10.3

Era difícil pensar que hace dos años, el había venido a la academia en parte para escapar de
Isabelle y Clary, de cómo lo miraban, como si él fuera la persona que más amaban en el mundo—
pero también como si hubiera ahogado un cachorro en una bañera. Habían amado a otra versión
de él, alguien que ya no podía recordar, y esa versión las había amado, también. No lo dudaba;
solo que no lo sentía. Habían sido extrañas para él. Aterradoramente hermosas extrañas que
querían que él fuera algo que no era.
Se sentía como otra vida. Simon no sabía si recuperaría todos sus recuerdos—pero, de alguna
manera, a pesar de eso, encontró su camino de vuelta junto a Clary e Isabelle. Encontró una mejor
amiga que se sentía como su otra mitad, quien pronto, algún día, sería su parabatai. Y encontró a
Isabelle Lightwood, un milagro en forma humana, que le decía "te amo" cada vez que lo veía e,
inatendiblemente, lo decía de verdad.
“Quería venir,” dijo Clary, “pero tuvo que encargarse de un caso con un hada en Chinatown, algo
sobre dumplings y un hombre con cabeza de cabra. No hice muchas preguntas y—” Le sonrió a
Simon. “Te perdí en ‘dumplings,’ ¿no?” El estomago de Simon respondió por él.
“Bueno, tal vez podamos comer algo en el camino,” Dijo Clary. “Tal vez un par de rebanadas de
pizza y un latte.”
“No juegues conmigo, Fray.” Simon estaba muy sensible con el tema de la pizza, o la ausencia de
esta. Sospechaba que en cualquier momento su estomago iba a renunciar en protesta. “¿En el
camino a donde?”
“Oh, olvide explicarte—por eso estoy aquí, Simon.” Clary tomo su mano. “Vine para llevarte a
casa.”
* * *
Simon se paro en la vereda, mirando la casa de su madre, su estomago volteándose. Viajar en
Portal siempre le dio un poco de nauseas en su intestino, pero esta vez no podía culpar a la magia
interdimensional. No completamente, por lo menos.
“¿Estas segura que es una buena idea?” dijo. “Es tarde.”
“Son las once de la noche, Simon,” dijo Clary. “Sabes que todavía esta despierta. E incluso si no lo
está, ya sabes—”
“Lo se.” Su madre querría verlo. También su hermana, quien, según Clary, estaba en casa por el fin
de semana porque alguien—presumiblemente una bien intencionada pelirroja con el número de
su hermana—le había dicho que Simon iba a visitar.
Él se hundió contra Clary por un momento, y, pequeña como era, ella soportó su peso. “No sé
cómo hacerlo,” dijo. “No sé cómo decirles adiós.”
Su madre pensaba que estaba en la escuela militar. Él se había sentido culpable por mentirle, pero
sabía que no había elección; sabía muy bien que pasaba cuando se arriesgaba a decirle a su madre
la verdad. Pero esto—esto era otra cosa. La ley de Cazadores de Sombras le prohibía decirle sobre
la Ascensión, sobre su nueva vida. La ley también le prohibía contactarse con ella cuando ya fuera
un Cazador de Sombras, y aunque no hubiera una ley que le prohibía estar en Brooklyn para
decirle adiós para siempre, la ley sí le prohibía decirle por qué.
Sed lex, dura lex.
La ley es dura, pero es la ley.
Lex apesta, pensó Simon.
“¿Quieres que vaya contigo?” preguntó Clary.
Si lo quería, más que nada en el mundo—pero algo le dijo que esta era una de las cosas que tenía
que hacer solo.
Simon negó con la cabeza. “Pero gracias. Por traerme aquí, por saber que lo necesitaba, por—
bueno, por todo.”
“Simon . . .”
Clary vaciló, y Clary nunca lo hacía.
“Que?”
