4.3

Las clases en las cuales los Elite estaban separados de los Heces eran las peores. James no
tenía a nadie con quién sentarse en esos casos.
O quizá, la primera clase de cada día era la peor, porque James siempre se quedaba leyendo
hasta muy tarde en la noche para olvidar sus problemas, y llegaba tarde todos los días. No
importaba a qué hora despertase, Matthew siempre se había ido. James pensaba que Matthew lo
hacía a propósito para cabrearlo, ya que James no recordaba que Matthew hiciese nada de utilidad
en las mañanas.
O quizá, los cursos de entrenamiento eran los peores, porque Matthew siempre hacía las
cosas más molestas en los cursos de entrenamiento.
"Lamentablemente me declino a participar," le dijo a su profesor una vez. "Considere que
estoy en huelga como unos mineros de carbón. Excepto que con más estilo, claro está."
El día siguiente dijo: "Me abstengo en la razón de que la belleza es sagrada. Y no hay nada
hermoso en esos ejercicios."
Y el día que siguió a ese, dijo: "Me opongo por principios estéticos."
Continuó diciendo cosas ridículas, hasta unas semanas más tarde, cuando dijo: "No lo haré,
porque los Cazadores de Sombras son unos idiotas, y yo no quiero estar en esta escuela idiota. ¿Por
qué un accidente de nacimiento tiene que significar que debes ser alejado de tu familia, y tener que
tener una vida corta y horrible matando demonios?"
"¿Quiere ser expulsado Señor Fairchild?" argumentó una profesora.
"Hagan lo que deban hacer." dijo Matthew, plegando sus manos y sonriendo como un
querubín.
Matthew no fue expulsado. Nadie parecía estar seguro de qué hacer con él. Los profesores
empezaron a llamar, enfermos en la desesperación.
Él solo hacía la mitad del trabajo y se dedicaba a insultar a todos en la Academia. También
se mantuvo ridículamente popular. Thomas y Christopher no pudieron ser separados de él. Recorría
los pasillos rodeado de multitudes que lo adoraban y querían oír sus increíbles historias. Su cuarto y
el de James siempre estaba lleno de gente.
James pasó una gran cantidad de tiempo en las escaleras. Pasó incluso más tiempo siendo
llamado Cara de cabra Herondale.
—¿Sabes? —dijo Thomas tímidamente en una ocasión en la que James no logró escapar de
su propia habitación lo suficientemente rápido—. Podrías quedarte con nosotros por un rato más.
—¿Podría? —preguntó James, tratando de no escucharse muy esperanzado—. Me… Me
gustaría conocerlos mejor a ti y a Christopher.
—Y a Matthew —dijo Thomas.
James sacudió su cabeza silenciosamente.
—Matthew es uno de mis mejores amigos —dijo Thomas, casi suplicante—. Si pasaras
algún tiempo con él, estoy seguro de que te agradaría.
James observó a Matthew, quien estaba sentado en su cama contándoles una historia a ocho
personas sentadas en el piso que lo miraban con asombro. Se encontró con la mirada de Matthew,
dirigida hacia donde estaban él y Thomas, y movió su vista hacia otro lado.
—Creo que debo rechazar la compañía de Matthew.
—Te hace destacar, ¿sabes? —Dijo Thomas—. Pasar tu tiempo con los mundanos. Creo
que ese es el porqué de que el sobrenombre se te haya quedado. La gente tiene miedo de
quienquiera que sea diferente: Hacen que todos se preocupen sobre ser diferentes, y terminan
pretendiendo ser todos iguales.
James se quedó observándolo. —¿Estás diciendo que debo ignorar a los mundanos? ¿Por
qué ellos no son tan buenos como lo somos nosotros?
—No, eso no es… —Empezó a decir Thomas pero James estaba tan molesto que no lo dejó
terminar.
—Los mundanos también pueden ser héroes —dijo James—. Tú deberías saberlo mejor que
yo. ¡Tu madre era una mundana! Mi padre me dijo todo lo que ella hizo antes de Ascender. Todo el
mundo conoce gente que antes fue mundana. ¿Por qué debemos aislar a la gente que es lo
suficientemente valiente para intentar ser como nosotros, que quieren ayudar a los demás? ¿Por qué
deberíamos tratarlos como si fueran menos que nosotros, hasta que prueben su valor o mueran? Yo
no haré eso.
La tía Sophie era tan buena como cualquier otro Cazador de Sombras, había sido muy
valiente incluso desde antes de Ascender. La tía Sophie era la madre de Thomas. Él debería saber
mejor de esto.
—No fue lo que quise decir —dijo Thomas—. No lo pensé de esa manera.
