3.3


Saltó al aire. Sintió como su cerebro reaccionaba a aquella nueva
información—No hay nada ahí, no lo hagas, no hay nada ahí— pero
momentáneamente sus piernas ya no estaban en la rama y luego...
Lo bueno que podría contar de aquella experiencia era que fue rápida. Punto
para la gravedad por eso. Unos segundos de miedo y una dichosa confusión
vinieron antes de un sentimiento martillase mientras sus pies tocaban el suelo.
Su esqueleto tembló, sus rodillas cedieron la sumisión. Su cráneo dolorido
interpuso una denuncia formal, y cayó de lado en lo que habría sido un rollo,
aun si él rodaba o no, de hecho, se limitó a quedarse en el suelo en una
posición de camarón.
“Levántate, Lewis!” demandó Scarsbury.
Jace aterrizó a su lado. Como algún tipo de mariposa asesina, apenas haciendo
ruido. 
“La primera es siempre la más difícil,” le dijo Jace ofreciéndole una mano.
“La primera docena, en serio no puedo recordar.”
Le dolía, pero no quería lucir herido. El aire se le escapaba de los pulmones, y
necesitó un momento para tomar unos cuantos respiros y reponerse. Se dirigió
adonde George estaba esperándolo, con un simpático gesto en su rostro. Los
últimos dos estudiantes completaron la prueba, luciendo tan miserables como
Simon. Y luego, fueron libres de ir por su almuerzo. Casi todo el grupo
cojeaba mientras caminaban por el campo de vuelta a la Academia.

 * * *
Desde que Catarina había desechado la sopa en el bosque, las cocinas de la
academia de vieron forzadas a buscar otro tipo de alimento. Como siempre, se
hizo un intento de presentar comida de todo el mundo para reflejar la variedad
de naciones, de las cuales muchos de los estudiantes provenían. Hoy, se había
enterado Simon. Había comida sueca, bolas de carne, una cuba de salsa de
arándano rojo, puré de papas, salmón ahumado, bolas de pescado, ensalada de
remolachas y, al final, algún elemento de fuerte olor que Simon se enteró de
que era un arenque en escabeche especial de la religión báltica. Simon tenía la
sensación de que fue preparado por personas que sabían lo que estaban
haciendo, lo que ese día ofrecían tenía un aspecto mucho más delicioso—
exceptuando ese arenque en escabeche.
En términos de lo que un vegetariano podía comer, no había demasiado. Se
sirvió un poco de puré de papas y salsa de arándano rojo y algo de lo que
quedaba de la ensalada de remolacha en la ya prácticamente mesa vacía.
Algún cazador de sombras se había apiadado de los estudiantes y había
colocado unos cuantos panecillos en la mesa, los cuales fueron
instantáneamente tomados. En el momento en el que Simon fue a por el suyo, 
ya no quedaba ninguno. Se volteó para encontrar un lugar en alguna mesa y se
encontró con Jace en su camino. Tenía un panecillo en la mano y ya le había
dado un mordisco.
“¿Qué tal si te sientas conmigo?”
La cafetería de la Academia parecía menos un comedor de una escuela y más
como un restaurante que había sacado su mobiliaria de un contenedor de
basura. Había mesas grandes, pero también algunas muy pequeñas e íntimas.
Simon, aún demasiado agotado para hacer bromas acerca de citas y almuerzos,
siguió a Jace en dirección a una de esas pequeñas mesas pegadas a las paredes
del comedor. Estaba consciente de que los demás los miraban caminar. Le
hizo un gesto a George para avisarle que aquello era algo que tenía que hacer.
George le levantó un pulgar como respuesta.
Jon, Julie, y los demás en la clase élite, quienes se sentían devastados por
haberse perdido la clase de Saltar De Un Árbol Con Jace Herondale 101,
parecían a punto de lanzarse hacia Jace y rescatarlo de la mala compañía que
recién había conseguido, llevárselo en una litera hecha de rosas y chocolates, y
tener hijos suyos.
