que el hombre hacía mientras Valentine cortaba
con su daga una línea desde su pecho hasta su clavícula.
"Valentine, es solo un anciano." Robert dijo algo consternado "Deberíamos-"
"Escucha a tu amigo," El hombre dijo en un miserable tono de voz. "Yo podría ser tu propio
abuelo-"
Valentine le dio una cachetada con el mango de su daga.
"No es ningún anciano amable" le dijo a Robert "Es un monstruo. Y ha estado haciendo
cosas que no se supone que haría ¿No es cierto?"
El hombre lobo, aparentemente concluyendo actuar debilidad por la edad no lo sacaría de
esta, se volvió más firme y escupió sangre. Su voz, cuando habló, había perdido todo temblor.
"¿Quién te crees Cazador de Sombras para decirme qué debería o no debería estar haciendo?"
"Asi que lo admites" Robert dijo apresuradamente. "Has roto El Acuerdo."
Si lo admitía así de fácil, terminarían con este sangriento episodio, llevarían el prisionero a
La Clave, se irían a casa.
"No doy mi acuerdo a asesinos y aprovechadores de los débiles" Escupió el viejo lobo.
"Afortunadamente, no necesito tu acuerdo" Dijo Valentine. "Solo necesito información. Tú
dime lo que quiero saber, y te dejaremos ir."
Eso no eran lo que habían acordado, pero Robert contuvo su lengua.
"Hace dos meses, una manada de hombres lobo asesinó a un Cazador de Sombras en las
orillas de estos bosques, ¿Dónde puedo encontrarlos?"
"¿Y exactamente por qué sabría yo eso?"
La fría sonrisa de Valentine regresó "Te conviene saberlo, porque de otra forma, no me serás
de ninguna utilidad"
"Entonces, puede que haya oído cuentos de ese Cazador del que me hablas." El hombre
lobo contuvo una risa. "Desearía haber estado ahí para verlo morir. Para probar su dulce carne. Es el
miedo que le da ese sabor a la carne, sabes. Y lo mejor de todo es el primer grito, es algo de sal para
la carne. Y corre el rumor de que tu Cazador de sombras condenado lloró a cubos, que era un
cobarde como ningún otro."
"Robert, Abre su boca y mantenla así." La voz de Valentine era calmada, pero Robert
conocía lo suficiente a Valentine como para saber que la furia lo consumía.
"Quizá deberíamos tomarnos un momento para-"
"Abre su boca y mantenla."
Robert agarró la mandíbula del viejo y la sostuvo abierta. Valentine pasó el lado afilado de
la daga por la lengua del hombre y la mantuvo allí mientras el grito del viejo se convertía en un
aullido, mientras sus musculos esqueléticos se hinchaban y florecieron llagas en toda su carne, su
lengua burbujeaba y tenía ampollas, y al transformarse en lobo, rompió sus ataduras, y Valentine le
cortó la lengua, de su boca brotaba sangre. Valentine cortó una línea a través de su abdomen. El
corte era seguro y profundo, y el lobo cayó al suelo, los intestinos derramándose de su herida.
Valentine saltó sobre la criatura que se retorcía, para apuñalar y cortar, desgarrar a través de
su piel, desollar su carne hasta el hueso perlado. Y aun cuando la criatura se sacudía y se contraía
sin poder hacer nada por debajo de él, la lucha se drenaba de su cuerpo, se iba aplanando su mirada.
Incluso cuando su cuerpo roto recuperó su forma humana, yacía en la tierra con sangre. Solo la cara
de un hombre pálido y sangrante se giró sin vida hacia el cielo nocturno.
"Es suficiente." Robert seguía diciendo quieta e inútilmente. "Valentine, es suficiente."
Pero no hacía nada para detenerlo.