Ella suspiró. “Todo lo que te pasó, Simon, todo . . .” Pausó, justo el tiempo necesario para que el
pensara en todo lo que eso fue: ser convertido en rata, luego en vampiro; encontrar a Isabelle;
salvar el mundo varias veces, al menos eso es lo que le dijeron; ser encerrado en una celda y ser
atormentado por todo tipo de criaturas sobrenaturales; matar demonios; enfrentarse a un ángel;
perder sus memorias; y ahora estar parado en el umbral del único hogar que conoció en su vida,
preparándose a sí mismo para dejar todo atrás para siempre. “No puedo evitar pensar que todo es
por mi culpa,” dijo Clary suavemente. “Esto es por mí. Y…”
 El la detuvo antes de que pudiera seguir hablando, porque no podía soportar que ella
creyera que tenía que disculparse. “Tienes razón,” le dijo. “Esto es gracias a ti. Todo.” Simon le dio
un suave beso en la frente. “Es por eso que te agradezco.”
***
 “¿Estás seguro que no quieres que caliente eso para ti?” La madre de Simon preguntó
mientras él engullía otra cucharada de ziti frío.
 “¿Mmff? ¿Qué? No, está bien.”
 Estaba más que bien. Era tomate agrio y ajo fresco, chiles picantes y queso pegajoso, y
mejor que las pastas sobrantes de la pizzería de la esquina. Tenía el sabor de comida de verdad,
que ya sobrepasaba lo que había estado comiendo por los últimos varios meses. Pero no era solo
eso. La comida para llevar de Giuseppi’s era una tradición para Simon y su madre –Después de la
muerte de su padre y que su hermana se fuera a la universidad, después de que solo quedaran
ellos en un apartamento demasiado lúgubre para los dos, habían perdido el habito de tener cenas
diarias juntos. Era más sencillo tomar algo de comida cuando lo necesitaran, cuando volvían o
antes de irse del apartamento; su madre calentando platos precocinados después de volver del
trabajo, Simon tomando algo de pho o un sándwich de camino a el ensayo con la banda. Era, tal
vez, más sencillo no tener que enfrentarse a las sillas vacías de la mesa cada noche. Pero tenían
como regla comer al menos una noche a la semana juntos, comer los fideos de Giuseppi’s y
ensuciarse con la salsa picante de ajo.
 Estas sobras frías de comida tenían el sabor del hogar, a familia, y Simon odiaba pensar en
su madre quedándose sola en el apartamento vacío, semana tras semana, comiendo eso sola.
 Los niños se suponen que crecen y dejan el hogar, se dijo a sí mismo. El no estaba
haciendo nada malo; él no estaba haciendo nada que no se suponía que debiera hacer.
 Pero había una parte de él que todavía tenía dudas. Los hijos debían dejar el hogar, tal vez.
Pero no para siempre. No de esta manera.
 “Tu hermana intentó mantenerse despierta hasta que llegaras,” dijo su madre, “pero
aparentemente ha estado despierta por una semana estudiando para los exámenes. Cayó rendida
en el sillón a las nueve.”
 “Tal vez deberíamos despertarla,” él sugirió.
 Ella sacudió la cabeza negando. “Deja que la pobre duerma. Te verá en la mañana.”
 Él no le había dicho precisamente que se fuera a quedar esa noche. Pero había dejado que
ella creyera en eso lo que suponía ser más de lo mismo: otra mentira más.
 Ella puso su silla junto a él y pincho un zito con el tenedor. “No te quejes de mi dieta,” ella
dijo firme pero en un susurro, entonces lo comió.
 “Mamá, la razón por la que estoy aquí… Quería hablar contigo sobre algo.”
 “Que gracioso, Yo tenía-quería hablar de algo contigo también.”
 “¿Oh? ¡Genial! Uh, tu primero.”
 Su madre suspiró. “¿Recuerdas a Ellen Klein, tu profesora de la escuela hebrea?”