Es como si la gente que viviera en Idris no pensara del todo.
—Quizá tus padres no te cuentan las historias como los míos lo hacen —dijo James.
—Quizá no todos escuchan las historias de la manera en que tú lo haces —dijo Matthew
desde el otro lado de la habitación—. No todo el mundo aprende.
James lo miró. Fue algo inesperadamente agradable que Matthew, de entre todos, dijera eso.
—Conozco una buena historia —continuó—. ¿Quién quiere escucharla?
—¡Yo! —dijeron en coro las personas que estaban en el piso.
—¡Yo!
—¡Yo!
—Yo no —dijo James, y dejó la habitación.
Era otro recordatorio de que Matthew tenía todo por lo que James hubiera sacrificado por
tener: Amigos que pertenecían a la Academia, y a Matthew no le importaba.
Eventualmente demasiado maestros dijeron haber tenido suficiente de Matthew Fairchild, lo
que dejó a Ragnor Fell supervisando los entrenamientos.
James se preguntaba por qué sólo él podía ver que todo esto era absurdo, mientras Matthew
estaba arruinando las clases para todos los demás. Ragnor podía hacer magia pero no estaba del
todo interesado en pelear.
Ragnor dejó que Esme le trenzara lazos a su caballo para que se viera como un noble corcel.
Accedió en dejar que Christopher construyera un ariete* para poder derribar árboles, porque sería
una buena práctica en caso de que alguna vez tuvieran que asediar un castillo. Vio a Mike Smith
golpearse en la cabeza con su propio arco.
—Los golpes no son algo de qué preocuparse —dijo Ragnor plácidamente—. A menos de
que su cerebro esté sangrando severamente, en cuyo caso podría llegar a morir. Señor Fairchild,
¿por qué no está participando?
—Pienso que la violencia es repulsiva —dijo Matthew en un tono firme—. Estoy aquí en
contra de mi voluntad y me niego a participar.
—¿Te gustaría que mágicamente te desnudara y te pusiera tu traje de combate? —dijo el
señor Ragnor—. ¿En frente de todos?
—Eso sería muy emocionante, estoy seguro —dijo Matthew. Ragnor movió sus dedos y
destellos verdes comenzaron a salir desde las puntas.
James estaba contento de ver a Matthew dar un paso hacia atrás. —Quizá sea demasiado
emocionante para un miércoles —dijo Matthew—. Iré a ponerme mi traje de combate, ¿de acuerdo?
—Hazlo —dijo Ragnor.
Ragnor se había acomodado en una silla de madera y había comenzado a leer. James le
tenía mucha envidia.
Admiraba mucho a su maestro. Por lo menos aquí había alguien quien podía controlar a
Matthew. Después de toda la charla de Matthew sobre abstenerse por el bien del arte y la belleza,
James estaba esperando verlo hacerse el imbécil en las prácticas.
—¿Algún voluntario que pueda enseñarle a Matthew todo lo que hemos aprendido? —dijo
Ragnor—. Porque no tengo ni la menor idea de lo que eso podría ser.
Justo entonces el equipo de Christopher golpeó un árbol con el ariete. El caos que provocó
el accidente hizo que no hubiera ningún voluntario para ayudar a Matthew.
—Estaría feliz de enseñarle a Matthew una lección —dijo James.
Él era muy bueno con el bastón. Había vencido a Mike diez de diez veces, y a Esme nueve
de diez, había estado practicando con ellos. Era posible que también practicara con Matthew.
Excepto que Matthew apareció con su traje de combate luciendo como un verdadero
Cazador de Sombras. Más de lo que James lo hacía, que la verdad sea dicha, pues él era… no tan
bajo como Thomas, pero tampoco era alto, más bien su madre lo describía como “fibroso”. Lo cual
era una forma amable de decir “No hay músculos a la vista”. Muchas chicas, de hecho, voltearon a
ver a Matthew con su traje de combate.
—El señor Herondale se ha ofrecido a enseñarte cómo pelear con el bastón —había dicho
Ragnor—. Si planean matarse el uno al otro, vayan hacia otro lado del campo donde no pueda
verlos, así no tendré que responder preguntas incómodas.
—James —dijo Matthew, con una voz que a todo el mundo le gustaba mucho escuchar, y
que para James era en un tono de burla—. Esto es tan amable de tu parte. Creo que recuerdo un par
de movimientos que usaba al entrenar con mi mamá y mi hermano. Por favor, se paciente conmigo,
quizá esté un poco oxidado.