Una vez sentados, Jace empezó a comer su almuerzo y no dio una sola
palabra. Simon lo miró comer y esperó. Jace había tomado grandes cantidades
de un montón de cosas, incluyendo el arenque en escabeche báltico. Ahora
que estaba incluso más cerca a ello, Simon sospechó que el pescado no había
sido puesto a conservar en vinagre. Las cocinas de la Academia parecían
haber hecho el intento consiguiendo hacerlo lucir como algo preciso y
adherido a las instrucciones. Y probablemente inventando una nueva forma de
botulismo. Jace lo clavó, y de nuevo, volvía a parecer al hombre de A prueba
de todo, quien probablemente estaría contento de sacar un pez de la corriente
con sus manos y comerlo ahí mismo mientras aún se removía. 
“¿Querías hablar conmigo sobre algo?” preguntó Simon finalmente.
Jace dejó de un lado la albóndiga que sostenía y lo miró meditativamente. “He
estado investigando,” dijo. “A mi familia.”
“¿A los Herondale?” Simon aportó luego de una larga pausa.
“Puede que no lo recuerdes, pero tengo un tipo de historia familiar bastante
complicada,” Dijo Jace. “Como sea, me enteré de que soy un Herondale hace
poco. Me tomó un tiempo ajustarme a esa idea. Son una clase de familia
legendaria.”
Volvió a la comida por unos cuantos minutos, y cuando sus platos estuvieron
vacíos, Jace se acomodó en su silla y estudió a Simon por un instante. Simon
consideró preguntarle si él era algún tipo de asunto importante, pero decidió
que no entendería el chiste.
Jace prosiguió “Como sea, todo este asunto empezó a recordarme— bueno, a
ti. Es como que hay tantas cosas importantes en mi historia pero no estoy al
tanto de todas ellas. Estoy tratando de juntar una identidad que las envuelva
todas. Los Herondale— unos de ellos fueron héroes, y otros fueron
monstruos.”
“Nada de eso debe afectarte,” dijo Simon. “Tus elecciones de ahora son lo que
importa, no tu linaje. Pero imagino que tienes a mucha gente en tu vida que te
diga estas cosas. Clary. Alec.” miró hacia los lados. “Isabelle.” 
Las cejas de Jace se subieron. “¿Quieres hablar de Isabelle? ¿O de Alec?”
“Alec me odia y no sé por qué,” dijo Simon. “Isabelle me odia y no sé por
qué, lo que es casi peor. Así que no, no quiero hablar de los Lightwood.”
“Es cierto que tienes un problema Lightwood,” empezó Jace con sus ojos
dorados puestos en él. “Empezó con Alec, como astutamente ya notaste. Es
cierto que ustedes dos tienen una historia. Pero no debería meterme en ello”
“Por favor dime que ocurre con Alec,” dijo Simon. “me estás asustando.”
“No.” respondió Jace. “Hay muchos sentimientos intensos envueltos, mucho
dolor. No estaría bien. No vine aquí para doblegar los problemas. Vine aquí
para enseñarle a estos potenciales cazadores de sombras como saltar de una
rama sin romperse el cuello.”
Simon miró a Jace. Este le miró de vuelta con sus amplios e inocentes ojos
dorados.
Simon decidió que la próxima vez que viera a Alec, le preguntaría por los
secretos que había entre ellos. Obviamente había algo que él y Alec tenían que
arreglar por sí mismos.
“Pero sí diré algo sobre tu problema Lightwood,” dijo Jace, muy casualmente.
“Isabelle y Alec, ambos siempre han tenido dificultades al mostrar cuando 
están heridos. Pero yo puedo verlo en ambos, especialmente cuando tratan de
ocultarlo. A ella le duele.”
“Y yo lo he vuelto peor,” dijo Simon, sacudiendo su cabeza. “Todo esto es mi
culpa. Yo, con mi memoria quitada por alguna clase de rey demoníaco. Yo,
sin ningún concepto de lo que pasó con mi vida. Yo, el chico sin ninguna
habilidad especial que probablemente conseguirá que lo maten en la escuela.
Soy un monstruo.”
“No.” dijo Jace de manera uniforme. “Nadie te culpa por no ser capaz de
recordar. Te ofreciste como sacrificio, fuiste valiente. Salvaste a Magnus. Y
salvaste a Isabelle. Me salvaste a mí. Necesitas inclinar más tus rodillas.”
“¿Qué?”
Jace se estaba poniendo de pie. “Cuando aterrices, inclina un poco más tus
rodillas, el resto lo haces bien.”
“Pero ¿Qué hay de Isabelle?” preguntó Simon. “¿Qué hago?”