 “¿Cómo podría olvidarla?” dijo Simon con ironía. La señora Klein había sido la pesadilla de
su existencia desde el segundo hasta el quinto grado. Cada martes después de la escuela, ellos
peleaban una batalla silenciosa; todo por un desafortunado incidente en el patio de juegos, Simon
había accidentalmente hecho que la peluca de la profesora volara de su cabeza al nido de unas
palomas. Ella había pasado los siguientes tres años determinada a arruinar su vida.
 “Tu sabes que solo era una buena señora que intentaba hacer que pusieras atención,” dijo
su madre con una sonrisa de complicidad.
 “Las señoras buenas no tiran tus cartas de Pokemon a la basura,” remarcó.
 “Lo hacen cuando las están intercambiando en la parte de atrás del santuario por vino de
niños,” dijo ella.
 “¡Nunca lo haría!”
 “Una madre siempre sabe, Simon.”
 “Okay. De acuerdo. Pero fue por una carta muy rara de Mew. El único Pokemon que-“
 “De todos modos. La hija de Ellen Klein contrajo matrimonio con su novia, una mujer
encantadora, te agradaría –a todos nos agrada. Pero…”
 Simon rodó sus ojos. “Pero déjame adivinar: La señora Klein es una homofóbica rabiosa.”
 “No, no es eso –la novia es católica. Ella tuvo un ataque, no asistió a la boda; ahora usa
ropa de luto y le dice a todos que su hija bien podría estar muerta.”
 Simon abrió su boca para jactarse de que siempre había estado en lo correcto, que la
señora Klein era ciertamente una horrible bruja, pero su madre levantó un dedo para detenerlo.
 Una madre, aparentemente, siempre sabe.
 “Si, si, es horrible, pero no te lo estoy diciendo para que te puedas jactar. Te lo estoy
diciendo…” Ella entrelazó sus manos, viéndose algo nerviosa. “Tuve la sensación más extraña
cuando oí la historia, Simon, como si supiera que ella lo lamentaría –porque yo lo lamenté. ¿No es
extraño?” Ella soltó una pequeña risa nerviosa, pero no había rastro de humor en esa risa.
“¿Sentirse culpable por algo que no has hecho? No puedo decir el por qué, Simon, pero siento que
te he traicionado de una manera terrible y no puedo recordarla.”
 “Pero no lo has hecho, mamá. Eso es ridículo.”
 “Por supuesto que es ridículo. Yo nunca lo haría. Un padre debería tener amor
incondicional por su hijo.” Sus ojos estaban vidriosos con lágrimas listas para salir. “Sabes que es
así como te amo, Simon, ¿verdad? Incondicionalmente.”
 “Claro que lo sé.”
 Lo dijo como si lo dijera de verdad –lo estaba diciendo de verdad. Pero, por supuesto, esa
era otra mentira. Porque en la otra vida, esa que había sido borrada integra de sus mentes, ella lo
había traicionado. Él le había dicho la verdad, que había sido transformado en un vampiro, y ella lo
había echado de la casa. Ella había dicho que él ya no era su hijo. Que su hijo estaba muerto. Ella
ya había probado, a ambos, las condiciones de su amor.
 El no recordaba que eso hubiera pasado, pero en algún nivel en más profundo de que sus
pensamientos conscientes, recordaba el sentimiento –el dolor, la traición, la perdida. Nunca
hubiera creído que ella lo recordaría también.
 “Esto es tonto.” Ella limpió una lágrima y se sacudió un poco. “No sé porque estoy tan
sensible al respecto. Yo solo… Solo he tenido este sensación de que debía que decírtelo, y
entonces tu apareces aquí como si estuviera todo destinado, y…”
 “Mamá. “ Simon levantó a su madre de la silla y la atrajo a él en un abrazo fuerte. Ella le
parecía tan pequeña ahora, el pensó cuan duro ella había trabajado todos esos años para
protegerlo, y en que el haría lo que fuera para protegerla a ella. Él era una persona diferente a la
que había sido dos años atrás, un Simon diferente del que le había confesado todo a su madre y
había sido echado de su casa –tal vez su madre fuera diferente también.