Y al regresar sus amigos de su patrulla para encontrar a Valentine y Robert de pie frente al
despellejado cuerpo, el no contradijo la versión de Valentine de los eventos: El lobo se había
liberado de sus ataduras y tratado de escapar. Ellos habían librado una fuerte batalla, y lo habían
asesinado en defensa propia.
La línea principal de la historia era, técnicamente, cierta.
Stephen palmeó a Valentine en la espalda, compadeciéndolo por haber perdido al potencial
líder de los asesinos de su padre. Michael encontró la mirada de Robert, su pregunta era tan clara
como si la estuviese pronunciando. ¿Qué pasó realmente?
¿Qué dejaste que pasara?
Robert apartó la mirada.
* * *
Isabelle lo estaba evitando. Beatriz lo odiaba. Los demás estaban activos de emoción con la secreta
aventura de la noche anterior y la que estaba por venir. Julie y Marisol solo hacían eco de la odiosa
promesa de George, que algo bueno estaba por venir, y si Simon quería saber qué era, tendría que
unirse a ellos.
"No creo que Isabelle me quiera ahí," le comentaba a Sunil mientras escogían cuidadosamente de la
vaga variedad de vegetales que había en la mesa del comedor.
Sunil sacudió su cabeza y sonrió. La sonrisa encajaba pobremente en su rostro, era como ver a
KingKong con tutú. Él era un muchacho inusualmente sombrío que parecía considerar el buen
ánimo como falta de seriedad y trataba a la gente en consecuencia. "Ella nos pidió que te
convenciéramos de presentarte. Ella dijo 'Como sea necesario.' Así que dime, Simon." La sonrisa
desconcertante creció. "¿Que tiene que ser necesario?"
"Ni siquiera la conoces." Argumentó Simon. "¿Por qué insisten en obedecer a todo lo que ella les
pide hacer?"
"¿Estamos hablando sobre la misma chica aquí, si? ¿Isabelle Lightwood?"
"Sí."
Sunil hizo un gesto de duda. "¿E incluso preguntas?"
Así que eran la nueva orden: El Culto de Isabelle Lightwood. Simon tuvo que admitir, que podía
entender por completo cómo un cuarto lleno de gente de alguna forma racional podía caer
completamente bajo su hechizo y entregarse a ella por completo.
¿Pero para qué los querría ella?
Decidió que tenía que ver eso por sí mismo. Simplemente para entender qué estaba ocurriendo y
asegurarse de que todo se estaba poniendo mejor.
No porque quisiera estar cerca de ella, en absoluto; o impresionarla; o complacerla.
Pensándolo bien, tal vez Simon entendía al Culto de Isabelle mejor de lo que quería admitir.
Tal vez había sido su fundador.
* * *
"¡¿Qué pretenden hacer qué!?" En la última palabra, la voz de Simon Quizá subió a ocho tonos más
de lo normal.
Jon Cartwright rio disimuladamente "Cálmate mamá, ya la escuchaste."
Simon miró el rostro de sus amigos (y el de Jon). Pasado el último año, los había llegado a conocer
completamente, o al menos, creía que lo hacía. Julie mordía sus uñas hasta sangrar cuando estaba
nerviosa, Marisol dormía con una espada bajo su almohada -solo por si acaso-, George hablaba en
sueños, sobre técnicas de esquí por lo general; Sunil tenía cuatro conejos de los que hablaba
constantemente, siempre preocupado de Rango y de lo poco que debía estar siendo cuidado por sus
hermanas mayores; Jon había cubierto las paredes de su cuarto con pinturas de dedos de su primo
pequeño, y que le enviaba una carta cada semana. Todos habían estado comprometidos con la causa
Cazadores de Sombras. Habían pasado un infierno para probar su valor a los instructores y a ellos
mismos. Casi habían terminado el año sin una sola lesión o mordedura mortal de vampiro.
... ¿Y ahora esto?