“No tengo idea.” dijo Jace.”
“¿Así que sólo viniste aquí a torturarme y a hablar de ti mismo?” demandó
Simon. 
“Oh, Simon, Simon, Simon,” dijo Jace. “Puede que no lo recuerdes, pero eso
es lo nuestro.”
Y dicho esto, se alejó caminando. Muy consciente de todas las miradas de
admiración que seguían cada uno de sus pasos.
* * *
Luego de almorzar, tenían una lectura de historia. Usualmente los estudiantes
se dividían en clases—pero en ciertos casos, los estudiantes eran juntados en
el salón principal. No había inmensidad en el salón—solo unos cuantos
banquitos, y no eran suficientes para todos. Las sillas de la cafetería fueron
puestas como apoyo, pero aun así no había suficientes puestos. Algunos
estudiantes (los de elite) tenían sillas, bancos y algunos cojines en la parte
frontal del salón, como niños de escuela primaria. Luego de aquella mañana,
sentarse en un desnudo y frío piso de piedra se sentía casi lujoso.
Catarina tomó su lugar en el atril.
“Tenemos una invitada especial para la lectura de Hoy,” comenzó ella. “Ella
viene a hablarnos sobre los papeles que han tomado los Cazadores de Sombras
en la historia escrita. Como ustedes son tan astutos, no quiero hacer ningunas
suposiciones demasiado optimistas. Los Cazadores han estado involucrados en
muchos momentos prominentes de la historia mundana. Porque los cazadores
de sombras también protegen a los mundanos de que se enteren de la
existencia de nuestro mundo, así que algunas veces tienen que tomar control
de lo que se escribe en esa historia. Con esto quiero decir que a veces tendrán
que cubrir ciertas cosas. Necesitan proveer una explicación plausible de los
hechos— una explicación que no involucre demonios.”
“Como en Hombres de Negro.” le susurró Simon a George. 
“Así que dediquen toda su atención a nuestra estimada invitada,” anunció
Catarina, y se apartó a un lado. Una joven y alta chica tomó su lugar.
“Soy Tessa Gray,” Dijo en una voz alta y clara. “Y creo en la importancia de
las historias.”
La mujer parada frente a ellos parecía ser una estudiante universitaria. Estaba
elegantemente vestida con una corta falda negra, un suéter de cachemira, y
una bufanda de paisley. Simon había visto antes a aquella mujer— en la boda
de Luke y Jocelyn. Clary había dicho que ella desempeñó un papel muy
importante en su vida cuando era pequeña. Clary también le había dicho a
Simon que ella tenía casi ciento cincuenta años, los cuales no aparentaba.
“Para que entiendan esta historia, tienen que entender quién y qué soy. Al
igual que Catarina, soy una bruja— de alguna forma, mi madre no era humana
pero sí una Cazadora de Sombras.”
Un murmuro se extendió por la sala, el cual Tessa pasó por alto.
“Yo no soy capaz de llevar las marcas, pero una vez viví entre cazadores de
sombras, era esposa de un cazador de sombras y mis hijos eran cazadores de
sombras. Fui testigo de muchas cosas que ningún otro subterráneo nunca vio,
y ahora soy casi la única persona viva que recuerda la verdad detrás de las
historias mundanas hasta el punto de explicar las veces que su mundo
cepillaron el nuestro. Uno es un registro vivo de la historia de los cazadores de
sombras. Aquí esta una historia de la que han escuchado, de Jack el
Destripador. ¿Qué puedes decirme de ese nombre?”
Simon estaba listo para esta. Había leído Desde el Infierno seis veces. Había
estado esperando toda su vida por alguien que le preguntara de Alan Moore.
Su mano se alzó. “Él era una asesino”, exclamo Simon. “El mato a prostitutas
en Londres a finales del año 1800. El probablemente era el doctor de la Reina
Victoria, y todo eso era un encubrimiento real para ocultar el hecho que el
príncipe había tenido un niño ilegítimo. " 
Tessa le sonrió. “Tienes razón en que Jack el Destripador es el nombre dado a
un asesino, o al menos, a una serie de asesinatos. Lo que se hace referencia a
la conspiración real, que ha sido refutada. También creo que es la trama de un
cine y novela gráfica llamada desde el infierno.” 

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