 Tal vez haber tomado esa decisión esa vez fue suficiente para asegurarse que ella no lo
haría de nuevo, tal vez era el momento de dejar de guardarle rencor a ella, por esa traición que
ninguno de los dos podía recordar. “Mamá, lo sé. Y yo también te amo.”
 Ella se apartó, lo suficiente para poder encontrar su mirada. “¿Qué hay de ti? ¿Qué era lo
que tenías para decirme?”
 Oh, no mucho, solo que estoy a punto de unirme a un culto sobrenatural de cazadores de
demonios quienes me han prohibido el volver a verte, cariños.
 Eso no sonaba del todo bien.
 “Te lo diré en la mañana,” le dijo. “Te ves exhausta. “
 Ella sonrió, con el cansancio notorio en su rostro. “En la mañana”, repitió ella. “Bienvenido
a casa, Simon.”
"Gracias, mamá", dijo, y milagrosamente logró hacerlo sin un nudo en la garganta. Esperó a que
ella desapareciera detrás de la puerta de su dormitorio, esperó a oír sus ronquidos suaves para
empezar. Luego escribió una nota pidiendo disculpas por tener que irse tan bruscamente. Sin decir
adiós.
Su hermana roncaba también, aunque al igual que su madre lo negaba. Podía, si se quedaba muy
quieto, escucharla desde la cocina. Él podría despertarla, si quería, y probablemente podría incluso
decirle la verdad, o alguna versión de ella. Rebecca era confiable- no sólo para guardar secretos,
sino para entenderlos. Podía hacer lo que había venido a hacer aquí, lo que se suponía que debía
hacer, decirle adiós y decirle que amara y protegiera a su madre lo suficiente por los dos.
"No." Él había hablado en voz baja, pero las palabras parecieron resonar en la cocina vacía. La Ley
era dura, pero también estaba desgarrada con lagunas. ¿No se lo había enseñado Clary? Había
cazadores de sombras que encontraron una manera de mantener a sus seres queridos mundanos
en sus vidas-Simon mismo era una prueba. Tal vez por eso Clary le había traído aquí esta noche no
quería decir adiós, pero al darse cuenta de que no podía hacerlo. No lo haría.
Esto no es para siempre, Simon prometió a su madre y su hermana mientras se deslizaba por la
puerta. Se prometió a sí mismo que no era cobarde, yéndose sin decir nada. Era un silencio-esa
promesa, eso no era el final. Iba a encontrar una manera. Y a pesar de que no había nadie para
apreciar su impecable acento Schwarzenegger, hizo su juramento en voz alta: "Volveré".
 * * *
Clary había dicho que la llamara cuando estuviera listo para regresar a la Academia, pero aún no
estaba listo. Era extraño: En otro día, no habría nada le impidiera regresar a Nueva York por
siempre. Después de su Ascenso, sería un cazador de sombras de verdad. No más escuela, no más
misiones de entrenamiento, no más días largos y noches en Idris sin su café de la mañana. No
había pensado mucho en lo que iba a ocurrir a continuación, pero sabía que había llegado a casa y
en la ciudad tendría estancia en el Instituto, al menos temporalmente. No había ninguna razón
para sentir nostalgia de Nueva York cuando estaba tan cerca de estar de vuelta por el bien.
Excepto que no estaba muy seguro de lo que sería cuando regresara. Cuando ascendiera. Si es que
ascendía, si nada terrible le sucedía cuando bebiera de La Copa Mortal. ¿Qué significaría
convertirse en un cazador de sombras, de verdad? Sería más fuerte y más rápido, y sabía que
mucho. Él sería capaz de soportar las runas en su piel, ver a través de glamours sin la ayuda de un
brujo. Él sabía mucho acerca de lo que sería capaz de hacer, pero que no sabía nada acerca de
cómo se sentiría. Acerca de lo que él sería cuando fuera un cazador de sombras. No es que él
pensara que una bebida de una taza mágica iba instantáneamente a convertirlo en un guapo snob
sobrenatural salvajemente imprudente ególatra, como... así, como casi todos los cazadores de
sombras que conocía y amaba. Tampoco esperaba que se convertiría en un cazador de sombras le
haría desdeña automáticamente a D&D, Star Trek, y toda la tecnología y la cultura pop que se
inventó a partir del siglo XIX. Pero, ¿quién podía saber a ciencia cierta?