"Ja -Ja, muy gracioso," Simon decía esperando estar haciendo un trabajo decente tratando de
mantener su desesperación fuera de su tono de voz "Devuélveme a lo increíble de anoche. Muy
gracioso, ¿Qué sigue? ¿Quieren convencerme de que harán otra película malísima de El Último
maestro del aire? Si quieren verme fuera de control, hay otras maneras más fáciles de hacerlo.”
Isabelle rodó los ojos. "Nadie quiere hacerte perder el control, Simon. Francamente, podría
tomarlo o dejarlo viéndote así."
"Así que va en serio." Dijo Simon. "Ustedes de verdad, no jugando, de verdad, realmente, ¿Planean
escabullir a un demonio? Aquí, ¿En el medio de la Academia de Cazadores de sombras? ¿Porque
creen que será... divertido?"
"Obviamente no vamos a meterlo en medio de la fiesta." Dijo Isabelle. "Eso sería de
Idiotas."
"Oh, por supuesto que sería de idiotas." Contestó Simon.
"Lo escabulliremos por la parte trasera," aclaró Isabelle "y luego lo meteremos a la fiesta."
"Y luego lo matamos, por supuesto." Julie se apresuró a añadir.
"Por supuesto." hizo eco Simon. Se preguntó si le estaba dando un infarto.
"Lo haces lucir como un asunto más grande de lo que es," Dijo George.
"Claro, es solo un demonio," dijo Sunil. "No tan grande."
"Ajá," Simon repitió. "totalmente, no tan grande."
"¡Imagínate la expresión de todo el mundo cuando vean lo que podemos hacer!" Marisol
claramente estaba anotada en todo esto.
Beatriz no estaba allí. Si hubiese estado, tal vez les fuese dado una razón, o ayudado a
Simon a atarlos y encerrarlos en un closet hasta que el semestre haya terminado a salvo e Isabelle se
hubiese ido a New York a donde pertenecía.
"¿Y si algo sale mal?" Simon dijo, "Ustedes nunca se han enfrentado a un demonio en
combate, no sin un profesor vigilándolos, no saben-"
"Tampoco lo has hecho tú," Le soltó Isabelle. "Al menos, no que recuerdes, ¿no es cierto?"
Simon no dijo nada.
"Como sea, derribé a mi primero cuando tenía seis años," Isabelle dijo. "Como les dije
amigos, no es la gran cosa. Y ellos confían en mí."
Yo confío en ti- es lo que se supone que él tenía que decir. Sabía que ella estaba esperando a
que lo dijera. Todos estaban esperando.
No podía.
"¿Puedo hablar contigo fuera de esto?" preguntó en su lugar.
Isabelle negó. "Puedes seguir intentándolo, pero estarías perdiendo tu tiempo."
"Entonces tendré que encontrar otra forma de detenerte." Dijo Simon.
"¿Vas a acusarnos?" Intervino Jon. "¿Vas a ser un bebé llorón y correrás a tu bruja
favorita?" Siguió. "Una vez que eres mascota del profesor, te quedas como mascota del profesor."
"Cállate Jon," Isabelle le golpeó suavemente en el hombro.
Simon, probablemente debería estar satisfecho, pero golpearse todavía requería tocarse, y él
prefería que Isabelle y Jon nunca entraran en contacto físico de cualquier tipo. “Podrías tratar de
decir sobre nosotros, Simon. Pero lo negaré. Y entonces, ¿a quién van a creer, alguien como yo, o
alguien como tú? Alguien mundano”.
Ella dijo: “mundano” exactamente igual a como Jon siempre lo hacía. Como si fuera
sinónimo de “nada”.
“Esta no eres tú, Isabelle. Así no es como eres.” No estaba seguro de si estaba tratando de
convencerla a ella o a él mismo.
“No sabes cómo soy, ¿recuerdas?”
“Sé lo suficiente.”
“Entonces sabes que debes confiar en mí. Pero si no lo haces, adelante. Diles”, dijo.
“Entonces todos sabrán cómo eres. La clase de amigo que eres”.
El intentó.