Matthew caminó hacia el campo, con el sol brillando en la hierba verde y sobre su cabello
rubio, mientras movía el bastón con una mano. Se volteó hacia James, quien notó que sus ojos
repentinamente se estrechaban: tenía una mirada seria.
Entonces el rostro de Matthew y los árboles se movieron rápidamente cuando el bastón de
Matthew pasó por debajo de las piernas de James y éste cayó al suelo. James se quedó allí aturdido.
—¿Sabes? —dijo Matthew pensativamente—. Puede que no esté tan oxidado, después de
todo.
James se puso de pie, sosteniéndose de su bastón y su dignidad. Matthew se colocó en
posición de pelea contra él, con el bastón fácilmente equilibrado entre sus manos como si fuera un
director de orquesta. Se movía con una gracia natural, como lo haría cualquier Cazador de Sombras,
pero como si de alguna manera estuviera jugando, como si fuera posible que en cualquier momento
se pusiera a bailar.
James se dio cuenta, para su disgusto, que se trataba de otra cosa: Matthew era bueno.
—El mejor de tres —sugirió él.
El bastón de Matthew era rápido entre sus manos, de repente James no tuvo tiempo de
cambiar de posición antes de que un golpe aterrizara en el brazo que sostenía su bastón, y luego otro
en el hombro izquierdo para que no pudiera defenderse.
James bloqueó el bastón cuando éste se acercó a su zona media, pero no resultó. Matthew lo
pasó por debajo de las rodillas de nuevo y James terminó de espaldas en el césped. De nuevo.
El rostro de Matthew apareció frente a su vista. Se reía, como de costumbre.
—¿Por qué detenernos en tres? —Preguntó— Podría estar aquí de pie y vencerte todo el
día.
James colocó el bastón detrás de los tobillos de Matthew y él tropezó. Sabía que eso estaba
mal, pero en ese momento no le importó.
Matthew aterrizó en el césped con un sorprendido “¡Uff!” que James encontró satisfactorio
por un momento. Una vez allí, parecía bastante feliz de estar en el césped.
—¿Sabes? —dijo Matthew lentamente—. La mayoría de la gente es como yo.
—Bien… ¡Felicidades! —soltó James, y se puso de pie.
Fue exactamente el peor momento para levantarse.
Debería haber sido el último momento en la vida de James. Tal vez al pensar que era el
último, aprovechó para estirarse, dándole tiempo para ver todo: cómo el ariete había salido volando
de las manos del equipo de Christopher en la dirección equivocada. Vio los rostros horrorizados de
todo el equipo, incluso Christopher prestó atención por una vez. Vio el gran tronco de madera ir
directamente hacia él, y escuchó a Matthew gritar una advertencia tardía. Vio a Ragnor Fell saltar,
enviando a volar su silla, mientras levantaba una mano.
El mundo se transformó en un gris deslizante, todo se movía más lento que James. Todo era
insustancial y deslizante: el ariete llegó a él y a través de él, incapaz de hacerle daño; era como
haber salpicado agua. James levantó una mano y vio el aire gris, lleno de estrellas.
Fue Ragnor quien lo había salvado, James pensó que el mundo era un radiante filtro de
colores grises muy extraños dentro de unos negros. Esta era la magia de un brujo.
No se enteró hasta más tarde que todo lo que había visto la clase de la Academia, quienes
esperaban ver una escena de carnicería y muerte, en su lugar vieron a un chico de cabello negro
disolverse y cambiar de uno de los suyos a una sombra de la nada, un malvado espacio en el espacio
del abismo detrás de un mundo oscuro e inconfundible en el sol de la tarde. Lo que debería haber
sido una muerte inevitable, algo de lo que los Cazadores de Sombras ya estaban acostumbrados, se
convirtió en algo extraño y terrible.
No supo hasta más tarde cuánta razón tenía: Era la magia de un brujo.
Cuando James despertó ya era de noche, y el tío Jem estaba allí.
James salió de la cama y se abalanzó a los brazos del tío Jem. Había escuchado que algunas
personas encontraban aterradores a los Hermanos Silenciosos, con su silenciosa expresión y sus
ojos cocidos, pero para él ver la toga de un Hermano Silencioso siempre significaba amor.
—¡Tío Jem! —Jadeó, rodeando su cuello con los brazos, la cara enterrada en su toga, a
salvo por un momento—. ¿Qué pasó? ¿Por qué yo… me siento extraño, y tú estás aquí, y…?
La presencia de un Hermano Silencioso en la Academia no significaba nada bueno. Padre
siempre estaba inventando excusas para que el tío Jem fuese a verlos, una vez había dicho que una
maceta estaba poseída por un demonio. Pero esto era Idris, y un Hermano Silencioso sólo estaría allí
si un Cazador de Sombras lo necesitara.