Y no era sólo la transformación confusa de humano a ángel guerrero. Había estado seguro de que,
con toda probabilidad, si sobrevivía Ascensión, tendrían que volver todos los recuerdos. Todos
esos recuerdos del original Simon, el "verdadero" Simon, el que había trabajado tan duro para
convencer a la gente de que se había ido para siempre, lo vendrían inundando de nuevo en su
cerebro. Supuso que esto debería hacerlo feliz, pero Simon descubrió que se sentía bastante
territorial de su cerebro como lo estaba ahora. ¿Y si ese Simon-El Simon que había salvado al
mundo, el Simon del quien Isabelle se había enamorado por primera vez- no le agradaba tanto
este Simon en el que se había convertido? ¿Y si él bebía de la copa y se perdía de nuevo?
Le dio un dolor de cabeza, pensando en sí mismo como una persona diferente. Él quería una
última noche en la ciudad como este Simon Lewis: miope, amante del manga, de lo mundano.
Además, todavía quería algunas de esas albóndigas de sopa.
Simon vagó por Flatbush, sumergiéndose en los ruidos familiares de Nueva York en la noche, las
sirenas y los ejercicios de construcción y bocinazos de rabia en la carretera, junto con los pocos
menos familiares sonidos de perros ladrando a las Hadas usando glamour para verse como
palomas. Cruzó el puente de Manhattan, el traqueteo de metal bajo sus pies mientras el metro
pasaba, las luces del distrito financiero brillando a través de la niebla. Incluso antes de que él
hubiera sabido algo sobre los demonios y los subterráneos, pensó Simon, él siempre había sabido
de Nueva York estaba lleno de magia.
Quizá por eso había sido tan fácil para él aceptar la verdad sobre el Mundo de las Sombras: En su
ciudad, todo era posible. Convenientemente, el puente lo dejó fuera en el corazón de Chinatown.
Mientras pasaba frente a su agujero-en-la-pared favorito y le tentaba ordenar una sopa de
albóndigas, la mente de Simon se desvió a Isabelle, preguntándose si ella estaba cerca,
espantando a los malhechores con su látigo electro. Se revolvió su mente, si pensaba en ello, él
básicamente estaba saliendo con una superheroína. Por supuesto, la cosa acerca de salir con un
superhéroe era que no le podías pedir exactamente que tomara un descanso de salvar el mundo
sólo porque tú estabas de ánimo para una cita de último minuto. Simón siguió caminando,
tomando el ritmo de la ciudad a la medianoche, dejando que su mente vagara sin rumbo como sus
pies. Al menos, pensó que estaba vagando sin rumbo, hasta que se encontró en un bloque familiar
de la avenida D, pasando una bodega, donde la leche estaba siempre amarga, pero el hombre
detrás del mostrador le pondría café gratis con su rosquilla de la mañana, si supieras lo suficiente
como para preguntar.
Espera, ¿cómo lo sé? Simón pensó. La respuesta le llegó de la mano a la cuestión. Él sabía que
debido a que, en alguna otra vida olvidada, él había vivido aquí. Él y Jordan Kyle habían
compartido un apartamento en el edificio de ladrillo rojo en ruinas en la esquina. Un vampiro y un
hombre lobo que vivían juntos, sonaba como el comienzo de una broma de mal gusto, pero la
única mala broma era que Simon prácticamente se había olvidado de lo que nunca sucedió. Y
Jordan estaba muerto.