Él sabía que era lo correcto.
Al menos, él pensó que era lo correcto.
A la mañana siguiente, antes de la conferencia, fue a la oficina de Catarina Loss Jon tenía
razón, ella era su bruja y profesora favorita, y la única a quien le iba a confiar algo como esto.
Ella le dio la bienvenida, le ofreció un asiento y una taza de algo cuyo vapor era una sombra
alarmante azul. Pasó.
“Así que, vampiro diurno, ¿puedo entender que tienes algo que decirme?”
Catarina lo intimidaba un poco menos de lo que lo había hecho a principios de año, lo cual
era un poco como decir Jar Jar Binks era "algo menos" molesto en Star Wars: Episodio II de lo que
había estado en Star Wars: Episodio I.
“Es posible que sé algo de. . .” Simon se aclaró la garganta. “Quiero decir, si algo sucediera
sobre…”
No se había permitido pensar lo que sucedería una vez que las palabras salieran. ¿Qué
pasaría con sus amigos? ¿Qué pasaría con Isabelle, su cabecilla? Ella no podía exactamente
conseguir que la expulsaran de la Academia. . . pero Simón había aprendido lo suficiente sobre la
Clave para saber que existían castigos mucho peores que conseguir ser expulsado. ¿Era convocar un
demonio menor para usar como un truco de fiesta una violación de la ley? ¿Estaba a punto arruinar
la vida de Isabelle?
Catarina Loss no era cazadora de sombras; ella tenía sus propios secretos de la Clave. ¿Tal
vez ella estaría dispuesta a mantener uno más, si eso significaba ayudar a Simon y proteger a
Isabelle del castigo?
A medida que su mente se veía a través de posibilidades oscuras, la puerta de la oficina se
abrió y Dean Penhallow asomó la cabeza rubia. “Catarina, Robert Lightwood esperaba poder
charlar con usted antes de su sesión de-oh, ¡lo siento! ¿No me di cuenta que estaba en el medio de
algo?”
“Únete a nosotros”, dijo Catarina. “Simon estaba a punto de decirme algo interesante.”
La decano entró en la oficina, frunciendo el ceño a Simón. “Te ves muy serio”, le dijo.
“Adelante, escúpelo. Te sentirás mejor. Es como vomitar”.
“¿Es como vomitar?” Preguntó, confundido.
“Ya sabes, ¿cuándo te sientes mal? A veces sólo ayuda a conseguir que todo salga”.
De alguna manera, Simon no creía que vomitando su confesión directamente a la decano le
haría sentir mejor.
¿Isabelle no se había probado a si misma suficiente, no sólo para él, sino también a la
Clave, a todo el mundo? Si lo hizo, después de todo, casi salvando al mundo. ¿Cuánta más
evidencia se necesita para que cualquiera creyera que ella era una de los buenos?
¿Cuánta evidencia se necesitaba?
Simon se puso de pie y dijo lo primero que le vino a la mente. “Sólo quería decirles que
todos disfrutamos mucho ese guiso de remolacha que dieron para la cena. Deberían servirlo más
seguido.”
Dean Penhallow le dio una mirada extraña. “No eran remolacha, Simon.”
Esto no le sorprendió, como el estofado había tenido una consistencia extraña granulada y
un sabor que le recordó a estiércol.
“Bueno. . . lo que fuera, estaba delicioso,” dijo rápidamente. “Mejor que me voy. No quiero
pasar por alto el principio de la conferencia final del Inquisidor Lightwood. Han sido tan
interesantes”.
“De hecho”, dijo Catarina secamente. “Han sido casi tan deliciosas como el guiso.”