—¿Estoy herido? —le preguntó a Jem—. ¿Matthew está herido? Él estaba conmigo.
Nadie está herido, dijo el tío Jem. Gracias al Ángel. Sólo que ahora tienes una carga
pesada que soportar, Jamie.
La comprensión pasó del tío Jem a James, silenciosa y fría como una tumba abriéndose, e
incluso con la atenta preocupación del tío Jem combinada con el frío. James se estremeció lejos del
Hermano Silencioso y se aferró al tío Jem al mismo tiempo, con el rostro lleno de lágrimas y los
puños apretando su toga.
Esto era herencia de su madre, era lo que pasaba al mezclar sangre de un Cazador de
Sombras con la de un demonio, y luego con la de un Cazador de Sombras de nuevo. Tuvieron todo
tipo de ideas de por qué la piel de James podía soportar las Marcas, por lo que él era un Cazador de
Sombras y nada más, pensaron que la sangre del Ángel borró todo lo demás.
No lo hizo. Incluso la sangre del Ángel no podría deshacer una sombra. James podía hacer
su extraño truco de brujo, un truco que el tío Jem sabía que podía hacer. Podía transformarse en una
sombra. Podía hacer de sí mismo algo que no fuese carne o sangre, sin duda no sangre del Ángel.
—¿Qué… qué es lo que soy? —jadeó James, con su garganta seca de tanto sollozar.
Tú eres James Herondale, dijo el tío Jem. Como siempre lo has sido. Parte tu madre, parte
tu padre, parte tú mismo. No cambiaría ninguna cosa de ti si pudiera.
James sí lo haría. Habría quemado esta parte de sí mismo, habría hecho cualquier cosa que
pudiera para deshacerse de ella. Él estaba hecho para ser un Cazador de Sombras, siempre lo había
sabido, ¿pero acaso algún Cazador de Sombras pelearía a su lado, con este horror sobre él?
—Soy… ¿Me sacarán de la escuela? —susurró en la oreja del tío Jem.
No, dijo tío Jem. Un sentimiento de furia y pena llegó a James y luego desapareció. Pero
James, pienso que deberías irte. Ellos tienen miedo de que vayas a contaminar la pureza de sus
niños. Ellos desean desterrarte al lugar donde todos los niños mundanos viven. Aparentemente no
les importa lo que les ocurra a los estudiantes mundanos, y mucho menos les importa lo que te pase
a ti. Ve a casa, James. Te llevaré a casa ahora mismo si lo deseas.
James quería irse a su casa. Lo quería más de lo que podía recordar querer algo, con un
dolor que le hizo sentir como si cada hueso en su cuerpo estuviera roto y no pudieran unirse de
nuevo hasta que estuviera en casa. Era amado allí, estaba a salvo allí. Estaría rodeado de afecto y
calor.
Excepto que…
—¿Cómo se sentirá mi madre? —Susurró James—. Si se entera que fui enviado a casa
debido a que… Pensará que fue por su culpa.
Su madre, con sus ojos grises y su delicado rostro como el de una flor, tan silenciosa como
Jem y además igual de lista con las palabras como su Padre. Quizá James sería una mancha en el
mundo, algo que contaminaría a los buenos Cazadores de Sombras. Estaba listo para creer eso. Pero
no su Madre. Madre era amable, agradable y cariñosa, Madre era un sueño hecho realidad y una
bendición en la Tierra.
James no podía soportar pensar en cómo se sentiría su Madre si pensara que lo había herido
en cualquier forma. Si podría pasar por la Academia, si podría hacerle creer que no había ninguna
diferencia en él, aquello evitaría su dolor.
Él quería ir a casa. No quería tener que enfrentarse a nadie en la Academia. Era un cobarde.
Pero no era lo suficientemente cobarde como para salir corriendo lejos de su propio sufrimiento, y
dejar que Madre sufriera por él.
No eres un cobarde, dijo tío Jem. Recuerdo un tiempo, cuando yo aún era James Carstairs,
cuando tu madre descubrió, como había pensado entonces, que no podría tener hijos. Estaba tan
herida por eso. Pensó en sí misma tan distinta de todo lo que era. Le dije que al hombre correcto
no le importaría, y por supuesto tu padre, el mejor de los hombres, el único digno de ella, no lo
hizo. No le dije a ella… Yo era un niño y no sabía cómo decirle, que su coraje por soportar tal
incertidumbre me afectó. Ella dudó de sí misma, pero yo nunca podría dudar de ella. Nunca podría
dudar de ti. Veo el mismo coraje en ti ahora, como lo vi en ella entonces.