Le golpeó ahora casi tan duro como el día que lo escuchó por primera vez: Jordan estaba muerto.
Y no sólo Jordan. Raphael estaba muerto. El hermano de Isabelle, Max, estaba muerto. El hermano
de Clary, Sebastián, estaba muerto. La hermana de Julie. El abuelo y el padre de Beatriz y su
hermano, el padre de Julian Blackthorn, los padres de Emma Carstairs muertos, y aquellos eran
sólo los que le habían dicho a Simon. ¿Cuántas otras personas que le importaban, o la gente que
ellos habían amado, habían perdido a uno en la guerra de cazadores de sombras? Él todavía era
un adolescente- que no debía saber sobre tantas personas que habían muerto.
Y yo mismo, pensó de repente. No te olvides de ese.
Debido a que era cierto, ¿no? Antes de la vida como un vampiro, había habido muerte. Frío y
derramamiento de sangre bajo el suelo.
Luego, más tarde, había venido el olvido, y eso era una especie de muerte también.
Simon ni siquiera era un cazador de sombras aún y ya esta vida le había quitado demasiado.
"Simon. Pensé que estarías aquí”.
Simon dio la vuelta y recordó que por todas las pérdidas, también había habido algunos avances
muy significativos. "Isabelle", resopló, y luego, durante bastante tiempo, sus labios estuvieron
demasiado ocupados para hablar.
***
Ellos volvieron al apartamento de Magnus y Alec. La pareja había llevado a su nuevo bebé de
vacaciones a Bali, lo que significaba que Simon e Isabelle tenían el apartamento para ellos solos.
“¿Estas segura de que está bien que estemos aquí?” Simon preguntó, mirando nerviosamente a su
alrededor. La última vez que había estado ahí la decoración variaba entre un estilo de El estudio 54
y algo de Burdel francés: Un montón de bolas de disco, cortinas de terciopelo y espejos repartidos
por todo el lugar. Sin embargo ahora el salón parecía sacado de Babies"R"Us*, pañales, móviles y
conejitos de peluches por todas partes.
El todavía no podía creer que Magnus Bane fuese el padre de alguien.
“Estoy segura” dijo Isabelle, quitándose su vestido en un suave movimiento revelando la suave y
pálida piel que yacían bajo la tela “Pero si quieres podemos irnos…”
“No,” dijo SImon, luchando por conseguir aire para seguir hablando “Definitivamente. No. Estamos
bien aquí. Muy bien”
Isabelle tiro al suelo a una familia de gatitos de peluche que estaba sobre el sofá y se estiro en su
lugar, como un satisfecho y peligroso gato. Ella miro fijamente la camisa de Simon, que
ciertamente aun se mantenía en su cuerpo.
“Bueno, entonces…” Simon se acerco a ella, sin saber que hacer a continuación.
“Simon”
“¿Si?”
“Por si no lo has notado, he mirado tu camisa”
“Uh-uh”
“Tu camisa, la que todavía tienes puesta”
“¿Si? Oh, cierto” El acuso recibo de ello. Y se dejo caer a su lado en el sofá.
“Simon”
“¿Si? Oh, cierto” Simon se inclino hacia ella y la atrajo hacia sí para darle un beso, al que ella
respondió complacida por alrededor de treinta segundos antes de alejarse.
“¿Qué pasa?” Preguntó
“Tú dímelo” ella dijo “Yo, tú increíblemente sexy novia a la que prácticamente no ves nunca, estoy
postrada semidesnuda ante ti, y pareciera como si tu preferirías estar viendo un juego de béisbol
en vez de estar aquí.”
“Odio el béisbol”
“Exactamente,” Isabelle se sentó, gracias a Dios, ella no se puso la ropa de nuevo. Todavía no.
“Sabes que puedes hablarme de cualquier cosa, ¿cierto?”
Simon asintió.