* * *
1984
Durante la mayor parte de su tiempo en la Academia, Robert había visto desde una distancia a
Valentine. A pesar de que Robert era mayor, él siempre observaba a Valentine, quien era todo lo que
Robert quería ser. Valentine se destacó en su formación sin esfuerzo visible. Él era mejor que
cualquier persona con cualquier arma. Él era descuidado con su afecto, o al menos parecía ser, que
era amado. No mucha gente se dio cuenta cuán pocos que realmente amaba espalda. Pero Robert se
dio cuenta, porque cuando estás viendo desde la barrera, invisible, que es fácil de ver con claridad.
Nunca se le ocurrió que Valentine le observaba, también.
No fue hasta el día, hacia el principio de este año, que Valentine le alcanzó solo en uno de
los pasillos subterráneos, oscuros de la Academia y dijo en voz baja: "Yo sé tú secreto."
El secreto de Robert, no se lo había dicho a nadie, ni siquiera Michael: Todavía tenía miedo
de las Marcas.
Cada vez que él dibujaba una runa en sí mismo, tenía que contener la respiración, forzar sus
dedos a no temblar. Él siempre dudaba. En la clase, era apenas perceptible. En batalla, podría ser la
diferencia en una fracción de segundo entre la vida y la muerte, y Robert sabía. ¿Qué le hizo vacilar
aún más, en todo? Era fuerte, inteligente y talentoso; él era un Lightwood. Tendría que haber estado
entre los mejores. Pero no podía dejarse ir y actuar por instinto. No podía dejar su mente correr
hacia las posibles consecuencias. No podía dejar de tener miedo, y él lo sabía, con el tiempo, sería
su fin.
“Yo te puedo ayudar”, dijo Valentine entonces. “Yo te puedo enseñar qué hacer con el
miedo.” Como si fuera tan simple como eso, y bajo la instrucción cuidadosa de Valentine, que era.
Valentine le había enseñado a retirarse a un lugar en su mente en donde el miedo no lo
podía tocar. Para separarse del Robert Lightwood que sabía tener miedo, y luego volverse en la
versión más débil de sí mismo. “Tu debilidad te hace rabiar, como debería,” Valentine le había
dicho. "Usa la furia para dominarlo, y luego todo lo demás."
En cierto modo Valentine había salvado la vida de Robert. O por lo menos, la única parte de
su vida que importaba.
Le debía a Valentine todo.
Él por lo menos le debía a Valentine la verdad.
“No estás de acuerdo con lo que hice”, dijo Valentine en silencio mientras el sol se
deslizaba por encima del horizonte. Michael y Stephen aún dormían. Robert había pasado las horas
de oscuridad mirando al cielo, tamizado a través de lo que había sucedido, y lo que debía hacer a
continuación.
“¿Crees que yo estaba fuera de control?”, agregó Valentine.
“Eso no fue en defensa propia”, dijo Robert. “Esa fue tortura. Asesinato”.
Robert estaba sentado en uno de los troncos en torno a los restos de su fogata. Valentine se
sentó a su lado.
“Ya has oído lo que dijo. Entiendes por qué tenía que ser silenciado”, dijo Valentine. “Tenía
que darle una lección, y la Clave no habría tenido voluntad. Sé que los otros no lo entenderían. Ni
siquiera Lucian. Pero tú. . . nos entendemos, tú y yo. Tú eres el único en quien puedo confiar. Tienes
que mantener esto en secreto”.
"Si estás tan seguro de que hiciste lo correcto, entonces ¿por qué mantenerlo en secreto?"
Valentine rió suavemente. "Siempre tan escéptico, Robert. Es lo que a todos nos gusta más
acerca de ti.” Su sonrisa se desvaneció. “Algunos de los otros están empezando a tener dudas. Sobre
la causa, sobre mí…” Hizo un gesto para cortar las negaciones de Robert antes de que pudieran ser
expresadas. “No creas que no lo sé. Todo el mundo quiere ser leal cuando es fácil. Pero cuando las
cosas se ponen difíciles. . .” Él negó con la cabeza. “No puedo contar a todo el mundo lo que me
gustaría contar. Pero creo que puedo contar contigo”.
“Claro que puedes.”
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