James lloró, restregando su rostro por la toga del tío Jem como si fuera más pequeño que
Lucie. Él sabía que Madre era valiente, pero seguramente el valor no se sentía como esto; había
pensado que sería algo bueno, no un sentimiento que podía destrozarte en pedazos.
Ves la humanidad como yo puedo verla, dijo tío Jem, con un susurro en su mente. Hay muy
poco brillo y calor en el mundo para mí. Estoy muy lejos de todos ustedes. Hay sólo cuatro puntos
de brillo y calor en el mundo entero, que queman ferozmente para que yo pueda sentir algo de la
persona que era. Tu madre, tu padre, Lucie y tú. Tú amas, tiemblas y quemas. No permitas que
ninguno de ellos te diga quién eres. Eres la llama que no puede ser apagada. Eres la estrella que
no puede perderse. Eres quien siempre has sido, y eso es más que suficiente. Cualquiera que te
mire y encuentre oscuridad, está ciego.
—¿Más ciego que un Hermano Silencioso? —preguntó James.
El tío Jem se convirtió en un Hermano Silencioso siendo muy joven, y era extraño: Tenía
runas en sus mejillas, pero sus ojos, aunque ensombrecidos, no estaban cocidos. Aun así, James
nunca había estado seguro de haberlos visto.
Hubo una risa en la mente de James, y él no se había reído, así que debía de haber sido el
tío Jem. James se aferró a él por un momento más y se dijo a sí mismo que podría pedirle al tío Jem
que lo llevara a casa después de todo, o a la Ciudad Silenciosa, o a cualquier lugar, siempre y
cuando el tío Jem no lo dejara en esta Academia llena de extraños a quienes nunca les había
agradado y que ahora seguramente odiaban.
Ellos deben estar más ciegos que un Hermano Silencioso, dijo el tío Jem. Porque yo puedo
verte, James. Siempre voy a verte en busca de luz.
Si James hubiera sabido cómo sería la vida en la Academia entonces, le habría pedido al tío Jem
que lo llevara de regreso a casa.
No había esperado a que Mile Smith saltara en completo horror en cuanto James se acercó a
su mesa.
—Ven, siéntate con nosotros —dijo Clive Cartwright, uno de los amigos de Alastair
Carstairs—. Eres un mundano, pero al menos no eres un monstruo.
Mike había huido rápidamente. James había visto a Esme encogerse una vez que caminó
junto a ella en el pasillo. Él no estuvo cerca de ella después de eso.
No habría sido tan malo, creía James, si hubiera estado en cualquier lugar menos en la
Academia. Estas eran unas paredes sagradas: Aquí era donde los niños eran moldeados para poder
Ascender y crecer aprendiendo a servir al Ángel.
Esto era una escuela, y era así como las escuelas funcionaban. James había leído libros
sobre la escuela antes, había leído sobre alguien siendo enviado a Coventry, así nadie les hablaría en
absoluto. Sabía que el odio podía crecer como un fuego incontrolable a través de un grupo, y eso era
sólo entre mundanos y sus extrañezas mundanas.
James era más extraño de lo que cualquier mundano jamás podría soñar, más extraño de lo
que un Cazador de Sombras hubiera creído posible.
Se mudó de la habitación de Matthew, abajo, en la oscuridad. Le dieron su propia
habitación, porque incluso los mundanos tenían miedo de dormir en la misma habitación que él.
Hasta el decano Ashdown parecía estar asustado de él. Todo el mundo lo estaba.
Ellos actuaban como si quisieran ir por otro lado cuando lo veían, pero sabían que él era
incluso peor que un vampiro y eso no haría ningún bien. Temblaban cuando sus ojos caían sobre los
de ellos, como si sus ojos de demonio amarillos pudieran quemar un perfecto hoyo a través de sus
almas.
Ojos de demonio. James escuchó ese nombre susurrado una y otra vez. Nunca había
pensado que extrañaría ser llamado Cara de cabra.
*Ariete: Antigua máquina militar para derribar murallas, puertas y otros obstáculos que
consistía en un tronco de madera largo y pesado, con uno de sus extremos acabado en punta.
Él nunca hablo con nadie, se sentó en la parte trasera de la clase, comió tan rápido como
pudo, y luego escapó así la gente no tenía que mirarlo mientras comían sus comidas. Se arrastró
alrededor de la Academia como una odiada y repugnante sombra.
Tío Jem se había transformado en un Hermano Silencioso porque de lo contrario habría
muerto. Tío Jem tenía un lugar en el mundo, tenía amigos y una casa, y el horror era que no podía
estar en el lugar donde pertenecía.

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