“Así que, si hipotéticamente estuvieses un poco nervioso por toda esta cosa de la Ascensión de
mañana, y estuvieses dudando un poco sobre si seguir adelante con ello, podrías decírmelo”
“Hipotéticamente hablando” Simon dijo.
“Es solo un tema al azar” Isabelle le respondió “También podemos hablar de Avatar: El ultimo
avión, si quieres.”
“Es el ultimo Maestro del Aire” dijo Simon, conteniendo una sonrisa “Y te amo, aun si eres una
Nerd-Despistada”
“Y yo te amo, aun si eres un mundano” ella dijo. “Aun si eliges seguir siendo un mundano. Lo
sabes, ¿cierto?”
“Yo…” Había sido fácil para ella decirlo, e incluso el pensó que ella hablaba en serio. Más eso no
significaba que fuese del todo verdad. “¿Tu lo seguirías haciendo? ¿En serio?”
Isabelle bufo irritada “Simon Lewis, ¿acaso se te olvida que eras un mundano cuando comencé a
salir contigo? Un escuálido mundano con un terrible sentido de la moda, déjame decirte. Y luego
eras un vampiro, y de todas formas seguía saliendo contigo. Pero entonces volviste a ser un
mundano, pero esta vez con una enloquecedora amnesia. E inexplicablemente, volví a
enamorarme de ti. ¿Cómo puedes llegar a pensar que he aplicado alguna clase de criterio cuando
se trata de ti?”
“Uh, gracias, ¿creo?”
“Gracias es una buena respuesta, pero sería mejor ¨Te amo Isabelle, y voy a seguir amándote
incluso si pierdes la memoria o te dejas crecer un bigote o algo así¨”
“Bueno, obviamente eso también” Simon toco su barbilla “Aunque me gustaría demarcar la línea
de su bigote”
“Ni que lo digas” Entonces ella lo volvió a mirar seriamente “Me crees, ¿no es así? No debes hacer
esto solo por mi”
“No lo estoy haciendo por ti,” Simon le dijo, y estaba diciendo la verdad. Tal vez el había ido a la
Academia, en parte, por Isabelle, pero él se había quedado por su propia decisión. Cuando él
Ascendiera, no iba a hacerlo para demostrarle algo a ella “Pero…si yo me arrepintiera, lo que por
cierto no voy a hacer, pero si lo hiciera, si me arrepintiera, ¿no me convertiría eso en un cobarde?
Y puede que tu saldrías son un Mundano sin ningún problema. Pero te conozco Izzy. Y sé que tú no
podrías estar con un cobarde a tu lado”
“Y tú, Simon Lewis, no eres un cobarde. Aunque lo intentaras. Porque no es cobardía el hacer una
elección respecto a lo que quieres hacer con tu vida. Elegir lo que es mejor para ti, es el acto más
valiente que puedes hacer. Si tú eliges ser un Cazador de Sombras, voy a amarte por eso. Pero si tú
eliges seguir siendo un Mundano, de todas formas voy a seguir amándote por tu elección.”
“¿Y qué pasa si decido no beber de la Copa Mortal solo porque estoy asustado de morir al
hacerlo?” Simon le preguntó. Era un alivio poder decirlo en voz alta. “¿Qué pasa si no tiene nada
que ver con como quiero pasar el resto de mi vida? ¿Si mi elección solo está basado en temor?”
“Bueno, entonces eres un idiota. La Copa Mortal jamás te provocaría algún daño. Confía en mí,
serias un increíble Cazador de Sombras. La sangre del Ángel jamás te haría daño.” Ella le dijo, la
intensidad quemando en sus ojos “No es posible que lo hiciera”
“¿Realmente lo crees así?”
“Realmente lo hago”
“Así que el hecho de que estemos aquí, ya sabes…”
“¿Semidesnudos y preguntándonos por que aun seguimos teniendo esta pequeña charla?”
“¿No tiene nada que ver con el hecho de que tú pienses que esta va ser nuestra última noche
juntos?”
Aquello le valió otro suspiro exasperado “Simon, ¿tienes idea de cuantas veces hemos estado en el
tipo de situación en que creo que no vamos a sobrevivir a las próximas 24 horas?”
“Um, ¿muchas veces?”
“Si, muchas veces” Le confirmó “Y en ninguna de esas ocasiones hemos tenido cualquier clase de
angustioso y desesperado sexo de despedida”
“Espera… ¿no lo hemos hecho?”
En los últimos meses, Simon e Isabelle se habían hecho más cercanos. Más cercanos, pensó él, de
lo que nunca habían estado antes, por lo menos de lo que recordaba. Por lo menos en lo que
respecta en cuanto a conversaciones. Cerca del tipo de tener conversaciones por teléfono y
escribirse cartas mutuamente, lo que ciertamente no contribuía a perder su virginidad.
Y también estaba el mortificante hecho de que Simon no estaba seguro de si tenía una virginidad
que perder.
Durante todo ese tiempo había estado demasiado avergonzado de preguntarlo.
“¿Estas de broma?” Isabelle le preguntó.
Simon podía sentir sus mejillas arder.
“¡¡No estas bromeando!!”
“Por favor, no te enojes” Simon le dijo.
Isabelle se hecho a reír “No estoy enojada. Si hubiésemos tenido sexo, y tu lo hubieses olvidado –
lo que por cierto, te puedo asegurar que es imposible, amnesia demoníaca de por medio o nopuede
que si estaría enojada.”
“Así que nosotros nunca…?”
“Nosotros nunca lo hemos hecho” Isabelle confirmo “Sé que no lo recuerdas, pero las cosas
habían estado un poco agitadas por aquí, con la guerra y toda esa gente que nos estaba
intentando matar. Y como te dije, no creo en el ¨Sexo de despedida¨”
Simon sentía que esa noche –tal vez la noche más importante de su joven y miserable vida- estaba
colgando de un hilo, y estaba terriblemente asustado de hacer la pregunta incorrecta “ Así que,
uh, ¿en qué clase de sexo crees?”
“Creo que debe ser el principio de algo,” dijo Isabelle “Algo así como, por ejemplo, si
hipotéticamente, tu vida fuese a cambiar radicalmente mañana, convirtiéndose en el primer día
del resto de tu vida, me gustaría ser parte de ello”
“El resto de mi vida”
“Si”
“Hipotéticamente”
“Hipotéticamente” Isabelle le quito los lentes y lo beso ferozmente en los labios, y luego
suavemente en su cuello. Exactamente donde un vampiro clavaría sus colmillos, una parte de él
pensó. Aunque la mayor parte de si mismo estaba pensando. Esto en realidad va a pasar. Esto
realmente va a suceder esta noche¨
“Además, yo pienso en hacerlo porque es lo que quiero” Isabelle dijo firmemente. “Como
cualquier cosa. Y yo quiero hacerlo, asumiendo que tú también quieres”
“No tienes idea cuanto” Simon dijo honestamente, mientras le agradecía a Dios porque la sangre
de cazadores de sombras no permitía desarrollar poderes telepáticos. “Yo debo advertirte que yo
no, ósea, yo nunca he, ósea, esta sería la primera vez que yo, así que…”
“Te vendrá de forma natural” Ella besó su cuello otra vez, luego su garganta y su pecho. “Te lo
prometo”
Simon pensó en todas las formas como podría ser humillado, no tenía ni idea de lo que estaba
haciendo, y cuando él no tenía ni idea de lo que hacía, tendía a arruinar todo. Montar a caballo,
usar una espada, saltar de un árbol- todas estas eran cosas que la gente decía que vendrían de
forma natural a él, pero que usualmente venían acompañadas de golpes, moretones, y más de una
vez, con una cara llena de estiércol.
Pero él no había intentado ninguna de estas cosas con Isabelle a su lado, o en sus brazos, y eso
resultó hacer toda la diferencia.

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